Capitulo 23

58 5 0
                                        

¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.


Capítulo 23

Klaus

No tenía noción de cuánto tiempo llevábamos en la fogata pero me estaba encantando ver a la rubia reír más de lo normal, había extrañado escuchar su risa, pero nada de eso se comparaba a lo que ella me hacía sentir cuando estaba cerca de mi.

Tomó un bombón llevándolo a mis labios para probar aquel dulzor, pero sus ojos se quedan clavados en mis manos lo que hace que chupe mis dedos dándole el espectáculo que ella quería, Zoe se remueve incómoda en su lugar antes de que los entrenadores llamen nuestra atención.

–Sé que son unas personas adultas y son responsables de sus actos –el entrenador Barnes dice– por lo que solo por esta noche le hemos concedido una barra libre en el bar del campamento.

–Eres el mejor –Josh grita.

–Pero eso no quiere decir que mañana deben despertarse temprano para comenzar con su día –Irina sigue– es un gran esfuerzo que esta noche estamos todos aquí, así que ahora vayan a prepararse para que se diviertan.

Zoe se levanta junto a su hermana quienes se miran con complicidad.

–Ellas la romperán esta noche –Malcom llega a mi lado– hoy emborracharé al amigo de tu amada.

–¿Por qué necesitas hacer eso?

–Necesito tener un tiempo a solas con Val –sonríe

–¿Se lo dirás? –pregunto.

–Eso quiero intentar

–Buena suerte campeón –golpeó su hombro caminando hacia la cabaña que me corresponde.

Una vez dentro de esta comienzo a buscar a la rubia con la mirada y subo las escaleras encontrándose en brazier de color negro, junto a los collares que nunca se quitaba, trago en seco las ganas de lanzarla sobre nuestra cama y hacerla mía de tantas maneras posibles nuevamente.

Ella me observa y sonríe cuando mis ojos aún se mantienen en su torso semidesnudo.

–Puedes sacar una foto si quieres –dice tomando un top negro para ponérselo– esas cosas duran de por vida.

–Tengo demasiadas de cuando éramos novios –admito– no debería de darte pena.

–Pena me da que aun conserves esas cosas –ella susurra– yo las tuve que quemar por que tú recuerdo dolía.

–¿Aún duele? –pregunto.

–Solo un poco –responde haciendo un gesto para restarle importancia– me estoy acostumbrando a tenerte cerca.

Ella toma el abrigo negro que estaba sobre la cama pasando por mi lado para desaparecer escaleras abajo, noto como aún deja sus cosas desorganizadas como lo hacía hace tantos años.

Amor Sobre HieloDonde viven las historias. Descúbrelo ahora