Zoe y Klaus tienen un pasado del cual ambos se arrepienten, él por dejarla ir de la forma en la que lo hizo, ella por permitirse amarlo por sobre todos, incluso sobre sus propios sueños.
Él le escondió un secreto por años que teme revelar, ella le g...
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Capítulo 37
Zoe -presente
Me era inevitable no sentir su cercanía puesto que por más que haya intentado olvidarlo, él estaba tan colado en mi ser que me era imposible ignorar lo que mi corazón y cuerpo pedían a gritos las semanas pasaban y lo único que me quedaba era ignorarlo cuando las clases con las pequeñas terminaban.
Evitarlo esta semana se había formado un juego del que solo mi mejor amigo era el cómplice en advertirme cuando Klaus se acercaba de entrenar con tal de poder escapar de su vista y en eso nos encontrabamos en este momento yo sentada en las bancas en donde pasamos aquella noche, esperando que el móvil vibre cosa que sucede a los segundo de mirar la pantalla.
"Despejado
-A"
Mi mejor amigo avisa a la salida de los vestidores en donde agarro el bolso para colgarlo en mi hombro izquierdo y comenzar a adentrarme a los pasillos esperando el siguiente mensaje de Antoni.
"Sigue despejado
-A"
Volteo a ambos lados del pasillo y camino tan rápido como puedo intentando no parecer una loca para llegar al estacionamiento, camino sin interrupciones hasta que veo la entrada del Skating Club. Mis piernas comienzan a trotar viendo a ambos lados, pero la voz de mi entrenadora me detiene de golpe.
–¿Se puede saber por qué cambiaste tus horarios? –grita Irina del otro lado de la habitación haciendo que su voz resuene por toda la recepción asustando a los visitantes y a mí en el proceso– Zoe Montero Hidalgo, ven a mi oficina y trae a Antoni contigo, no creas que no lo vi salir con su mal intento de disfraz de espía barato.
Le envío un mensaje rápido a mi amigo en donde le advierto que Irina nos había atrapado procediendo a arrastrar mis pies a su oficina, cuando entro ella ya se encontraba detrás de su escritorio y puedo notar su frustración a través de la montaña de papeles que tiene frente a ella.
En cuanto Antoni llega hace que nos sentemos los dos frente a ella cruzando sus manos sobre su escritorio provocando que nuestro miedo creciera aún más.
–Siguen siendo unos niños –dice sin mirarnos– unos niños caprichosos y berrinchudos que no parecen las estrellas que formé en Canadá.
Ambos permanecemos en silencio sin saber muy bien como reaccionar a sus palabras, el silencio se prolonga y cuando trato de hablar la misma Iridiana me interrumpe.
–Pero son unos niños caprichosos y berrinchudos muy convincentes —dice sonriente mostrando todas las solicitudes que ha recibido desde que comenzamos con las clases para los nuevos patinadores.
Mi amigo y yo tomamos las carpetas que nos extiende la entrenadora y vemos uno a uno los perfiles de los niños, los tres estamos tan emocionados por este proyecto que las palabras sobran, seguimos revisando las solicitudes una a una.