Capitulo 27

41 6 3
                                        

Capítulo 27

¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.

Capítulo 27

Klaus -presente

Salgo del comedor maldiciendo todo lo que pasó este jodido día, realmente había sido una mierda desde el momento que desperté y no la encontré a mi lado.

–El jodido plan no podía irse más a la mierda –digo para mi mismo– lo único que quería es hablar con ella y ve en qué mierda terminó.

Sigo caminando con paso firme adentrándome al bosque.

–¿Y en qué acabó? en que soy un gilipollas que no sabe controlar sus impulsos, parezco un puto adolescente –vocifero– no, ni un maldito adolescente es tan idiota como yo lo fui ayer.

Escucho unos pasos pero los ignoro, se puede ir muy a la mierda quién me escuchara.

–Además de todo Zoe tiene razón, soy un bocón, le dije un secreto que se supone se tenía que quedar justo como lo que era.

Los pasos se hacen más fuertes y en cuanto estoy por voltearme para insultar al cabrón que me sigue, logro ver como mi rubia tira de mí para hacer que me siente y quedar a mi altura para impactar nuestros labios en un beso que no sabía cuanto necesitaba.

–Si querías mi atención solo debiste llamarme –digo separando momentáneamente nuestros labios mientras mis manos viajan a su cintura para evitar una huida como en la mañana.

–Lo intenté –dice uniendo su frente con la mía– pero no me escuchabas, estabas sumido en la discusión contigo mismo.

Asiento esperando que ella me diera alguna explicación, aunque ya sabía la respuesta, pero un ladrido me saca de mis pensamientos haciendo que gire mi vista hacia dónde provenía. Un Golden nos observaba de una distancia prudente, la rubia se aleja de mi y lo llama haciendo que este se acerque a ella lamiendo su mejilla.

Hasta ese puñetero animal puede quitarme la atención de Zoe.

La rubia me mira sonriente cuando tira de mí quedando a su lado en el pasto para jugar con el animal. Pasan las horas y la noche se hace presente dejando las estrellas y luna en su máximo esplendor.

–¿Qué piensas hacer con este animal? –pregunto.

–Tal vez no tiene dueño, me ha seguido desde que entré al bosque –responde acariciando su pelaje– no hay ni una sola casa en kilómetros, estamos muy lejos de la ciudad como para que tenga dueño.

–Tal vez se ha perdido o sea del campamento –encojo los hombros– pero no podemos llevarlo.

–Están prohibidos los animales, o eso sale en los letreros alrededor, claro que podemos llevarlo –mira directamente a mis ojos– si lo escondemos bien podremos llevarlo en el bus con ayuda de los chicos.

El perro se encontraba acostado con su cabeza sobre las piernas de Zoe, mientras que nosotros nos encontrábamos mirando las estrellas, nuestras manos no se habían soltado en ningún momento y podíamos escuchar los pequeños ronquidos que emite el animal que se encontraba con nosotros.

Amor Sobre HieloDonde viven las historias. Descúbrelo ahora