Dejo de apretar la mano de Caleb justo cuando el árbitro pita el final del encuentro.
¡Joder! Mierda, mierda y mierda.
¡Lo hemos hecho! ¡Lo han hecho! ¡Mis chicos lo han hecho! ¡Han ganado!
Caleb me abraza fuertemente mientras me dice algo que no logro escuchar y de un momento a otro estamos todos los del staff en un corralillo celebrando esta ansiada victoria y también la maravillosa temporada que hemos completado.
—Gran parte es gracias a ti—murmura Thomas detrás mía cuando Caleb sale corriendo detrás de Russell después de la entrega de medallas y de la copa—Esto no se hubiera logrado si tú no hubieses aceptado venir.
Me encojo de hombros.
—Es el trabajo conjunto del equipo.
—Tú y yo sabemos que no es así. Eres la única pieza que, si se quitara, nada sería igual. No hubiésemos conseguido lo que hemos conseguido.
Me vuelvo a encoger de hombros.
Hablar con él me está empañando mi felicidad momentánea.
Sí...he venido, he rechazado ofertas mucho más buenas que las que me ha ofrecido el Chelsea, hemos ganado 3 trofeos pero...¿a qué costo? Y no hablo de dinero.
Camino hacia donde están mis hermanos y Pedro junto a su mujer, sin agregar nada más.
Tampoco hay nada que decir ahora mismo.
—Parece que no estás feliz—murmura Ares a mi lado—Vamos, Frofi...¡habéis ganado un triplete! Joder, vaya carrera tienes con 21 años...has ganado lo que cualquier entrenador desearía ganar.
—Está bien—digo mirando como la sonrisa de Mason brilla mientras él no para de exhibir la champions por todo el estadio. Antes quise acercarme cuando lo vi llorando de felicidad pero estaba en compañía de su familia y tampoco vi bien entrometerme y tampoco quiero llamar la atención porque sé que los julandrones de los periodistas se centraran más en esto que en el logro de los chicos y es por eso mismo, que me he apartado de la celebración...¿para qué quieren entrevistarme a mi? Que entrevisten a los jugadores.
—En serio...no sé qué te pasa—vuelve a hablar pero lo ignoro cuando capto que Mason me mira.
Me sonríe y yo le devuelvo la sonrisa.
Él se va acercando poco a poco, y por inercia, copio su acción.
Justo cuando nos separan unos pocos metros, mi teléfono comienza a sonar con varias notificaciones y Azpi detiene a Mason junto a un periodista. Respiro profundamente y saco el teléfono de mi bolsillo para revisar los mensajes.
Desearía.
Desearía nunca haber visto esos mensajes.
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