24. Perdiendo el norte

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-¿Estás seguro de que no te dejas nada?

-Sí, papá.

-¿Llevas tu almuerzo y merienda?

-Que sí.

-¿Repelente de insectos?

-Madre mía... -murmuró con deje de cansancio. -Sí.

-¿Botiquín?

-¡Joder, papá! ¡Sí! ¿Algo más? -estaba deseando salir por la puerta de una vez, llevaba seis minutos ahí parado y el autobús escolar podía irse sin él.

-¿Tus compresas sanitarias?

Daiki se quedó en silencio. Le costaba asimilarlo todavía, casi se había olvidado de su nueva condición no deseada. Apretó los labios, incómodo por pensar en que podía tener un accidente estando fuera. Eso sería traumatizante... Chasqueó la lengua y desvió la mirada, apretando con las manos el agarre sobre las correas de la mochila que llevaba en la espalda.

-Voy... -aunque lo odiara, debía tenerlas a mano. Mejor eso que un mal rato de humillación. Caminó hasta el baño para llevarse dos y regresó a la entrada de su casa con su padre. - Ya.

Tanjiro sonrió con dulzura, sabía que a su hijo le avergonzaba aquello y que no estaba listo para compartir esa intimidad con él o con Inosuke. Lo entendía, no era algo sencillo de asimilar para un chico. Se arrodilló y lo abrazó. La calidez de su contacto, el cariño desmedido, causaron en el joven una sensación de paz conocida y recurrente. Este le devolvió el gesto sin dudarlo.

-Ten mucho cuidado y mantente cerca de los profesores. -se alejó un poco y retiró suavemente el flequillo del muchacho para que se le viera el rostro mejor. -Y aléjate de los jabalíes, son agresivos. -aquel consejo se lo comentó Inosuke hacía tiempo, quien todavía dormía por ser tan temprano. -Y vuelve a casa en cuanto regreses a la escuela.

-Vale.

Su primera excursión a la naturaleza. Estaba emocionado, pues lo más cerca que estuvo de algo así fue cuando hizo un picnic con su familia a las afueras de su anterior pueblo, un campo verde florecido y despejado. Era diferente. La visita al bosque tenía como finalidad tomar fotografías con el móvil y apuntes en una libreta sobre las plantas y seres que los profesores les presentarían. Hizo pocas excursiones en sus años de educación elemental y no podía resistir la alegría de ir a una verdadera escapada escolar.

Desde lejos visualizó el autobús detenido en la entrada del edificio y bastantes alumnos reunidos en las puertas, con sus respectivas pertenencias y ropas cómodas. Él había escogido una simple sudadera violeta y un pantalón de deporte largo, negro y con rayas azules. Y unas deportivas para pisar mejor el entorno boscoso. Lo mejor de todo era que podía ir con sus amigos. Los dos primeros cursos eran los escogidos para salir. Lo malo era que él también quería que Eiji lo acompañara, pero el más alto era de último curso. Quizás pudieran planear un día para ver el bosque ellos dos. No perdía la esperanza. Vio a Ichiro entre la multitud, levantando y agitando el brazo para llamarle la atención. Daiki sonrió y aceleró el trote.

-Estaba empezando a pensar que te quedaste dormido. -pronunció el joven de gafas.

-Mi padre me retrasó. Cada vez que metía algo en la mochila él mencionaba otra cosa más para meter.

-Al menos alguien sabe cómo preparar una mochila. -la voz de Ken resonó cerca. Este se acercaba entre la multitud. El de ojos verdes hizo un mohín con los labios.

-Sé cómo preparar una mochila.

-Ya veo, ya. -esbozó una sonrisa torcida, bufando en el proceso. Su mueca se amplió cuando el chico le sacó la lengua a modo de insulto.

Kimetsu no Yaiba: Next GenerationHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora