Randall y Natasha un día se juntaron con Isabelle en una cafetería y le dijeron lo del casamiento.
—Yo voy a ir a la iglesia nomás, no creo que pueda ir a la fiesta también —avisó Isabelle.
—Con que estés es suficiente —dijo Natasha.
—Y bueno, tendré que dejar a mi hija con mis papás.
—Belle, perdóname, de verdad quiero que mi ahijada esté en nuestro casamiento, pero también quiero que vaya mi hermano y....
—Está bien, Randall, no necesitas explicar nada —comprendió Isabelle—. Hasta ahora mi familia y yo nunca te juzgamos ni a ti ni a Naty ni a tu mamá. Y estoy segura de que mi hija tampoco lo va a hacer.
—Eso espero, no nos gustaría perder relación con Jenna ni con los mellizos. Y tampoco quiero que tu hija juzgue a su papá.
***
Aidan estaba con su mujer en casa de sus suegros. Estaban en el gazebo tomando el té, comiendo bizcochuelo y scones mientras conversaban. Los nenes estaban en los regazos de sus abuelos y también comían del bizcochuelo que estos le daban. Sin embargo, Aidan estaba ajeno a toda la conversación, ni siquiera probaba un bocado. Sólo bebía de su taza y tenía la mirada fija en ella.
Ese mismo día, cerca del mediodía.
Sandrine estaba terminando de hablar con Vincent por teléfono, se despidió y presionó el botón rojo del inalámbrico. Se levantó para ir a la cocina, y, en ese momento, Aidan entró por la puerta del patio.
—Ah, veo que al fin terminaste de hablar con tu amigo.
Sandrine largó un suspiro.
—Termina de una vez con esos celos, Aidan. Sé que no lo haces a propósito, pero ya cansas —dijo mientras se dirigía a la cocina. Al llegar, sacó una jarra de jugo. Luego un vaso de la alacena y se sirvió.
Aidan se había quedado en el living, tratando de contenerse con lo que iba a reclamarle. Se puso las manos en la cara y se las pasó hacia atrás por los lados mientras iba de un lado a otro y miraba para arriba, hasta que le ganaron los impulsos y fue a la cocina.
—¡No me portaría así si tú me dieras más atención, pero parece que te importa más ese amigo tuyo que yo que soy tu marido!
—¡¿Ahora sales con que no te doy atención?! —reclamó luego de tomar, dándose vuelta—. ¡Paso horas contigo! ¡Me acompañas a rítmica!, ¡cocinamos juntos!, ¡pasamos tiempo con nuestros hijos, y muchas cosas más! ¡Así que no me reclames cosas que no son ciertas!
—¡Pero es que ustedes dos siempre tienen que escribirse y llamarse!
—¡Y te he mostrado esas cartas, no estoy haciendo nada malo! ¡Quien está haciendo las cosas mal eres tú! ¡¿Estás tomando la medicina?! —Aidan se quedó callado, sin poder decir ni una palabra y mirando de un lado a otro—. ¿Vas a contestar?, ¿confirmar mis sospechas?
Aidan tardó unos segundos mientras su mujer lo miraba con impaciencia.
—Desde hace una semana —contestó cabizbajo... —Sabes que si no las tomo es porque de vuelta no están funcionando.
—Aaah y me lo dices ahora —reclamó cruzándose de brazos—. ¿Crees que soy adivina? ¿Tengo que estar suponiendo que no cumples con el tratamiento cada vez que tienes estos exabruptos y haces estas escenas? No voy a preguntarte por qué lo dices ahora porque eso ya no importa, pero tienes que tomarte esto en serio —exigió poniendo énfasis en el "tienes".
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Tu hija
Aktuelle LiteraturAidan es un joven promiscuo e impulsivo que trabaja en un restaurante junto a su hermano. Mantiene una relación inestable con Isabelle hasta que ella, cansada de sus actitudes, decide terminar con él. Poco después, Isabelle le revela que está embara...
