Capítulo 34

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1995. Abril.

En los últimos años, Aidan había cambiado de psicólogo más de una vez y hasta el momento tuvo otros dos diagnósticos: en uno le dijeron que tenía trastorno bipolar y en el último, que tenía trastorno de estrés postraumático producto de la violencia que había vivido en su niñez. Por otro lado, y aunque había llevado los diagnósticos al trabajo, May seguía pensando lo mismo de él; y junto con su hermano, tenían otro motivo para seguir convenciendo a Sandrine de que tenía que divorciarse, pero ella no daba su brazo a torcer. A todo esto, Aidan nunca fue internado, pero suspendía los remedios de vez en cuando por los efectos secundarios, decisión que provocaba que Sandrine lo amenazara con dejarlo. Entonces, Aidan volvía al tratamiento por miedo a perderla. También siguió sin ver a su hija mayor, pero compensaba, como siempre, las ausencias con regalos y dinero para la cuota alimentaria.

Sandrine estaba embarazada de nuevo, de cuatro meses, pero a los mellizos no les gustaba la idea. Estaban en casa de sus padres.

—¿Cómo va el embarazo? —preguntó Katrina.

—Hasta ahora todo bien —contestó Sandrine.

—Qué lindo que van a tener otro hijo —sonrió Grace.

—Mami y papi nos van a dejar de querer —celó Emily.

—Mi vida, ya les dijimos varias veces que no vamos a hacer eso —la consoló Aidan en un suspiro.

—Les vamos a dar mimos a los tres, no va a cambiar nada —aseguró Nigel, quien tenía a Keegan sobre su pierna.

El niño estaba muy serio, y entonces su abuelo empezó a hacerle caballito con la pierna. Empezó a reír.

Randall, su mujer y su mamá estaban en lo de Isabelle. Le seguían hablando a Jenna sobre su papá. La nena tenía cuatro años.

—Tu papá todavía no volvió a la ciudad, pero te manda saludos —mintió en parte Randall.

—Y hay otra cosa, tienes dos hermanos y bueno, ahora vas a tener otro —contó Clarissa.

—¿En serio? ¿Cómo se llaman? —preguntó Jenna con curiosidad.

—Keegan y Emily —contestó Natasha—. Son mellizos. Del que está por nacer todavía no sabemos si va a ser niño o niña.

—Tienes muchos hermanos, ya vas a conocerlos —dijo Isabelle dándole un beso.

—¿Tienen fotos? —preguntó la nena.

—No, para la próxima te traemos —prometió su tío Randall.

—Qué bueno que no siente celos —dijo Richard.

—Mis otros nietos están celosos de su futuro hermano o hermana —contó Clarissa—, ya lo van a querer.

—Ma, ¿y el tío y la tía por qué no tienen hijos?

—Tal vez no decidieron todavía.

—¿Por qué?

—Pasa que no es que la gente se pone de novios o se casa y ya tienen hijos —explicó Elena—. A veces todavía no se sienten preparados.

—Tu abuela tiene razón, pero ya te vamos a dar primos algún día —prometió Randall.

***

Una noche, Isabelle fue al cumpleaños de una amiga: Clara. Las dos estaban sentadas en unas sillas hablando con otros amigos. Había mucha gente y todos hablaban con todos. Se servían comida de la mesa. Un chico miraba a Isabelle, que ahora estaba sola. Él estaba hablando con otras personas y luego se le acercó.

Tu hijaDonde viven las historias. Descúbrelo ahora