Semanas después de su luna de miel, el matrimonio había invitado de nuevo a su amigo para enseñarle a hacer un pastel de ciruelas con chocolate. Entre algunos temas, Randall le contó su triste infancia, que ayudó a cuidar a Aidan y la fallida relación con su primera novia, que eso hizo que dudara más en acercarse a otras mujeres y que con Natasha al principio era muy inseguro.
—Ahora entiendo por qué te sorprendió que mi mamá no me defendiera —su amigo hizo una leve sonrisa y asintió. Hubo unos segundos de silencio—. Por cierto, creo que, de no ser por Naty, las ciruelas se me desacomodaban —bromeó entre risas para calmar la tensión.
—¡Deja de subestimarte! —contestó ella también riendo—. Hemos probado las otras comidas que has hecho y que te enseñé y te salieron bien.
—Es verdad. Además, supongo que seguiste practicando con tu familia.
—Sí, y también les gustó, aunque Fred suele criticar. Los extrañé, por cierto.
Hubo un silencio, pero no uno incómodo, en el que lo miraron y le sonrieron levemente; y él, a ellos.
—Nosotros a ti también —respondió Natasha—. Eh, ¿van a comer más o lo guardo?
—Puedes guardar —contestó Randall
—Ah...—dijo cabizbajo.
—¿Querías un poco más? —preguntó ella—. No temas comer más sólo porque mi marido y yo ya estamos llenos.
—Mejor no —contestó mirándolos apenas.
—¿Quieres que separemos una porción para que te la lleves? —ofreció Randall.
—Eso sí —aceptó sonriendo un poco.
Natasha agarró el pastel y se lo llevó a la cocina. Cortó un pedazo y lo guardó en un táper. Puso tanto lo que quedaba del pastel como la porción en la heladera, mientras que Randall y su amigo le ayudaban llevando los platos. Randall se puso a lavar, y los otros fueron al living. Al terminar, se sentó junto a su mujer en el sofá, mientras que Spencer se levantó para irse y darles privacidad.
—Voy por mi porción y me voy.
—¿Tan pronto? —preguntó Randall algo risueño, haciendo que se detenga.
—Es sólo que...—titubeó sin saber cómo terminar.
—Ven, siéntate con nosotros —lo invitó Natasha mirándose al mismo tiempo con su esposo y después a él.
Spencer se quedó mirándoles unos segundos algo atónito y de a poco sonrió, para luego acercarse más. Randall puso el brazo alrededor de él y posó su mano en la suya, gesto que también hizo Natasha. Ambas acciones provocaron que el joven mirara a ambos con una sonrisa que crecía cada vez más en su rostro.
—También te amamos —confesó Randall mirando a su mujer y luego a él.
Spencer bajó la cabeza y cerró los ojos, aún sonriendo. Luego los volvió a mirar.
—Por ahora, de mi parte, prefiero mantenerlo en secreto —dijo deshaciendo de a poco la sonrisa—. Sólo Sandrine y Grace saben.
—No hay problema —aceptó Natasha—. Cada uno verá cuando decirle a cada familia.
—De mi parte creo que es mejor que les diga a Aidan y a mi madre.
—Sandrine me dijo que se lo diría en cuanto fuéramos novios.
—Sí, pero creo que es mejor que estemos presentes. Los tres.
—Randall...
—Spencer alguna vez en tu vida tienes que dejar de molestar a mi hermano. Quiero que todo salga bien ese día y no quiero que Aidan se sienta mal con tus comentarios.
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Tu hija
Aktuelle LiteraturAidan es un joven promiscuo e impulsivo que trabaja en un restaurante junto a su hermano. Mantiene una relación inestable con Isabelle hasta que ella, cansada de sus actitudes, decide terminar con él. Poco después, Isabelle le revela que está embara...
