Tras una larga espera de media hora, el arquitecto divisó a Sonia pasar y confundido por la situación , se decidió a preguntar por Armando. Sonia le dedicó una sonrisa forzada y prometió encontrarlo. Recorrió el laberinto de la casa en busca de Armando, pero nunca imaginó que lo hallaría en la oscuridad de la habitación de Carlos. Al traspasar la puerta entreabierta, el silencio se volvió ensordecedor mientras se adentraba en la estancia. Sus ojos se humedecieron de dolor al observar a Armando, hundido contra la pared sosteniendo una fotografía con desesperación.
_¿Señor Armando, está usted bien?_susurró, apenas conteniendo las lágrimas. Armando como un autómata alzó la mirada y respondió en un hilo de voz:
_Estoy bien, Sonia. Toma los planos del escritorio y entrégalos al Señor Ruiz. Dile que tuve una urgencia y debí irme._
_Está bien, señor Armando. Pero salga de aquí, por favor._rogó Sonia con los ojos llenos de compasión.
_Déjame solo, Sonia. De verdad estoy bien._mintió otra vez .
La mirada de la mujer se clavó en la suya con una mezcla de dolor y compasión antes de retirarse con un nudo en la garganta.
_Cierra la puerta._Requirió Armando. Se sentía desamparado, la angustia carcomía su ser. Sabía que las heridas infligidas a Any eran irremediables, condenándolo al margen de su propio tormento. En ese instante, su corazón latió furioso, el amor reprimido se desbordó en un torrente ardiente que lo consumía.
Era el momento de actuar. Debía encararla, implorar perdón y redimirse con sinceridad. Pero la incertidumbre le abrumaba, sin un rumbo claro en medio de la nebulosa de emociones. Anhelaba su presencia a su lado, siempre la había necesitado. Ahora, con la verdad al descubierto, su amor se desató como un volcán en erupción, abrasador e incontrolable.
¿Pero qué podía hacer? Any estaba muy herida y ya no lo amaba,es más, seguramente sentiría un gran odio hacia él ,y se lo merecía ,porque el mismo se había encargado de matar ese amor .
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Any desempeñaba su labor como maestra de preescolar con pasión; los niños le gustaban ;le llenaban el alma con su ternura e inocencia y constituían una inmensa fuente de alegría y distracción en su vida cotidiana.
A pesar del tiempo transcurrido, Any no lograba borrar a Armando de su mente, pero tampoco podía perdonarlo. Cada noche, en la soledad de su cama, revivía el doloroso recuerdo de un amor no correspondido. Con amargura, admitía su ceguera ante señales evidentes que cualquier persona habría percibido.
¿Cómo se permitió entregarse a los brazos de un hombre que la despreciaba con tal intensidad? En la intimidad, Any juraría que existío entre ellos un vínculo único , una atracción salvaje y arrolladora , pero al enfrentar la verdad, se vio obligada a reconocer que esa conexión era una ilusión; él solo la utilizó como un efímero pasatiempo mientras llevaba a cabo su venganza.
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Armando se había sumido en la soledad, la tristeza y la meditación constante. Su ira, enojo y frustración habían eclipsado cualquier otro matiz de sentimientos humanos; su alma y su corazón yacían envueltos en un oscuro velo donde la luz ni siquiera asomaba. Durante el día, su voz resonaba por toda la hacienda con órdenes, gritos y desvaríos como única emisión. El hombre que una vez compartió palabras y proyectos llenos de alegría con su hermano había desaparecido sin dejar rastro. Aquel individuo afable y esperanzado en un futuro ilusionante se había esfumado por completo.
Las noches eran eternas y los recuerdos dolían cada día más.
Se sentía un monstruo al recordar el sufrimiento que le había infligido a Any .
Any...no podía sacarla de sus pensamientos ,la mujer que lo había amado tanto como para dejar una vida de lujos y diversión para seguirlo hasta un lugar apartado de todo , una mujer que se había entregado en cuerpo y alma con inocencia e ilusiones , una mujer fuerte que aguantó hasta el final todos sus mal tratos psicológicos y desprecio.
¡Por Dios !,no tenía perdón.
Ni siquiera se atrevía en pensar en acercársele para arrodillarse a sus pies implorando su perdón .
Simplemente no tenía el valor de hacerlo .
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Los últimos seis meses habían sido un tormento insoportable; cada día parecía sumirlo en una oscuridad más profunda que la anterior. Su existencia se veía envuelta en un caos de memorias y anhelos rotos, un hombre fragmentado por la carga de un dolor que parecía no tener fin.
En un instante de desesperación, un pensamiento fugaz asaltó su mente: ¿Y si se atrevía a llamarla? ¿Y si confesaba toda la devastadora angustia y el arrepentimiento que lo carcomían por dentro? Pero la idea de enfrentar las posibles palabras de desprecio que brotarían de sus labios lo paralizaba, era un abismo al que no se atrevía a asomarse.
Decidió enmudecer sus sentimientos y dejar las cosas como estaban, aunque en lo más profundo de su ser anhelaba saber de ella, rogar por un vislumbre de su vida, descubrir si aún latía en su pecho un destello de amor, o si otro había tomado su lugar. La simple idea de verla en brazos de otro hombre, entregada a caricias ajenas, era un tormento que desgarraba su ser.
Contemplarla ceder al placer en los brazos de otro, susurros de pasión que no eran para él, despertar con besos que nunca más serían suyos. Qué afortunado debía ser aquel hombre que tenía el privilegio de sentir su calor, de conocer el susurro de sus secretos más íntimos, aquel que recibía el amanecer con el dulce regalo de sus labios.
Estos pensamientos, terribles e insondables, arañaban su alma como garras afiladas, llevándolo al límite de la locura. Cada palabra, cada anhelo, cada lágrima no derramada, hilaba una dolorosa canción de amor perdido que resonaba en las profundidades de su ser, marcando su vida con una cicatriz imborrable.
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Any tomó su celular. Ese día estaba más triste que nunca, así que decidió no ir al trabajo, pues no quería llevar esa tristeza a criaturas tan inocentes que no sabían lo que era el dolor. Su iPhone, como siempre, le trajo un álbum de fotos "recuerdos ", del día de su boda.
"¡Maldito aparato!" - pensó mientras lo lanzaba con enojo sobre la cama. "¿Cuándo pasaría este dolor? ¿Cuándo se consumiría su amor?"
¿Por qué aún esperaba, muy en el fondo de su corazón, despertar un día y que todo fuera un sueño o quizás retroceder el tiempo antes de conocer a Armando?
Fue inevitable tomar su celular nuevamente y atormentarse conscientemente. Miró las fotos. Su corazón se retorció de dolor y sus ojos se empañaron.
¿Quién hubiera dicho que toda aquella boda formaba parte de un plan tan malvado y meticulosamente pensado?
¡Aquella noche fue una maldita perfección! Any sonrió con una mueca que reflejaba tristeza e ironía; era como si el destino se burlara de ella, "demasiado perfecto para ser real". Sin embargo, para Any, cada instante había sido palpable, vivido con un corazón que rebosaba de amor e ilusión.
Al observar la foto tomada por su amiga en la salida de la iglesia, se detuvo en el rostro de Armando. Amplió la imagen y lo escudriñó con furia creciente. Aquel cínico no podía ocultar su sonrisa... ¡Por supuesto, tenía motivos para sonreír, había logrado salirse con la suya mientras ella, ingenua, había confundido su felicidad con la propia! En ese instante, el odio la invadió, un odio tan agudo que encendió una chispa vengativa en su mente.
¿Podría ella devolverle el golpe? No, aquello no era parte de su esencia. Pero, la certeza de que tal vez pudiera serlo la invadió con una fuerza arrolladora. ¡Era tanto el dolor y tan profunda su herida !
Sus pensamientos se enredaron en una vorágine de emociones turbias, donde la chispa avivó una mecha ardiente que la consumió por completo. Se juró venganza, empaparía a Armando con el mismo veneno que él había derramado en ella.La luz de la Any que Armando conocía se extinguiría temporalmente, cediendo paso a una nueva Any; una Any de acero, fría y calculadora, lista para emprender su propio vendaval de
tormento.Esta vez sería la mala de la historia.
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Eran las dos de la madrugada y
Any sabía por su propia experiencia que los fantasmas aparecen más por las noches , así que decidida tomó su celular y marcó ese número archivado que tantas veces se contuvo de marcar.
_Hola _contestó con asombro una voz apagada y no muy clara.
_Hola ... el corazón frío de Any latío con fuerza ,¿Armando ?, soy yo Any .
¿Como has estado?_
Armando creyó estar soñando .Apartó el celular de su oído y miró la pantalla. Era ella.
Casi sin voz respondió :
_¿Any,eres tú?_ el corazón le dio un vuelco y su sangre recorrió su cuerpo como lava ardiente.
Escuchar su voz despertó una esperanza en su alma , una esperanza que no se había permitido tener,hasta este momento.
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La mentira
RomanceArmando, tras obtener su título de ingeniero en Europa, regresa a su país con la ilusión de visitar la nueva hacienda de su hermano. Al llegar, descubre que Carlos se había quitado la vida a causa de una mujer, quien le había exigido dinero y comodi...
