-20 [+18]-

40 5 0
                                        

Era de tarde
Eric y Bruce estaban cenando en un restaurante, disfrutando su último día juntos y también celebrando su primer mes de pareja. La cena transcurría en un ambiente de risa y complicidad, compartiendo anécdotas y miradas llenas de afecto. Cuando la pareja terminó de cenar, Bruce pidió la cuenta y la pagó con una sonrisa satisfecha. Se levantaron de la mesa, y Eric, que había tomado un vino muy fuerte y tres copas, estaba un poco ebrio.

Al salir del restaurante, Bruce ayudaba a Eric a caminar hasta llegar al estacionamiento. La noche era fresca, y las luces de la ciudad brillaban suavemente a su alrededor. Al llegar, Bruce apoyó a Eric contra el carro mientras abría la puerta. Sin embargo, Eric, con la mente nublada por el alcohol, tomó a Bruce de la cintura y lo atrajo hacia él con fuerza.

BRUCE: Eric, ¿qué estás...?

Antes de que Bruce pudiera terminar su pregunta, Eric lo volteó y lo empujó contra el techo del carro, comenzando a besarlo desesperadamente. Bruce sintió la erección de Eric presionando contra él y no pudo evitar sonreír ante la intensidad del deseo de su pareja. Eric, sin perder tiempo, lo empujó hacia el asiento del copiloto, desabrochando rápidamente el pantalón de Bruce.

BRUCE: Eric, espera...

Pero Eric no estaba dispuesto a esperar. Empezó a manosear a Bruce, sus manos recorriendo con firmeza y deseo cada centímetro de su piel. Luego, Eric comenzó a lamerlo, sus movimientos formando círculos, enviando olas de placer por el cuerpo de Bruce. Bruce gemía, sus manos enredadas en el cabello de Eric, obligándolo a continuar.

BRUCE: Eric...
me voy a correr.

Eric ignoró la advertencia y siguió, agarrando las piernas de Bruce con más fuerza, intensificando el ritmo.

BRUCE: Eric, me voy a correr!~

ERIC: Cállate.

Eric siguió adelante, sus movimientos más intensos y decididos. Las piernas de Bruce temblaban bajo el agarre firme de Eric, cada segundo los acercaba más al clímax.

BRUCE: Eric!~ me voy a correr!

Finalmente, Bruce se corrió en la boca de Eric, quien tragó sin dudar. Bruce, exhausto y jadeando, se dejó caer hacia atrás en el asiento, sus ojos cerrados mientras recuperaba el aliento. Eric se levantó, lamiéndose los labios con satisfacción, y se acomodó en el asiento del copiloto, una sonrisa traviesa en su rostro.

Después de unos minutos, Bruce, ya un poco más calmado, tomó el volante y empezó a conducir. Eric, sentado a su lado, se había quedado dormido, su respiración tranquila contrastando con la intensidad de los momentos anteriores. Bruce miró a Eric con ternura, sus pensamientos llenos de amor y agradecimiento por tenerlo en su vida. Condujo a través de la ciudad, el silencio de la noche solo roto por el suave ronroneo del motor y los suspiros contentos de Eric mientras dormía a su lado.

Ecos Del Corazón Donde viven las historias. Descúbrelo ahora