16 de abril
Enzo Lombardi
Me doy la vuelta rápidamente para no incomodarla. Dios mío, qué obra de arte acabo de ver. Nunca pensé que ver a una mujer desnuda me desestabilizaría de esta manera, pero Eva tiene un poder especial sobre mí que no había sentido antes. Tal vez sea la situación, o simplemente la intensidad con la que vive su vida.
—¿Qué te pasa, imbécil? ¡No sabes tocar la puerta! —grita furiosa, y me giro de nuevo, un tanto perplejo.
Mala idea. Aún no tiene una toalla alrededor de su cuerpo, y es imposible no mirarla aunque sé que está mal.
—¡No me mires, idiota! —me grita de nuevo, y esta vez me giro lo más rápido que puedo.
—Perdón, pero si hubieras abierto la puerta cuando toqué, no estaríamos en esta situación, ¿no te parece? —intento defenderme, pero sé que no tiene mucho sentido.
—¿Qué haces aquí? ¿Qué quieres? —me pregunta ya más calmada, pero con el ceño fruncido.
Ahora me doy vuelta con seguridad y me doy cuenta de que ya tiene una toalla cubriéndola, lo que me da un poco de tranquilidad.
—Te necesito abajo, tenemos que hablar de algo importante. Arréglate rápido, tienes diez minutos —le digo, saliendo del cuarto y cerrando la puerta detrás de mí.
Me dirijo de nuevo a mi oficina, donde Matthew, mi mejor amigo y socio, ya me espera. Aparte de ser mi mano derecha en los negocios, Matthew es el único que sabe de mis planes con Eva, y aunque no está completamente de acuerdo, sabe que no va a cambiar mi decisión.
—¡Diablo! Buenos días —saluda Matthew con su típica sonrisa despreocupada.
—Buenos días. Eva ya viene. Espero que esto sea más fácil de lo que parece —le digo mientras me dejo caer en una silla.
—¿Estás seguro de que ella va a aceptar casarse contigo y tener un hijo? Porque no parece el tipo de mujer que se deje convencer fácilmente —me dice, cruzando los brazos, divertido.
—No, no estoy seguro. Pero buscaré la manera de convencerla —respondo con más confianza de la que realmente siento.
—Va a ser divertido verte intentarlo —se burla Matthew, y yo solo niego con la cabeza.
La conversación es interrumpida cuando Eva entra en la oficina, con un aire de desafío y molestia que parece que siempre lleva consigo.
—¿Para qué me llamaste? ¿Qué es tan importante? —me pregunta, mientras se cruza de brazos. Matthew me mira como si estuviera viendo a alguien caminar directo al matadero.
—Te presento a Matthew Miller, mi socio y mejor amigo —digo, intentando mantener la compostura.
—Mucho gusto, Eva Smith —dice Matthew, extendiendo la mano de manera formal.
—El gusto es mío —responde Eva, aunque claramente sin mucho interés.
—Bueno, estamos aquí para hablar de nuestro matrimonio —empiezo, directo al punto.
—Ya te dije que no me voy a casar contigo —me responde rápidamente, sin siquiera pestañear, y se sienta en una de las sillas frente a mi escritorio.
—No te lo estoy preguntando, Eva. O te casas conmigo y me das un hijo, o mato a tu tío —digo, esperando que la amenaza la haga reconsiderar su posición. Ya lo he pensado muchas veces; esta es mi última carta.
Sin embargo, para mi sorpresa, Eva solo me mira con frialdad y responde con una sonrisa irónica.
—Mátalo. Él me vendió. No merece nada menos —me dice, y siento como mi sonrisa se borra. No esperaba esa respuesta. Miro a Matthew, que está disfrutando de todo esto más de lo que debería.
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Códigos de sangre
RomanceEva Smith, una mujer con carácter, no se deja dominar por nadie, pero tiene un pasado que aún la atormenta. Enzo Lombardi, el mafioso más temido de la ciudad, está en busca de un heredero para su legado, y teme morir sin tener a alguien a su lado.
