Capítulo 21

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Eva Smith

El sonido del cuchillo golpeando la tabla de cortar me ofrecía un ritmo constante, casi hipnótico, mientras picaba las verduras. Cocinar era una de las pocas cosas que lograban alejar mi mente del caos en el que se había convertido mi vida. Pero ni siquiera el suave aroma del ajo y la cebolla en la sartén lograba disipar la nube de preocupación que me envolvía.

Habían pasado solo unos días desde la llamada de Aron, desde que escuché la voz de mi hijo. Desde entonces, cada minuto había sido una lucha por mantenerme a flote. Cocinar me ayudaba a centrarme, a aferrarme a algo tangible, aunque sabía que era solo un respiro temporal.

El sonido de mi teléfono vibrando en la mesa de la cocina me sacó de mi trance. Lo tomé y vi un mensaje de Victoria.

Victoria: "¿Cómo estás? Quería saber si te apetecía salir un rato. Tal vez podamos vernos en el centro comercial. Para hablar.

Suspiré. Me sentía agotada emocionalmente, pero la idea de ver a mi amiga me ofrecía un escape del drama en el que vivía y así poder hablar con ella, aunque solo fuera por unas horas. Quizá alejarme de la casa me ayudaría a despejar la mente.

Eva: "Me parece bien. Te veo en una hora."

Apagué el fuego y dejé todo listo. Tras cambiarme, salí de la casa con la esperanza de que una tarde tranquila con Victoria.

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Cuando llegué al centro comercial, me sorprendió ver tanta gente. Los fines de semana siempre estaban llenos de familias y amigos paseando por las tiendas, disfrutando del día. Mientras esperaba a Victoria en la entrada, me quedé observando a las personas. Por un momento, me sentí desconectada de todo, como si estuviera viviendo una realidad paralela, donde el caos de mi vida no podía tocarme aquí.

—¡Eva! —Victoria apareció con una sonrisa radiante, saludándome con entusiasmo. Me abrazó y sentí un pequeño alivio al verla.

—Hola —respondí con una sonrisa débil—.

—Hola, espwro estes bien y que podamos arreglar nustro malentendido, vamos, caminemos. Tal vez esto nos ayude un poco a despojarnos del caos que vivimos.

Nos sumergimos en la multitud, paseando por varias tiendas sin mucha dirección. Victoria hablaba de su trabajo, de cosas triviales, intentando distraerme. Y por un breve instante, me permitió olvidarme del miedo que cargaba. Pero esa sensación duró poco.

Victoria y yo paseábamos por los pasillos del centro comercial, haciendo una pausa frente a una tienda de ropa. Sabía que quería hablarme de algo serio, lo veía en sus ojos. Después de unos minutos de silencio, finalmente lo dijo:

—Eva, necesito hablar contigo sobre Mateo. Sé que nunca aclaramos bien lo que pasó entre ustedes... cuando empezaste a salir con Enzo.

El solo nombre de Mateo hizo que mi estómago se revolviera. Claro que recordaba lo que pasó. Fue uno de los momentos más incómodos.

—Sí, lo recuerdo —respondí, tragando saliva—. Pero no hay mucho que decir, Victoria. Sabes lo que hizo.

Ella asintió, mordiéndose el labio con cierta culpa en los ojos.

—Lo sé, Eva. No estoy justificando nada de lo que hizo. Mateo estaba fuera de control, y nunca debió tratarte de esa manera, mucho menos... —su voz vaciló un poco antes de continuar—, mucho menos intentar golpearte.

Mi corazón latía con fuerza solo al recordar ese día. Había empezado como una discusión absurda.

—No puedo creer que Mateo fuera capaz de hacer algo así —dije, mi voz temblando ligeramente por la ira contenida—. Siempre pensé que éramos amigos, pero en ese momento, me di cuenta de que no lo conocía tan bien como creía.

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