Capítulo 5

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Hola lee la nota del final

17 de abril

Eva Smith

Me levanto temprano para durarme y arreglarme con la poca ropa limpia que me queda antes de bajar a desayunar. El primer sol de la mañana entra a raudales por la ventana, dándome una tenue luz que hace que todo en la habitación parezca más brillante y esperanzador. Me visto rápidamente con lo que puedo encontrar y me dirijo hacia el primer piso.

Al llegar al comedor, veo a Enzo ya sentado en la mesa, inmerso en la pantalla de su celular. El ambiente es tranquilo, casi silencioso, y el aroma del café recién hecho llena el aire.

—Hola —saludo, intentando sonar amable mientras me siento en la mesa frente a él.

—Buen día, Eva —responde Enzo sin apartar la vista de su celular. Parece tan absorbido en lo que está leyendo que me pregunto si alguna vez se desconecta del mundo digital.

Empiezo a comer, no porque tenga hambre, sino porque es lo que se espera en este momento. La comida es buena, pero el silencio incómodo entre nosotros hace que cada bocado se sienta más pesado. Enzo finalmente deja su celular en la mesa, mirando hacia arriba como si recién se diera cuenta de mi presencia.

—¿Qué edad tienes? —pregunta, rompiendo el silencio.

—Veintidós —respondo, mientras me sirvo un poco más de café—. ¿Y tú?

—Veinticinco —dice, asintiendo con la cabeza mientras toma un sorbo de su café—.

—Vale —digo, no sabiendo muy bien qué preguntar a continuación. La conversación se siente forzada, como si estuviéramos ambos intentando llenar el vacío de manera mecánica.

—¿Por qué dices que tus amiguitos son tu única familia? —pregunta, su tono se vuelve más inquisitivo—. ¿No tienes padres, novio?

—Porque es la verdad —digo, sintiendo una punzada al recordar mi pasado—. Hace unos años me alejaron de mis padres, así que no sé nada de ellos. Mateo y Victoria son las únicas personas cercanas que tengo.

—¿Novio tienes? —insiste, su mirada penetrante no me deja en paz.

—No —respondo secamente. No estoy de humor para hablar de mi vida amorosa, especialmente con alguien que apenas conozco.

—¿Por qué necesitas un hijo? —pregunto, cambiando de tema.

—Porque me han intentado matar muchas veces y la verdad quiero alguien a quien dejarle mi legado —responde con una sinceridad inesperada. Sus palabras me sorprenden, no porque lo diga, sino por la frialdad con la que lo expresa.

—¿Por qué no buscas una novia? ¿Por qué yo? —pregunto, sintiendo una mezcla de curiosidad y molestia.

—Algo me dice que eres la indicada —dice con una sonrisa enigmática. La forma en que lo dice suena casi a coqueteo, pero me niego a tomarlo como tal.

—Necesito ropa, Enzo —digo cambiando de tema—. No puedo vestirme siempre con lo mismo.

—Si quieres, podemos ir al centro comercial por algo de ropa y cosas de aseo. ¿Te parece? —ofrece.

Códigos de sangre Donde viven las historias. Descúbrelo ahora