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22 de abril
Eva Smith
Me levanto temprano, sintiendo la brisa suave de la mañana colarse por la ventana. El sol apenas ilumina la habitación, pero mi mente ya está despierta, enfocada en una sola cosa: el pastel de moras que quiero preparar para Enzo. No puedo dejar de pensar en lo que me dijo anoche, la forma en que sus palabras me hicieron sentir... y en el beso, por supuesto. Aún siento el leve hormigueo en mis labios, como si su contacto aún estuviera presente.
Decidida, me visto rápidamente y salgo de mi habitación con el propósito firme de ir al supermercado a comprar los ingredientes que necesito. Sin embargo, mientras me dirijo a la oficina de Enzo para avisarle, no puedo evitar detenerme un segundo en el pasillo, mirando la puerta cerrada. Una pequeña parte de mí duda en interrumpirlo, pero sé que es lo correcto.
-Buen día -saludo al entrar, esforzándome por mantener una voz firme, aunque mi corazón late con fuerza en mi pecho.
Enzo levanta la vista de unos papeles, con una sonrisa tranquila en el rostro. -Buenos días, Eva -responde, sus ojos brillando al verme.
-Voy a salir -le informo rápidamente, casi como una excusa. No sé por qué, pero su presencia siempre me hace sentirme nerviosa.
-¿A dónde? -pregunta con curiosidad, dejando los papeles a un lado mientras se inclina hacia adelante en su silla, su mirada intensificándose.
-Tengo que comprar algunos ingredientes para hacer el postre que me enseñó tu madre -digo, sintiéndome de repente un poco tímida bajo su escrutinio.
Enzo sonríe de lado, divertido. -¿Quieres que te acompañe? -pregunta, con un brillo juguetón en sus ojos.
Mi corazón da un pequeño brinco ante su oferta, pero logro mantenerme calmada. -Sí -respondo tímidamente, y veo cómo su sonrisa se ensancha.
-Vamos entonces -dice levantándose de su silla con esa elegancia natural que siempre lo caracteriza.
Nos dirigimos juntos al supermercado más cercano. El trayecto en el auto es tranquilo, aunque la tensión en el aire es palpable. Mis pensamientos están revueltos, imaginando todo lo que podría pasar durante el día. Mientras tanto, Enzo conduce con la misma seguridad y control que tiene en todo lo que hace. Me pregunto qué estará pensando, si alguna vez se siente nervioso como yo.
Al llegar al supermercado, bajamos del auto y entramos. El aire acondicionado fresco nos recibe, pero lo que realmente me distrae es la sensación de tener a Enzo a mi lado, tan cerca que casi puedo sentir el calor de su cuerpo.
-¿Qué necesitas comprar? -pregunta mientras camina a mi lado, su voz grave resonando en el espacio tranquilo del supermercado.
-Humm... moras congeladas, polvo para hornear y esencia de vainilla -respondo, tratando de mantener mi mente en el presente y no en cómo su voz parece vibrar en mi pecho.
-Vale, vamos a buscarlos -dice con calma, y nos adentramos por los pasillos en busca de los ingredientes.
Mientras caminamos, me detengo al ver a Mateo y a Victoria, dos amigos que no he visto en mucho tiempo. Mi corazón se acelera al reconocerlos y sin pensarlo dos veces, dejo el carrito a un lado y corro hacia ellos.
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Códigos de sangre
RomansaEva Smith, una mujer con carácter, no se deja dominar por nadie, pero tiene un pasado que aún la atormenta. Enzo Lombardi, el mafioso más temido de la ciudad, está en busca de un heredero para su legado, y teme morir sin tener a alguien a su lado.
