Eva Smith
Han pasado dos semanas desde que todo cambió. La situación con Enzo se ha vuelto más complicada de lo que jamás habría imaginado. La tensión entre nosotros ha ido en aumento, y la falta de claridad sobre lo que somos solo hace que todo se sienta más confuso. A veces me siento atraída hacia él de una manera tan poderosa que me asusta, pero otras veces, el miedo que siento me paraliza. No solo por lo que ocurrió con James, sino también por la intensidad con la que Enzo me mira y se comporta conmigo. Me protege, sí, y me cuida, pero hay algo oscuro en mi, mi pasado no he sido capaz de contarle nada y siento que si esta so juntos mi pasado nos separara.
Durante estas semanas he intentado recuperar algo de normalidad. Me he concentrado en repasar algunas recetas, asistir a la cafeteria para poder hablar con Amaya, trato de mantenerme ocupada para no pensar demasiado en todo lo que pasó. Pero por más que lo intente, los recuerdos siempre vuelven. El ambiente en la casa se ha vuelto cada vez más opresivo, como si el aire pesara más con cada día que pasa. Enzo sigue inmerso en sus negocios, en ese mundo que apenas entiendo, pero algo ha cambiado. Su comportamiento hacia mí es diferente, más posesivo, más enamorado pero yo lo he alejado.
Esta mañana, después de pensarlo mucho, decido que necesito salir de la casa, aunque sea por unas horas. Me preparo para hacer algunas compras, algo sencillo. Mientras camino hacia la puerta, siento la presencia de Enzo detrás de mí.
—¿A dónde vas? —pregunta con el ceño fruncido, y el tono de su voz ya me pone nerviosa.
—Solo voy a salir un rato —le respondo, tratando de sonar tranquila, como si no tuviera nada que esconder. Pero en realidad, solo quiero respirar un poco de aire fresco sin sentir su presencia constante que me afecta.
—No me gusta que salgas sola —dice, acercándose a mí. Me acaricia el brazo.
—Enzo, no soy una prisionera —respondo, aunque mi voz tiembla un poco. Él me mira con esos ojos oscuros, penetrantes, y por un momento creo que va a discutir. Me preparo para lo peor. Pero, en cambio, suspira.
—Tienes razón. No lo eres —dice, aunque algo en su tono me hace dudar de sus palabras—. Solo quiero que estés segura.
Asiento, aunque mi mente está en otro lado, en lo que realmente significa su preocupación por mi "seguridad". Sin decir nada más, salgo de la casa. Pero estando fuera, tengo la sensación de que alguien me vigila. Es como si unos ojos me siguieran a donde quiera que fuera. Todo el día me siento inquieta, con esa sensación incómoda de que no estoy realmente sola, aunque no veo a nadie a mi alrededor.
Necesitaba un respiro. Decidí ir a la cafetería de Amaya. Es un lugar tranquilo, acogedor, y siempre me ha dado una sensación de paz. Además, Amaya siempre ha sido amable conmigo, a pesar de todo el caos que parece rodear a su hijo y a mi. Apenas entro, la calidez del lugar me envuelve, y el aroma a café recién hecho me reconforta un poco. Me acerco al mostrador, donde Amaya me recibe con una sonrisa.
—Eva, qué sorpresa verte por aquí —dice con dulzura, como si no notara la tensión que cargo.
Le devuelvo una sonrisa débil, apenas un gesto, pero no digo nada. Solo quiero un momento de paz, lejos de todo. Pido un café y me siento en una de las mesas al fondo. Saco el sobre que entrego uno de los hombres de Enzo en la mañana,según el un amigo lo dejo para mi pero mis únicos dos amigos no los veo hace un buen tiempo, dudando si debo abrirlo o no. Algo en mi interior me dice que no lo haga, pero la curiosidad y el miedo se entrelazan, empujándome a revisar una vez más su contenido.
Con manos temblorosas, vuelvo a sacar las fotos. Las primeras son fotos de Enzo y yo en momentos privados, íntimos. Me siento expuesta, igual que cuando James se entero de lo que paso en la habitaciónde Enzo, quien saco las putas fotos. Pero entonces vuelvo a la última imagen, la que realmente me hizo tambalear. La foto de mi hijo.
Apenas la miro, siento cómo las lágrimas empiezan a llenar mis ojos. No puedo controlarlas. Mi hijo… él está vivo. Pensé que lo había perdido para siempre. El dolor de esa pérdida, el vacío que dejó en mi vida, todo vuelve de golpe. La angustia, la desesperación, y ahora… esta nueva esperanza, esta posibilidad de que él esté en algún lugar. No sé qué pensar. ¿Cómo es posible? ¿Quién tiene estas fotos? ¿Y por qué me las envían ahora?
Las lágrimas corren por mis mejillas mientras intento procesar todo. Amaya pasa por mi mesa, notando mi estado, pero no dice nada. Solo deja un pañuelo en la mesa con discreción, dándome el espacio que claramente necesito.
Después de lo que parece una eternidad, me seco las lágrimas y trato de recomponerme. Necesito respuestas, pero no sé por dónde empezar. Apenas puedo pensar con claridad.
Regreso a la casa un poco más tarde de lo que había planeado. Apenas cruzo la puerta, noto que Enzo ya está en el salón, esperándome. No he tenido tiempo de recuperar por completo la compostura, y mis ojos aún deben estar rojos por el llanto. No pasa mucho tiempo antes de que él lo note.
—¿Qué te pasó? —pregunta con el ceño fruncido, acercándose rápidamente.
—Nada, estoy bien —trato de decir, pero mi voz se quiebra un poco. No soy buena mintiendo, y menos a él.
—Eva, dime la verdad —insiste, su tono más firme esta vez.
No sé qué decir. No quiero hablar de las fotos, no todavía. Pero él no me da espacio para evadir la conversación. Su mirada se clava en la mía, intensa, como siempre, y sé que no voy a poder escapar de sus preguntas.
—Solo… vi algo que me afectó, algo del pasado —admito, intentando mantener la calma, pero sé que mis palabras no lo van a dejar satisfecho.
Enzo se queda en silencio por un momento, evaluándome, como si tratara de descifrar lo que realmente está ocurriendo. Siento su tensión, su preocupación, pero también ese lado posesivo que cada día parece hacerse más fuerte.
—Sabes que puedes contarme lo que sea, ¿verdad? —dice, aunque algo en su tono me hace sentir que sus palabras no son solo una oferta, sino una demanda.
Asiento, pero no puedo. No aún. No hasta que entienda qué significa todo esto.
ESTÁS LEYENDO
Códigos de sangre
RomanceEva Smith, una mujer con carácter, no se deja dominar por nadie, pero tiene un pasado que aún la atormenta. Enzo Lombardi, el mafioso más temido de la ciudad, está en busca de un heredero para su legado, y teme morir sin tener a alguien a su lado.
