Capítulo 35

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Enzo Lombardi

Mientras subo las escaleras con Eva de la mano, siento que el corazón me late más fuerte de lo normal. Desde el momento en que ella me dio la noticia, no he dejado de imaginar cómo será nuestra vida con este bebé. Los días han pasado como en un sueño, y ahora, por fin, vamos a compartir esta alegría con las personas que significan todo para nosotros.

Eva se detiene un instante antes de tocar la puerta de la casa de mi madre. La veo respirar profundamente, tratando de calmar el nerviosismo que nos inunda a los dos. Le doy un apretón suave en la mano, transmitiéndole en silencio que estamos juntos en esto, que no hay nada que temer.

-Todo va a salir bien -le susurro, acercándome para darle un beso en la frente.

Ella me dedica una sonrisa, y en sus ojos veo una mezcla de felicidad y ansiedad que me hace querer abrazarla hasta que todo el mundo desaparezca. Pero en ese instante, escuchamos el sonido inconfundible de los pasos de Emilio al otro lado de la puerta. Casi como si pudiera sentir la emoción en el aire, nuestro pequeño abre la puerta de golpe y corre hacia nosotros, lanzándose a nuestros brazos.

-¡Papi, mami! -exclama, su carita iluminada de alegría. Lo abrazo con fuerza, sintiendo su calor y su energía contagiosa.

-¿Vamos a contarle a la abuela? -pregunta con una sonrisa traviesa, y me cuesta contener la risa al ver lo emocionado que está, aunque no comprenda del todo la magnitud de lo que estamos a punto de compartir.

-Sí, campeón -le digo, acariciándole el cabello desordenado-. Pero también esperaremos a que lleguen Victoria y Mateo. Queremos que todos estén aquí para escuchar la noticia.

Emilio asiente, tomando la mano de Eva con una seriedad que me sorprende y me enternece a la vez. Nos lleva hacia la sala con la misma decisión de un pequeño líder, y ahí encontramos a mi madre, que está terminando de arreglar la mesa, asegurándose de que cada detalle esté en su lugar, como siempre hace cuando quiere agasajarnos.

-¡Ya están todos! -exclama Amaya con una sonrisa al vernos entrar. No puedo evitar notar cómo su mirada se posa en nosotros, percibiendo algo diferente en nuestras expresiones, como si intuyera que algo grande está por suceder.

Minutos después, la puerta se abre y escuchamos las voces de Victoria y Mateo. Entran juntos, riendo por algo que solo ellos entienden, sin tener ni idea de la noticia que está a punto de cambiar la atmósfera en la sala. Victoria, siempre observadora, lanza una mirada curiosa hacia Eva y hacia mí.

-¿Qué es esta reunión de último minuto? -pregunta en tono de broma, dándome una sonrisa de complicidad.

Mateo, más perceptivo de lo que suele dejar ver, me observa con atención por un momento, y luego dirige la misma mirada a Eva, como si ya sospechara algo. Pero en lugar de decir nada, se cruza de brazos, esperando pacientemente mientras su expresión se suaviza.

Todos nos acomodamos en la sala, y noto que Eva me mira con una mezcla de ternura y nerviosismo. Es como si ambos sintiéramos que estamos a punto de dar el primer paso hacia un futuro completamente nuevo. Tomo su mano y la aprieto suavemente, llenándome de valor.

-Bueno, ya que estamos todos aquí... -comienzo, aclarando la garganta, y noto cómo todos los ojos se enfocan en nosotros con expectativa-. Hay algo que Eva y yo queremos compartir con ustedes.

Siento a Eva tensarse a mi lado, y le doy un apretón en la mano, intentando transmitirle seguridad. Miro a mi madre, a mis amigos, a Emilio que me observa con esos ojitos llenos de curiosidad, y entonces lo digo, sin poder contener la sonrisa que se forma en mi rostro.

-Vamos a ser papás -anuncio, dejando que las palabras fluyan, sintiendo cómo una alegría inmensa me invade por completo.

Por un instante, el tiempo parece detenerse. Amaya se lleva una mano a la boca, sus ojos llenos de lágrimas de felicidad. Mateo y Victoria nos miran, primero con sorpresa y luego con una sonrisa que se extiende lentamente en sus rostros, como si estuvieran procesando la noticia. Y entonces, casi como si una ola de emoción se apoderara de todos, estallan los gritos de alegría y las felicitaciones.

-¡No puedo creerlo! -exclama Victoria, y se lanza a abrazar a Eva, ambas riendo y llorando a la vez. A su lado, mi madre se acerca a nosotros con pasos temblorosos, sus ojos brillando de amor y orgullo.

-Eva... -dice Amaya con la voz entrecortada, tomando su rostro entre sus manos con una ternura infinita-. No sabes cuánto me alegra que me hagas abuela de nuevo. Ese bebé va a ser tan amado... no hay palabras para expresarlo.

Luego, me mira a mí, y su mirada se vuelve intensa, como si intentara transmitir todo el cariño y el apoyo que siempre me ha dado.

-Y tú, Enzo... sé que vas a ser el mejor padre. Estoy tan orgullosa de ti, hijo.

Me siento como si algo en mi interior se abriera, llenándose de un amor y una gratitud que apenas puedo contener. Emilio, que hasta ahora había estado mirando con una mezcla de confusión y curiosidad, se adelanta y agarra la mano de mi madre.

-¡Voy a ser hermano mayor! -exclama, con una risa tan contagiosa que todos comenzamos a reír. Y en ese instante, Mateo se acerca a mí y me da un abrazo fuerte, como solo él sabe hacerlo.

-Hermano... no sabes cuánto me alegra esto. Aunque ahora... tendrás las manos llenas -bromea, dándome una palmada en la espalda antes de volverse hacia Eva-. Eva, quiero que sepas que ese bebé va a tener a un tío que lo va a consentir en todo lo que pueda. Y cuenta conmigo para cualquier cosa.

Eva le sonríe, visiblemente emocionada, y yo le rodeo los hombros con un brazo, incapaz de contener el orgullo y la alegría que siento.

Victoria, quien había estado conteniendo sus lágrimas, finalmente habla con una sonrisa entre emocionada y traviesa.

-¡Pero bueno! Este bebé va a tener un séquito completo de tías y tíos locos por consentirlo -dice, mirando a Mateo y a mi madre-. Ya estoy imaginando todo lo que necesito comprarle: la ropita, los juguetes, ¡todo! Va a ser el bebé mejor cuidado y más amado del mundo.

Nos reímos, y el ambiente en la sala se llena de esa calidez familiar que hace que cualquier preocupación desaparezca. Emilio, que hasta ahora había permanecido en silencio, me jala de la camisa, y yo me agacho para escucharlo.

-Papi, ¿crees que el bebé ya pueda escucharme? -me pregunta, su carita llena de ternura y curiosidad.

Sonrío y acaricio su cabello antes de responderle.

-Quizá, campeón. Aunque es todavía pequeñito, seguro que le encanta escuchar tu voz.

Sin dudarlo, Emilio se acerca y coloca sus manitas en el vientre de Eva, inclinándose para susurrarle algo al bebé. Todos nos quedamos en silencio, observando esa escena tan pura y tan hermosa. Eva lo mira con los ojos llenos de lágrimas, y no puedo evitar sentirme profundamente conmovido al ver a mi hijo en ese papel de hermano mayor.

-Hola, hermanito o hermanita. Soy Emilio -susurra con dulzura-. No te preocupes, yo te voy a cuidar. Te voy a enseñar a hacer torres de bloques y a dibujar. Vas a ver, vamos a ser muy felices.

Las palabras de Emilio son como un bálsamo para el alma, y sé que este momento quedará grabado en mi memoria para siempre. Mi madre, aún con lágrimas en los ojos, toma nuestras manos y nos dice:

-Ustedes han formado una familia hermosa. Este bebé tiene una suerte inmensa de llegar a un hogar lleno de tanto amor.

Más tarde, mientras compartimos una cena improvisada, todos empiezan a hablar del futuro: los nombres posibles, las ocurrencias de Emilio sobre las cosas que enseñará a su hermanito o hermanita, y las bromas de Mateo que imagina los años de locura que nos esperan. La noche está llena de risas, de abrazos y de promesas de un futuro lleno de amor y de unión.

Cuando por fin nos despedimos y regreso a casa con Eva, la abrazo mientras caminamos hacia el auto. En ese instante, siento que no puedo pedir nada más en la vida.

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⏰ Última actualización: Nov 06, 2024 ⏰

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