Capítulo 19

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Enzo Lombardi

El peso de lo que Eva me había revelado aún me oprimía el pecho. Sentirla temblar entre mis brazos, desmoronándose mientras me contaba lo que Aron le había hecho, solo había encendido en mí una furia que no conocía límites. Pero más allá del enojo, lo que más me perturbaba era la imagen del niño, su hijo, del cual no sabía nada.

La promesa que le hice a Eva resonaba en mi mente: encontrar a Aron y al niño. No podía fallarle.

Me aparté lentamente de Eva, dejando que se recostara en el sofá mientras yo me dirigía a mi oficina. Sabía exactamente a quién debía acudir en una situación así. Matthew siempre había sido mi hombre de confianza cuando se trataba de buscar información que nadie más podía obtener. Él tenía acceso a rincones oscuros del mundo, y si alguien podía encontrar a Aron y descubrir la verdad sobre ese niño, era él.

Entré en mi despacho y marqué su número sin dudar. El tono de llamada apenas sonó un par de veces antes de que contestara.

—Enzo —su voz, como siempre, cargada de esa frialdad profesional—. ¿Qué pasa?

—Necesito verte. En la oficina, ahora mismo —le dije, con un tono que no dejaba lugar a preguntas.

—¿Esto es urgente? —preguntó, aunque ya sabía la respuesta. Yo no solía convocarlo a menos que fuera algo serio.

—Lo es. Tiene que ver con Eva —agregué, sabiendo que eso bastaría para que se diera prisa.

Colgué y, mientras esperaba su llegada, mi mente no paraba de darle vueltas al nombre de Aron. Ese hombre había destrozado a Eva, y si lo que ella creía era cierto, si el niño estaba vivo, no iba a permitir que siguiera fuera de su alcance. La sola idea de que Aron pudiera usar al niño como un peón más en su juego me revolvía las entrañas.

Minutos después, Matthew llegó a la oficina. Siempre puntual, con su expresión imperturbable, aunque su mirada me decía que estaba listo para lo que fuera.

—¿Qué pasa? —dijo al entrar, cerrando la puerta tras de sí.

Me apoyé en el escritorio, cruzando los brazos.

—Necesito que encuentres a un hombre. Su nombre es Aron. Fue quien secuestró a Eva hace años y… me acabo de enterar de algo más. Ella creyó que su hijo había muerto, pero Aron le ha mandado fotos. El niño está vivo, Matthew.

La sorpresa cruzó su rostro por un instante, aunque rápidamente volvió a su habitual serenidad.

—¿Fotos del niño? —repitió, procesando la gravedad de la situación.

—Sí —asentí, con los puños apretados—. Aron le quitó al niño cuando era un bebé. La ha hecho creer que estaba muerto todos estos años, pero ahora sabemos que no es así. Tenemos que encontrarlo. A Aron y al niño.

Matthew se frotó la barbilla, ya calculando los movimientos necesarios en su mente.

—¿Tienes alguna pista más sobre dónde podría estar? —preguntó, mientras se sentaba frente a mí, sacando su teléfono para comenzar a anotar detalles.

—Por ahora no. Pero tú conoces el juego, Matthew. Si alguien puede dar con él, eres tú. Aron es el tipo de escoria que no se expone fácilmente. Ha jugado con Eva por años, y me imagino que también ha estado escondido a la vista de todos.

Matthew asintió con un gesto lento.

—Esto va a llevar tiempo. Aron es un fantasma para muchos, pero no para mí. Si está jugando con fotos del niño, eso significa que quiere provocarte, quiere que lo busques. Y lo vamos a encontrar.

Sentí cómo la tensión en mi cuerpo comenzaba a ceder, aunque la furia seguía latente.

—Haz lo que tengas que hacer. Usa a quien sea necesario. Quiero a ese maldito frente a mí, y quiero saber dónde está el niño.

Matthew se levantó, guardando su teléfono en el bolsillo.

—Lo haré, Enzo. Te mantendré informado de cada paso. Y créeme, si ese cabrón está respirando, lo vamos a encontrar.

Mientras él se marchaba, me quedé solo en la oficina. Sabía que el proceso sería largo y que la búsqueda no sería fácil, pero había dado el primer paso.

Volví junto a Eva, que aún permanecía en el sofá, su mirada perdida en algún rincón del pasado. Me acerqué y tomé su mano, deseando poder darle la tranquilidad que tanto necesitaba. Sabía que las heridas que Aron le había causado no desaparecerían con palabras, pero también sabía que, si conseguíamos encontrar a su hijo, esa sería la pieza que faltaba para empezar a sanar.

—Lo encontraremos, Eva —le dije, mi voz baja pero firme—. A Aron, y a tu hijo. No estás sola en esto.

Ella asintió, apretando mi mano. Aunque no dijo nada, su silencio hablaba más que cualquier palabra. Ambos sabíamos que el camino por delante era incierto, pero estábamos juntos en esto. Y cuando encontráramos a Aron, todo cambiaría.

Hola, como están? 1espero les este gustando la historia, son capítulos cortos pero espero que el próximo sea más largo, próxima actualización Miércoles

Gabriela.

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