20 de abril
Eva Smith
Me levanto temprano, llena de energía y emoción. Hoy es un día importante para mí, mi primer día de trabajo, y no puedo evitar sentir un cosquilleo en el estómago. Mientras me visto, mi mente se llena de pensamientos sobre lo que me espera. ¿Cómo será trabajar con la madre de Enzo? ¿Estaré a la altura de las expectativas? Aun así, trato de calmarme; al fin y al cabo, todos los comienzos traen consigo un poco de incertidumbre.
Bajo las escaleras con rapidez, mis pasos son ligeros y casi saltarines. Estoy ansiosa por ver a Enzo antes de irme. Aunque sé que es un hombre ocupado, me gusta despedirme de él cada vez que tengo la oportunidad de salir. Llegar a su oficina siempre me provoca una mezcla de nervios y curiosidad. No es solo su oficina, es el centro de sus operaciones, el lugar desde donde maneja todo su imperio. Cuando estoy frente a la puerta, toco suavemente.
—Adelante —responde Enzo con su voz grave, que siempre tiene ese tono autoritario pero a la vez tranquilizador.
Entro despacio, con una pequeña sonrisa en los labios.
—Hola —lo saludo, notando cómo levanta la vista de sus documentos por un momento para mirarme.
—Hola, Eva —me responde, dejando a un lado su pluma—. ¿Qué pasa?
—Ya me voy, solo quería despedirme antes de salir.
Lo observo con atención mientras asiente lentamente. Hay algo en su mirada que me hace sentir segura, como si, pese a todo lo que sucede a su alrededor, siempre estuviera atento a lo que necesito.
—Hay uno de mis escoltas esperándote afuera —dice, cruzando sus manos sobre la mesa—. Te llevará a la cafetería y también te recogerá cuando termines. Me encantaría hacerlo yo, pero tengo una reunión importante.
Le sonrío, agradecida por la consideración.
—Vale, gracias. Nos vemos luego, adiós —me despido, saliendo de su oficina.
Al salir de la casa, noto el auto esperándome en la entrada. El chofer me abre la puerta, y yo subo rápidamente. Mientras nos dirigimos a la cafetería, miro por la ventana, dejando que mi mente vague. Los paisajes urbanos pasan rápidamente, pero mis pensamientos siguen fijos en Enzo. A pesar de la extraña situación que nos unió, no puedo negar que me trata bien. No sé qué haría si mi vida no hubiera dado este giro tan inesperado. Pero ahora estoy aquí, y tengo que enfrentar lo que venga con valentía.
Cuando llegamos a la cafetería, bajo del auto y me dirijo a la entrada. El lugar tiene un aire acogedor, con ese aroma a café y pan recién horneado que hace que te sientas como en casa de inmediato.
—Buen día, Amaya —la saludo con una sonrisa al entrar.
—Buenos días, linda —responde ella con ese tono cálido que siempre usa—. ¿Lista para tu primer día?
—Sí —respondo, nerviosa pero emocionada al mismo tiempo.
Amaya me lleva hacia la cocina, y el ambiente se transforma completamente. De repente, el calor de los hornos y el ruido de los utensilios moviéndose me rodean. Me siento como si estuviera entrando en un nuevo mundo.
—¿Sabes hacer croissants? —pregunta Amaya, mientras empieza a recoger varios ingredientes de los estantes.
—Humm, no. Nunca los he hecho antes.
—No te preocupes, te enseñaré —me asegura con una sonrisa maternal que me hace sentir aliviada.
Empezamos mezclando los ingredientes: harina, levadura, sal, y azúcar. Mientras trabajamos, me doy cuenta de lo metódica que es Amaya, siempre con un gesto de concentración en su rostro, pero sin perder la calma ni la paciencia. Después de mezclar los ingredientes secos, añadimos agua poco a poco, transformando todo en una masa suave que luego dejamos reposar por 25 minutos.
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Códigos de sangre
RomantikEva Smith, una mujer con carácter, no se deja dominar por nadie, pero tiene un pasado que aún la atormenta. Enzo Lombardi, el mafioso más temido de la ciudad, está en busca de un heredero para su legado, y teme morir sin tener a alguien a su lado.
