24 de abril
Eva Smith
Lo que pasó ayer con Enzo es difícil de asimilar. No sé si lo que hago está bien. No nos conocemos mucho, pero hemos vivido momentos tan intensos que me hacen sentir una confianza con él que no logro explicarme. Sin embargo, sigo preguntándome qué somos. Llevamos poco tiempo juntos, y aunque esos momentos me acercan a él, me carcome la duda. ¿Somos novios? ¿Amigos? ¿O algo más? No lo sé, y esa incertidumbre me está matando por dentro.
Hoy, decidí finalmente bajar a la cocina para hacer el pastel que no pude preparar ayer. No sé si fue por pena o por el impacto de lo que pasó, pero no quise salir de mi cuarto después de esa experiencia tan extraña. Tal vez necesitaba tiempo para procesarlo todo, para entender lo que está ocurriendo entre nosotros.
—Hola —saludan, sacándome de mis pensamientos.
—Hola, James —respondo sin pensar mucho, enfocada en los ingredientes.
—¿Disfrutaste? —pregunta con una sonrisa siniestra.
—¿Qué? —pregunto confundida, levantando la vista para mirarlo, tratando de entender a qué se refiere.
—Masturbarte frente al jefe —dice acercándose, su tono cargado de malicia. Mi estómago se revuelve al escuchar sus palabras.
Lo miro, perpleja. ¿Cómo sabe eso? Apenas puedo hablar mientras mi mente busca desesperadamente una explicación.
—¿Cómo sabes eso, James? —pregunto con un nudo en la garganta, mi cuerpo tenso.
—No lo sé, tal vez un pajarito me lo contó —dice mientras se sigue acercando. Instintivamente, retrocedo hasta chocar con la encimera. El espacio se siente demasiado pequeño, y el miedo se apodera de mí.
—Aléjate, James —le digo, empujándolo con fuerza, pero él apenas se inmuta. Su sonrisa se ensancha, y un escalofrío recorre mi columna.
—Vamos, Eva. Dame lo que quiero. No tiene que ser tan difícil —susurra, colocando una mano en mi pecho.
—¡Quítame las manos de encima! —grito, tratando de liberarme, pero él es más fuerte. Me atrapa, me inmoviliza contra la encimera, y todo en mi cuerpo se paraliza de puro terror.
—No seas así, sé que te gusta. Lo hiciste con él, ¿por qué no conmigo? —susurra en mi oído mientras su mano baja por mi cintura. Mis ojos se llenan de lágrimas, y la desesperación me ahoga.
—James, por favor... —suplico, pero él no escucha. Sus manos son cada vez más agresivas, y me invade una sensación de náusea. La piel se me eriza de puro asco, su olor, su contacto, todo me repugna.
—No otra vez, no otra vez, no otra vez... —murmuro, mi mente fragmentándose mientras sus manos recorren mi cuerpo con una brutalidad que me resulta insoportable. Intento empujarlo, pero mis fuerzas son inútiles. Siento como aprieta uno de mis senos, y todo en mí se rompe.
—Idiota, ¡suéltame! —grito, pero mi voz apenas es un murmullo.
En ese instante, justo cuando siento que no puedo soportarlo más, alguien lo arranca de encima de mí con una violencia que hace que caiga al suelo. Enzo está ahí, y antes de que pueda procesarlo, comienza a golpear a James sin piedad.
Enzo Lombardi
Lo de ayer con Eva me tiene desconcertado. La intensidad de lo que pasó entre nosotros fue inesperada. Tal vez se arrepintió, no lo sé. Después de lo ocurrido, no quiso bajar a cenar. Solo pidió que le subieran su comida, y aunque me preocupé, decidí respetar su espacio. Pero hoy, no va a escapar de mí. Necesito aclarar las cosas.
Eva me está volviendo loco. Verla masturbándose frente a mí fue lo más provocador que he visto en mi vida. Solo de pensarlo, ya siento mi cuerpo reaccionar. Esos gemidos, la forma en que se movía, sus manos explorando su cuerpo… Dios, estoy perdiendo la cabeza por esta mujer.
Intento concentrarme en revisar algunos contratos con una mafia aliada, pero la imagen de Eva no me deja en paz. Estoy esperando la llamada de Matthew, quien me tiene que informar sobre el infiltrado en mi grupo. Finalmente, el teléfono suena.
—Matthew —digo rápidamente al contestar—. ¿Quién es el infiltrado?
—Es James. Es él, Enzo —responde, y una sonrisa sádica se dibuja en mis labios.
Cuelgo el teléfono y salgo disparado de mi oficina. No puedo esperar a ponerle las manos encima a ese bastardo traidor. Mientras camino por el pasillo, escucho un grito. Es Eva. Corro hacia la cocina, y la escena que encuentro me enciende la furia más oscura.
James la tiene acorralada, sus manos están por todo su cuerpo, y lo único que veo es rojo. No pienso, simplemente lo arranco de encima de ella y lo lanzo al suelo. Empiezo a golpearlo con todo lo que tengo, sin detenerme, hasta que mis nudillos sangran.
—Maldito… —gruño entre golpes—. En tu vida la vuelvas a tocar. Es mi mujer, ¿entiendes? ¡Mi mujer!
Sigo golpeándolo, cada puñetazo más fuerte que el anterior, mientras James apenas puede defenderse. Su rostro se desfigura bajo mis golpes, pero no me importa. Quiero que sienta el dolor, que se arrepienta de cada segundo en el que puso sus manos en Eva.
Finalmente, me detengo cuando escucho un sollozo detrás de mí. Me giro, y allí está ella, sentada en el suelo, con la cabeza escondida entre sus piernas, llorando. Mi corazón se rompe en mil pedazos al verla así.
Me acerco y la abrazo con suavidad, levantándola del suelo. La siento tan frágil entre mis brazos. No sé cómo consolarla, pero lo único que quiero es protegerla. Sin decir una palabra, la llevo a su habitación.
Eva Smith
Me siento destrozada. Lo que pasó con James me dejó paralizada, atrapada en un torbellino de miedo y asco. Agradezco que Enzo haya llegado a tiempo, pero no puedo evitar sentirme sucia, vulnerable. Nunca había sentido algo así. Nunca había sido tan impotente.
Me siento en la cama de mi habitación, sin saber qué hacer. Enzo está a mi lado, pero no digo nada. ¿Qué podría decir? Lo miro, y por primera vez, veo una mezcla de furia y preocupación en sus ojos. Me siento tan confundida.
—¿Estás bien? —pregunta finalmente, su voz más suave de lo que imaginaba.
Asiento, aunque sé que no estoy bien.
—Gracias... —es lo único que puedo decir. Pero las palabras saben a poco. Me salvó, me defendió, y ahora... ¿qué soy para él? ¿Qué significa todo esto?
Mientras Enzo me acaricia el cabello, me doy cuenta de que las preguntas siguen persiguiéndome. No sé lo que somos, no sé si lo que hacemos está bien. Pero en este momento, lo único que sé es que, con él, me siento segura.
Tal vez eso sea suficiente. Por ahora.
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Códigos de sangre
RomanceEva Smith, una mujer con carácter, no se deja dominar por nadie, pero tiene un pasado que aún la atormenta. Enzo Lombardi, el mafioso más temido de la ciudad, está en busca de un heredero para su legado, y teme morir sin tener a alguien a su lado.
