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Entre síntomas de embarazo y un cachorro

Este capítulo tiene mucho de Eddie, y aunque no tiene tanto como antes, recuerdo que a varia gente no le caía bien el pequeño Eddie, so... Es una advertencia, por si no quieren realmente leerlo, tampoco se pierden de mucho, esto es prácticamente relleno según yo jajaja ya debería haber terminado la fic, pero bueno... Pueden leerlo o no, como gusten. Gracias a quienes aun leen esta fic y la recuerdan con amor 💖

Acostumbrarse a la vida en la nueva casa, fue algo que se dio de a poco. Los primeros días fue muy extraño el estar tan solos, sin el resto de la familia deambulando por ahí. Tenían la privacidad que habían ansiado, pero no sabían cómo aprovecharla y las noches... Las noches eran otra historia.

Eddie solía llorar hasta muy tarde, porque desconocía el lugar o porque extrañaba a sus abuelos o a Niall, y el hecho de que tuviese que quedarse el día en casa de los Horan, no ayudaba. Siempre se iba llorando de ahí, discutiendo que quería quedarse, que esa era su casa y que no quería volver a la otra.

Fueron semanas de lo mismo, que llevaron a Harry y Louis a la búsqueda de un jardín para el pequeño, aunque eso traería otro problema, el quitarle los pañales a Eddie.

Sabían que sería algo difícil, que requeriría tiempo, paciencia, dedicación y muchas, pero muchas, explicaciones para su terco bebé. Y como si eso no fuese suficiente, los antojos de Louis estaban comenzando, ya con dos meses y medio, de a poco había comenzado a pedir cosas para comer, que cada vez eran menos comunes.

Había comenzado con algo muy normal. Había pedido bananas, nada del otro mundo. Harry las había conseguido sin problemas. Luego habían sido galletas oreos, otra petición fácil, pero después de eso, habían venido las papas fritas con salsa de chocolate y huevos duros con mantequilla de maní. Que, si bien no eran algo difíciles de conseguir, si eran algo que el rizado no comería nunca.

Ahora, lo difícil era el último antojo de Louis, quería guayabas, ¿de dónde iba a sacar guayabas? Ni siquiera sabía si su esposo había comido alguna vez guayabas, pero el omega insistía en que le llevara de esas frutas, llegaba a llorar pidiéndolas, lo que rompía el corazón de Harry, quien había recorrido casi toda la ciudad en busca de la famosa fruta.

—¿Aún quieres la fruta innombrable? —Harry pregunta por teléfono.

—Sí —responde un muy frustrado Louis —no puedo concentrarme en mis clases pensando en comerla.

—Ojalá pensaras en comer otra cosa —murmura el rizado.

—¿Cómo bananas otra vez? —Louis pregunta pensando en lo fácil que fue conseguirlas.

—O como mi banana.

—¡Eres un cerdo!

—Igual te la comes.

—Voy a colgar, debo volver al trabajo —Louis dice ofendido.

—Sí quieres esta noche puedes tener un poco —Harry sugiere con tono seductor.

—¡Adiós! —Louis dice molesto y cuelga.

—Omega gruñón —Harry se ríe mientras guarda su celular y vuelve a centrar su atención en la computadora donde tiene abiertas muchas páginas sobre dónde venden guayabas.

Lo que se hace por amor.

...

No es hasta casi una semana después, que Harry consigue guayabas y muy orgulloso, se las lleva a su omega, quién ansioso las recibe.

Harry está atento a la reacción de Louis cuando las coma, esperando que por fin esto calme sus ansias, ha sido difícil aguantar a su esposo mientras se quejaba por las guayabas, pero es en los tiempos difíciles donde se ve el amor.

Voyeur (Larry)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora