Capítulo 11 (Parte 2)

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A la mañana siguiente cuando llego a la oficina no le sorprende encontrarse a Lucas trabajando. Le ha dejado un post-it pegado en la pantalla del ordenador.

Venga a mi oficina en cuanto lea esto.

Su jefe.


¡A sus órdenes caballero! Se ha prometido a sí misma ser amable con él. Deja el maletín en la mesa y va a su despacho.

Toca.

- Pase

Dakota entra y se pasa la mano por el cuello. Nerviosa. ¿Cómo será su humor de hoy?

- Buenos días, señor Lewis

- Buenos días, señorita Moore –le sonríe

Hoy está contento. Será porque ayer se pasaría la noche en vela gastando condones. Desde luego, Lucas debería asociarse con la empresa de Durex, así tendría los condones gratis. Se ahorraría muchísimo dinero. Sería una buena propuesta que presentar sobre su mesa. 

- ¿Qué tal ha dormido? –le pregunta Dakota

- La verdad es que bastante bien teniendo en cuenta que hoy no he tenido que quedarme despierto toda la noche.

Nota la comisura de sus labios curvarse. ¿Qué ha querido decir con eso? No lo entiende. ¡Ah! El día anterior se quedó despierto pendiente de ella. Y anoche... Anoche también se pasó la noche despierto follando. En fin, a seguirle el rollo se ha dicho.

- Lo siento mucho. No pretendía... -agacha la cabeza, sientiéndose culpable. No es plato de buen gusto que nadie, y menos tu jefe, se quede despierto porque tú no das señales de vida, muriéndose de la preocupación. Tampoco muriéndose... Pero sí, muy preocupado.

- Le dije que no pasa nada. Siéntese -su gesto es serio, convincente.

Dakota acata su orden y se sienta. Lucas se levanta de su silla y se acerca a ella. Se sienta en la silla contigua a la de Dakota.- Y usted, ¿cómo ha dormido?

- Bien. Como un lirón –sonríe

- Me alegro. Gracias por conseguir ese contrato. Era importante para mí. 

- De nada, ya sabe que necesito cambiar mi despacho y yo por eso hago lo que sea.

- Pensé que lo hacía por la empresa y por conservar su trabajo.

- ¡Bah! Eso es secundario –bromea Dakota.

- Mi proposición sigue en pie –dice contundente

- ¿Cómo?

- Mi proposición –repite -¿Acepta usted venir a cenar?

- No hace falta que me lo agradezca con una cena. Es mi trabajo. No tiene por qué premiarme por ello. Usted me paga para que lo haga y eso es más que suficiente.

- A las 9'3 paso a recogerla a su casa. Sea puntual.

- De verdad... No hace falta -insiste. Lo que le echa para atrás de aceptar esa proposición es acabar de nuevo como el otro día. Sentirse intimidada ante él. No saber qué decir o cómo actuar para no aburrirlo. 

- Señorita Moore, vaya a acabar el trabajo que le he enviado por email –vuelve a su silla de jefazo y entrelaza las manos sobre la mesa

- Sí señor

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