Capitulo 39

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Ana

Como la niña buena que era obedecí todas las ordenes de Miguel, me bañe por supuesto con agua fría, luego desayune abundante, para terminar en una caminadora en el gimnasio. Aun mantenía el diente del difunto conmigo, mas específicamente dentro del dobladillo de mi sostén, sabia que dependía del rastreador para ser encontrada.

Por suerte aun era muy rápida para recuperarme de lesiones y malas condiciones, algo que por desgracia era habitual sufrir en mi corta vida, por esa razon el medico se encontraba sorprendido por mi buen estado a solo doce horas de haber despertado. Solo recomendando mantener una rutina de ejercicios y una alimentación con muchas proteínas se retiro de mi habitación bajo la atenta mirada de Miguel.

- Parece que ya estas recuperada - Solo asentí con indiferencia - Mejor así mientras mas pronto sepas la verdad, mas rápido la asimilaras- Presentía que esas palabras eran mas para si mismo que para mi persona-

- ¿Ah?- Podía asegurar la cara de estúpida que poseía en este momento -

- Ya lo entenderás, te mandare algunas cosas quiero que estes lista a las ocho en punto -  

- Para que precisamente, disculpa la desconfianza pero me tuviste dos semanas en un calabozo al base de tortura ¿No debería preguntar?- Aunque use un tono burlón no estaba para nada tranquila en mi interior-

- Ya lo veras y mas importante aun, lo entenderás - Y con esas palabras salió dejándome intrigada y un poco temerosa - 

Aunque ya no estaba en una celda era evidente que aun estaba de estado de rehén y no era solo por los dos guardias en la puerta o por lo que hacían guardia bajo mi ventana o por las nuevas cámaras en mi habitación, bueno si lo eran en mayoría, por eso y por que no podía salir de estas cuatro paredes sin Miguel, a mi lado.

Era frustrante mi situación, intentaba mantenerme en control la mayor parte del tiempo ya que en solo dos semanas estaría lejos de aquí y solo para poder ignorar la molestia que causaba este pensamiento en mi corazon, pensaba en mi gente. 

Tenia plena confianza en mi compañero no por nada era conocido como el mejor estratega de la organización, además Stefan seguramente estaría con el aportándole experiencia. Y por extraño que pareciera presentía que Carina, no estaría muy lejos de ese par. Esas mentes malinas juntas no podrían fallar, me sonreí involuntariamente.

Realmente extrañaba a ese par. 

En un instante mi tranquilada se vio interrumpida por un grupo de empleadas que como torbellino invadieron mi espacio cargando cajas de diferentes tamaños y colores. Me quede paralizada por semejante cantidad de ellas. 

-Señora, puede ir a bañarse para cuando salga tendremos todo listo para vestirla- Mire a la joven empleada con recelo. Respire profundamente y asentí repitiéndome mental mente " Solo aguanta, solo aguanta"-

Sali del cuarto de baño con un bata y una toalla envuelta en mi cabello. Probablemente Miguel, planeaba una cena o algo por el estilo así que lo mejor para mi en este momento era mantener la calma y obedecer hasta que mi paciencia lo soportara. 

Cuando todas centraron su mirada en mi me sentí incomoda como un bicho raro, pero una mujer esvelta se abrió paso entre todas sacándome del mal rato. Mire la figura de la mujer que me miraba detenidamente con lupa, se podía ver que no pertenecía al grupo de trabajadoras de esta casa solo con ver su vestimenta refinada, su maquillaje esquicito y sus movimientos delicados. Me rodio como una leona analizando una presa y eso me causo escalofríos, la razon era sencilla Carina, solía mirarme de la misma manera antes de intentar arreglarme para una salida o misión especifica en donde la apariencia era un punto a favor de la misma. No necesité mas que eso para saber que esta mujer era una estilista o algo similar.

- Hum ... eres ¿Como decirlo? .... Exótica, si esa es la palabra, tienes rasgos peculiares - 

- Gracias ... creo - Mi voz era baja - 

- Oh cariño no te preocupes cuando termine contigo serás sin duda la dama mas bella del continente- Ahora si comenzaba a sentir ansiedad, nunca fui buena para este tipo de cosas femeninas - Por cierto mi nombre es Rosa, empecemos- Aplaudió con entusiasmo-

Lo primero fue la elección de la vestimenta que por cierto no variaba en lo mas mínimo para mi todos eran vestidos de etiqueta negros con algún o otro detalle que los distinguían y muy expuestos para mi gusto, solo me decidí por el que mas me cubría.   

Luego el peinado, maquillaje y algún otro adorno como aretes y collar. Tenia que admitir que Rosa, fue de gran ayuda ya que yo no sabia nada del tema pero lamentablemente cada vez que elegía algo tenia que escuchar una larga explicación del por que este collar favorece este atuendo y por que esos zapatos iban mejor con el largo del vestido y bla.. bla .. bla . Quería saltar por la ventana ¡Yo era un soldado no una Barbi ! 

Al finalizar con su trabajo mando a traer un gran espejo de pie y realmente me quede sorprendida por el gran cambio. Me veía muy diferente, no me veía realmente bonita.  

Mire a Rosa, para agradecerle pero me detuve al verla mirándome como la séptima maravilla, le di una sonrisa forzada y un poco tensa. No hubo mas tiempo para seguir explorando los sentimientos de esta mujer  ya que la puerta fue golpada por un seguridad, expreso que el jefe esperaba abajo y que el coche estaba listo.

Me sobre salte, por lo del coche ¿ Acaso íbamos a dejar la mención. Mire con disimulo el baño y pedí un minuto para entrar en el. Había escondido el rastreador en mi porta cepillos ya que no tenia donde esconderlo antes, pero si nos movíamos de posición de finitamente tenia que portarlo conmigo y eso hice.  

Cuando salí del cuarto de baño solo que daba el guardia esperándome y con una reverencia me escolto al primer piso en donde Miguel, no perdió ni uno de mis movimientos al bajar las escaleras. Note que al igual que el Antonio me miraba intensamente, pero preferí ignorarlo y acercarme a Miguel.

-¿Que planea ahora Sr Moreno?- Dije con indiferencia -

Discípula de la mafiaDonde viven las historias. Descúbrelo ahora