Capítulo 32.

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Un año después.



Los nervios me recorrían todo el cuerpo mientras esperaba en el túnel de vestuario. Quedaban escasos minutos para que comenzara el partido y, aunque para el resto era un partido de liga más, para mí era de los más importantes que había jugado nunca. Porque me enfrentaba, nada más y nada menos, que a Unai.

Había pasado mas de un año desde que Unai había hecho esa famosa confesión en la Plaza de la Cibeles tras haber ganado la copa de Europa, y, sin embargo, no habíamos jugado el uno contra el otro hasta ahora. El primer partido de liga de la temporada pasada contra el Athletic había sido en Barcelona y lo había tenido que ver desde el banquillo, pues aún seguía lesionado de la rodilla. En la vuelta en Bilbao, sin embargo, fue Unai el que no pudo estar en el terreno de juego, pues había sufrido una pequeña lesión en la muñeca en un entrenamiento los días previos. Así que aquí estábamos, a punto de enfrentarnos el uno al otro por primera vez. Y, para ser sincero, estaba acojonado.

A lo largo de este año Unai y yo habíamos hablado más de una vez sobre este tema. Era inevitable que jugáramos el uno contra el otro, pero me producía una sensación agridulce, pues quería ganar, pero eso significaba que él tenía que perder. Y yo odiaba que él perdiera.

Nuestra relación estos últimos meses no había sido un camino de rosas. Pasamos de estar veinticuatro horas al día juntos en la Eurocopa a vernos un par de días a la semana. Y teníamos suerte, pues Bilbao y Barcelona no estaban tan lejos y eso nos facilitaba las cosas. Pero aún así, echaba de menos pasarme todo el día pegado a él.

Estar en el foco mediático también había sido algo complicado de superar. Los periodistas seguías atosigándonos de vez en cuando y todos nuestros actos eran mirados con lupa. Hacía apenas unas semanas una revista del corazón se había inventado que estábamos pasando una crisis y que llevábamos un mes sin estar juntos. ¿Lo gracioso? Que cuando ese reportaje salió a la luz, acabábamos de volver de nuestras vacaciones en Estados Unidos. Los periodistas nos pillaron en el aeropuerto de Barcelona y comenzaron a preguntarnos cuándo habíamos retomado nuestra relación. Y nosotros, que llevábamos un año sin separarnos el uno del otro, no entendíamos nada.

Alguien apoyó una mano en mi hombro, sacándome de mis pensamientos y haciendo que me sobresaltara. Me giré y encontré a Unai detrás de mí, mirándome con una expresión que no supe descifrar.

-Mucha mierda.-me dijo dándome la mano. Yo le devolví el choque y asentí.

-Igualmente.-respondí en un tono igual de serio. Entonces él me guiñó un ojo y volvió a su fila.

-Esto va a ser interesante.-escuché decir a mi mejor amigo a mi espalda. Me giré hacia él y le golpeé el hombro suavemente.

-Idiota.





-Estamos aquí con la estrella del partido de hoy.-la reportera empezó a hablar mirando a la cámara. Yo estaba a su lado, con las manos entrecruzadas delante de mí, nervioso.-Pedri, has marcado el gol de la victoria, ¿cómo te sientes?

Cogí aire antes de responder.

-Estoy muy contento de haber puesto mi grano de arena para que podamos sumar tres puntos en la tabla.-entre el cansancio y los nervios, me costaba hablar.-Ahora tenemos que poner la mirada en el próximo encuentro y centrarnos en seguir escalando en la clasificación.

La periodista asintió.

-Es inevitable preguntarte acerca de Unai.-al escuchar su nombre, el nudo que tenía en el estómago aumentó.-¿Cómo ha sido para ti haberle marcado un gol a tu pareja? Hemos visto que no lo has celebrado, ¿ha sido por respeto a él?

Me rasqué la nuca, tratando de ganar tiempo mientras intentaba encontrar las palabras más adecuadas para responder.

-Era una posibilidad que habíamos contemplado, sí.-contesté evitando el contacto directo con la cámara.-Bueno, al final son cosas que pasan. Estamos en equipos rivales, él es portero y yo centrocampista. Era algo que en algún momento iba a suceder.-recordé la última parte de la pregunta.-Y sí, no me parecía bien celebrarlo, por eso no lo he hecho. Estoy feliz de haber ayudado a que el equipo consiguiera la victoria, pero eso ha hecho que su equipo perdiera el encuentro y es algo que no podría celebrar nunca.

La reportera volvió a asentir ante mis palabras.

-Gracias por hablar con nosotros.-dejó de mirarme y se giró hacia la cámara.-Bueno, Jesús, estás han sido las palabras del 8 del equipo catalán.

Decidí que era mi momento de escapar y me marché de allí. Al haber atendido a la tele, no había tenido tiempo de saludar al equipo rival al finalizar el encuentro, así que fui acercándome a los jugadores del Athletic que quedaban en el campo. Entre ellos Nico, que me sonrió al verme llegar.

-Alguien va a recibir una bronca hoy.-me dijo dándome la mano y acercándose para abrazarme rápidamente. Yo sonreí y negué con la cabeza.

-No me lo recuerdes, por favor.-respondí gimiendo. Entonces Nico miró por encima de mi hombro, y tras golpearme suavemente el brazo, se despidió de mí, marchándose al túnel de vestuario.

Me giré lentamente con el cuerpo temblándome de arriba a abajo. Unai caminaba hacia mí con el rostro serio.

-Enhorabuena.-me tendió la mano. Yo miré su brazo y luego a él.

-Dime que no vamos a pelearnos por esto.-casi supliqué. Entonces él sonrió y todo mi cuerpo se relajó.

-Claro que sí.-me abrazó y puso sus labios junto a mi oído.-Vas a tener tu castigo cuando lleguemos a casa...-añadió casi en un susurro.

Respiré aliviado ante sus palabras y nos marchamos al túnel del vestuario con su brazo rodeándome los hombros y el mío alrededor de su cintura.

Ese día no solo gané un partido, sino que entendí que tenía a mi lado a alguien que, pasara lo que pasara, siempre celebraría mis logros como si fueran suyos.

Aunque eso supusiera que él tenía que perder para que yo pudiera ganar.

La suerte de tenerte. Unai + PedriDonde viven las historias. Descúbrelo ahora