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La selección española se prepara para enfrentar el mundial en Alemania con una plantilla...¿demasiado joven?
Dejé el móvil en la mesa sin molestarme en seguir leyendo y centré mi atención en el café que estaba tomando. Frente a mí, Júlia me miraba con una ceja levantada.
-¿Qué dicen?
Suspiré.
-Las mismas gilipolleces de siempre.-respondí. Era la tercera vez en una semana que leía un titular de ese tipo.-Ahora creen que somos demasiado jóvenes para ir a la Eurocopa. Que nos falta experiencia.
Estás últimas semanas los periódicos se estaban cebando con los más benjamines de la plantilla. En especial, se cuestionaba que Luis hubiera accedido a llevar a una Eurocopa a un chaval que ni siquiera había cumplido los diecisiete años. Pero yo llevaba toda la temporada jugando con Lamine y sabía de sobra que era totalmente capaz de estar en la selección absoluta. Confiaba ciegamente en él y tenía la certeza de que no nos decepcionaría.
Júlia alzó las cejas con sorpresa.
-Pero si muchos de vosotros estuvisteis ya en la Eurocopa hace tres años y lo hicisteis muy bien.
Entrecerré los ojos en su dirección.
-Júlia, nos eliminaron en semifinales.
Ella le dio un sorbo a su café.
-¿Y? ¿Te parece poco haber llegado hasta ahí?
Puse los ojos en blanco. Nos conocíamos muchos años, y ella seguía sin entender que en un campeonato así la única victoria que contaba era la de la final. El resto de partidos no tenían importancia.
Mi mejor amiga carraspeó y cambió de tema.
-¿Cuándo tienes la concentración?
Cogí aire.
-Mañana a las once, creo.-contesté.
Como si no llevara semanas contando los días y las horas.
Ella me miró en silencio durante unos segundos.
-¿Y cómo estás?
Fingí indiferencia.
-Perfectamente.-le di un último sorbo a mi café y me puse en pie.
Ella hizo una mueca.
-Pedro...
La miré apoyando las manos en la mesa.
-No me afecta, Júlia. Lo tengo superado.
En realidad, sí me afectaba, pero era demasiado orgulloso como para admitirlo.
Júlia suspiró.
-¿Necesitas que te lleve al aeropuerto?
Negué con la cabeza.
-Me lleva mi padre. Pero gracias.
Ella asintió y yo me fui a la cocina a dejar la taza del desayuno.
Una vez allí me tuve que apoyar en la encimera porque sentía que me mareaba. El corazón me martilleaba en los oídos y parecía que me faltaba el aire. Los recuerdos se agolpaban en mi mente y no había forma de apartarlos.
Mañana volvería a ver a Unai después de dos años.
Hacía tres, después de los Juegos Olímpicos, me había roto el corazón.
Hacía dos, después del Mundial, habíamos tenido una discusión de tres pares de cojones delante de casi toda la plantilla.
Esa había sido la última vez que nos habíamos visto.
De alguna manera, había tenido suerte de haber podido evitar que nos viéramos durante estos últimos dos años. Desde que terminó el Mundial de Qatar, yo había estado lesionado. Me había perdido la mayoría de partidos de la liga y los primeros partidos clasificatorios de la selección para esta Eurocopa, además de los amistosos que se habían jugado contra otras selecciones a lo largo de estos meses.
Con la rehabilitación había conseguido recuperarme poco a poco, pero los entrenamientos que había estado haciendo hasta ahora habían sido individuales. Las primeras veces que había ido a entrenar con el equipo después de la lesión habían sido este último mes, pero Unai no había estado, ya que se había tenido que marchar a Vitoria por algo que había pasado con su madre. O al menos eso era lo que habían dicho los medios, porque nadie del equipo había mencionado nada en los entrenamientos.
Así, sin quererlo, había conseguido evitar encontrarme con él durante mucho tiempo, pero ya no había forma de poder escaparme. Mañana, dos años después de que me dijera que era un puto niñato y de que nuestros compañeros de equipo tuvieran que separarnos para que no llegáramos a las manos, volveríamos a encontrarnos.
Y yo no estaba en absoluto preparado.
No solo por el hecho de que nos fuéramos a ver en la concentración, sino porque en una semana nos marchábamos a Alemania para jugar la Eurocopa y me esperaba un mes entero conviviendo con él y viéndonos a diario. Y yo no estaba seguro de que pudiera soportarlo.
El sonido del teléfono me sacó de mis pensamientos. Salí de la cocina y volví al salón, donde Júlia sostenía mi teléfono en la mano, entregándomelo.
-Tu mejor amigo te llama.-dijo de manera irónica mientras el nombre de Gavi aparecía en la pantalla. Yo sonreí.
Júlia llevaba siendo mi mejor amiga desde el instituto. Siempre nos habíamos llevado muy bien y cuando mi carrera deportiva empezó a despegar, muchos medios se hicieron eco de nuestra relación y trataron de pintarla como algo que no era. Nosotros nos queríamos mucho y nos respetábamos, pero nunca habíamos tenido otro tipo de sentimientos el uno por el otro. Aún así, yo me sentía muy afortunado de tenerla en mi vida. Había sido mi mayor apoyo durante mucho tiempo, y en estos dos años que había estado lesionado, no se había separado de mí ni un momento.
El caso es que cuando entré al Barca cuatro años atrás, conocí a Gavi y conectamos en seguida. Era conocido que teníamos una muy buena relación, y Júlia solía bromear con que él había ocupado su lugar. Pero siempre le decía lo mismo: su lugar en mi vida era suyo y nunca habría nadie que pudiera usurparlo.
-No seas tóxica.-le dije bromeando mientras le revolvía el pelo. Le quité el teléfono de la mano y descolgué.-Ey, tío, ¿qué pasa?
-Hermano.-respondió él al otro lado.-¿Cuando vienes? Estoy aburrido y necesito a alguien a quien ganar a la Play.
Negué con la cabeza sonriendo.
-Esta tarde, y seré yo el que te pegue una paliza.
Delante de mí, Júlia puso los ojos en blanco.
-Eso habrá que verlo.-contestó.-¿Te recojo en el aeropuerto?
-Me harías un favor.-dije.-Pero solo si estás allí cuando llegue y no me haces esperar dos horas como la última vez.
Podía notar cómo sonreía al otro lado de la línea.
-Eres un poco rencoroso, tío. Ya te pedí perdón y te dije que había sido porque la cosa con Leo se había alargado. No es fácil salir de un palacio a escondidas, ¿sabes?
Suspiré.
-Pues procura que hoy no pase lo mismo, o te arrancaré los huevos.-le respondí en tono amenazante.-La otra vez tuve que estar paseándome de un lado al otro del aeropuerto mientras me perseguían dos periodistas preguntándome sobre tu posible relación con la princesita.-Gavi rió, seguramente recordando esas imágenes que salieron en la televisión. Estaba totalmente descolocado caminando por todo el aeropuerto mientras los periodistas me preguntaban sobre los rumores de la relación entre Gavi y Leo. Y mientras tanto yo, sabiendo que llevan casi dos años juntos, trataba de echar balones fuera y no dar ningún indicio de que los rumores eran, en efecto, verdad.
-Allí estaré. Te lo prometo.
Me despedí de él y colgué. Cinco horas más tarde, Gavi cumplió su promesa y, cuando aterricé, me esperaba pacientemente en el aeropuerto de Madrid.
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La suerte de tenerte. Unai + Pedri
Fiksi PenggemarUn país entero aclamaba sus nombres, confiaban en sus estrellas, en su equipo. El objetivo estaba claro: ganarlo todo. Pero ellos no contaban con perder sus corazones por el camino. Tres años atrás, Unai y Pedri se conocieron durante los entrenamien...