Capítulo 28.

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Actualidad.




Abrí los ojos lentamente mientras trataba de acostumbrar la vista a la luz que entraba por la ventana. Eché un vistazo al reloj que había sobre la mesilla, que marcaba las doce y cuarto de la mañana, y suspiré.

El brazo de Unai me rodeaba la cintura, apretándome contra él. Me di la vuelta con cuidado de no despertarle, quedando cara a cara. Estaba completamente despeinado, pero eso no quitaba que estuviera jodidamente guapo.

Empecé a darle besos por la cara, y de repente su nariz se arrugó.

-¿Qué haces?-preguntó con la voz ronca mientras le costaba abrir los ojos. Yo seguí repartiéndole besos, hasta que él sonrió y me puso las manos en la cara.-¡Basta!

Me reí mientras apartaba sus manos de mí.

-Buenos días.-le dije sonriendo. Él abrió los ojos del todo y me devolvió la sonrisa.

-Buenos días.

Nos miramos en silencio durante un instante y Unai se acercó a mí, poniendo sus labios sobre los míos. Yo le devolví el beso, colocando una mano en su mejilla.

No sé cuánto tiempo pasó hasta que nos separamos.

-Creo que podría acostumbrarme a despertarme así todos los días del resto de mi vida.

Le acaricié el brazo.

-Solo tienes que pedirlo y me iré a vivir contigo ahora mismo.

Unai rió y me dio un beso fugaz en la nariz. Pasamos unos instantes en silencio.

-Campeón de Europa...-dije casi en un susurro mientras le acariciaba la cabeza. A él le brillaron los ojos.

-Campeones.-me corrigió.

Ignoré sus palabras y proseguí.

-Has sido el mejor del torneo.-Unai fue a contestar, pero no le dejé.-No, de verdad. Sin ti nos habrían eliminado en el primer partido.-tragué saliva.-Estoy muy orgulloso de ti.

La mirada de Unai se suavizó.

-Pedro...

-Y enamorado.-dije sin pensar, dejándome llevar por la calidez del momento.-También estoy muy enamorado de ti.-hice una pausa.-Creo que, aunque no lo quisiera admitir, nunca he dejado de estarlo.

Unai me miró en silencio durante un momento. Entonces, sin decir nada, se acercó a mí y me besó de nuevo.

Cuando nos separamos, abrió la boca para hablar, pero alguien llamó a la puerta, interrumpiéndonos.

-Tío, ¿estás ahí?-la voz de Dani sonó desde el otro lado. Unai y yo nos enderezamos a la misma vez, y compartimos una mirada de pánico.

-¿Qué pasa?-pregunté nervioso.

-¿Puedes salir un momento?

Unai se puso en pie de un salto y yo le imité.

-Un segundo.-le pedí mientras me ponía unos pantalones. Unai me miró sin saber qué hacer y yo le señalé la puerta del baño. Se dirigió hasta allí y cerró tras él. Yo me peiné rápidamente y fui a la entrada.

-¿Qué pasa?-pregunté abriendo la puerta y tratando de sonar sereno. Dani estaba ante mí, vestido con el chándal oficial del equipo. Su rostro reflejaba cierto nerviosismo.

-Por casualidad, ¿te llevaste mi móvil ayer?

Su pregunta me pilló desprevenido.

-¿Tu móvil? ¿Por qué me lo iba a llevar?

Él se rascó la nuca.

-Es que no lo encuentro por ningún sitio y estoy preguntando a todos los que estuvieron ayer.-Dani echó un vistazo al interior de la habitación y eso me hizo entornar la puerta, tratando de tapar todo lo que fuera posible.

Parpadeé en su dirección.

-Lo siento tío, pero no tengo ni idea de dónde puede estar.

Dani asintió, pero no se movió.

-¿Necesitas algo más?

Cuando iba a contestar, el ruido de un cristal rompiéndose salió del cuarto de baño. Me tensé de inmediato.

-¿Estás...?-la pregunta de Dani se quedó en al aire.-Joder, tío, perdona, no sabía que estabas con una chica.

Me pasé una mano por el pelo, nervioso.

-Ya, bueno... ha sido improvisado.-en realidad, no estaba mintiendo. Anoche no me esperaba para nada acabar con Unai en mi cama.-Si no te importa...

-Si, si, claro.-respondió.-Nos vemos luego, tío.

Asentí y cerré la puerta, suspirando mientras apoyaba la frente en ella.

-Joder.-dije para mí mismo. Entonces me dirigí al baño, y cuando entré, Unai estaba agachado en el suelo, recogiendo unos cristales.

-¡Mierda!-exclamó soltando de golpe el trozo que tenía en la mano. De repente, de su palma empezó a brotar sangre.-Me he cortado.

Me agaché a su lado y le cogí suavemente de la mano.

-¿Estás bien?

Él me miró y suspiró.

-Lo siento.-se disculpó.-Me he apoyado en el lavabo y no me he dado cuenta de que había un vaso ahí.-tragó saliva.-¿Dani se ha dado cuenta?

Asentí.

-Pero se piensa que eres una chica.-expliqué.-Así que creo que estamos fuera de peligro.

Unai casi sonrió.

-Entonces me quedo más tranquilo.

Le ayudé a ponerse en pie y me acerqué al pequeño botiquín que había en uno de los estantes del baño, sacando alcohol, gasas y una venda. Hice a Unai sentarse en el inodoro y me agaché frente a él.

Los dos nos mantuvimos en silencio mientras le curaba la herida.

-Ya está.-le dije cuando terminé de vendarle la zona donde se había hecho el corte.

Él se miró la mano y entonces me miró a mí.

-Eres el médico más sexy que he tenido nunca.

Me reí.

-Eres un idiota.-le dije poniéndome en pie, no sin antes darle un fugaz beso en los labios. Él sonrió.

Un rato después, Unai se marchaba de mi habitación para ir a la suya a hacerse la maleta. Nuestro vuelo salía en unas horas y nos esperaba un día muy largo: no solo volvíamos a España, sino que íbamos a recorrer las calles de Madrid en un autobús junto a toda la plantilla para mostrarles a los ciudadanos la copa que habíamos ganado. Y después de eso, nos esperaba una presentación de todo el equipo en el escenario que habían puesto en la plaza de la Cibeles.

Yo aún no lo sabía, pero ese día iba a marcar un antes y un después en mi vida.

La suerte de tenerte. Unai + PedriDonde viven las historias. Descúbrelo ahora