Me aseguré de amenazar a Aaron para que no saliera del departamento durante mi ausencia.
—Yo me quedaré con él, tranquila.-me sonrió.
—Ouh–le di un vistazo rápido a Joe–traten de hacer sus cosas en su habitación.
—Charlie.-me miró mal.
—Yo solo decía–solté una carcajada–los veré a la vuelta.
Nos despedimos de los dos y del gato para salir.
—Señorita Brown, señor Burrow.
—Señorito Michael–sonreí–te encargo a ya sabemos quién.
—Vaya sin preocupaciones.
—Muchas gracias.
—Es un placer, mucha suerte a todos por allá.
El clima en Cincinnati parecía empezar a empeorar cada día más, agradecía que Mike nos sacara antes de ahí para poder disfrutar de California un poco más.
En el club aún faltaban jugadores por llegar así que nos sentamos con los chicos en el comedor, todos hablaban de sus cosas emocionados por ir a ganar otro partido que nos afianzara todavía más.
Joe tenía nuestras manos entrelazadas sobre su pierna y platicaba animadamente con Ja'Marr y Andrei de videojuegos, yo solo escuchaba las historias contadas.
—¿Ya llegó Charlie?
El entrenador preguntó desde la puerta.
—Ahora vuelvo.-me levanté.
—Gracias a Dios, ven un momento.
Parecía irritado, pocas veces lo había visto así.
—¿Todo bien?
—No–contestó de inmediato–estoy harto de las... Señoritas que nos puso Mike.
—¿Qué? ¿Por qué?
Caminamos hasta la recepción donde me encontré un cuadro bastante peculiar.
—Zac, no era necesario.-Mónica rechazó mi presencia.
Darren también estaba ahí con la misma cara de pocos amigos del entrenador.
—¿No era necesario?–lo miré con sorpresa al escuchar su tono hacía nuestra Barbie–¿Te das cuenta la diferencia? Charlie es la entrenadora, mi asistente...
—Bueno.-dije despacio.
—Y no se viste como cabaretera, mírala, es una mujer con clase y elegancia.
—Zac Taylor, eso es escandaloso.
—Más escandaloso me parece que lleguen vestidas así sabiendo que están rodeadas de hombres y al lugar al que vamos. No vamos a una fiesta clandestina de esas que se hacen en los barrios bajos de la ciudad donde se meten maleantes y jovencitas de dudosa procedencia–recompuse la postura al escucharlo porque sabía a lo que se refería–vamos a jugar fútbol, es nuestro trabajo.
Las tres iban vestidas con ropa que dudaba que les cubriera el frío y que les apretaba el cuerpo haciéndolo resaltar sus... Encantos.
—En parte Zac tiene razón, Mónica.
—¿Perdona?
—Tenemos una imagen que cuidar sabiendo que desde que llegué se nos crítica por cualquier cosa.
—Entonces el problema no somos nosotras, eres tú.
La mascota de Darren habló.
—No suelo apoyarla pero creo que esta vez tiene razón.
—Nerea–me aclaré la garganta–creí que de las tres eras la más pensante, ya veo que no.
—¿Pasa algo aquí?
Mike se apareció.
—Sí, estos tres nos quieren echar...
—Oye, oye–detuve a la mascota de Zac–estos tres son los responsables de este equipo y tenemos un nombre.
—¿Ya las viste cómo van vestidas?–Darren preguntó–no van a viajar así, ¿Qué van a usar el día del partido? ¿Trajes de baño brasileños?
—Tú siempre buscas llevarme la contraria, Simmons.-sacó su tono de superioridad.
—No le hables así a Darren, menos delante de mi–intervine–estas mujeres no se suben al avión del equipo te guste o no.
—¿Y quien lo dice?
—Yo–lo reté–porque yo también tomo decisiones aquí, ¿Algún problema?
—Cuida tu tono cuando te refieres a mi, jovencita.
—No lo pienso cuidar porque me parece que hemos venido haciendo un trabajo brillante como para que estos hámsters de laboratorio lo echen a perder con un escándalo innecesario.
—Será mejor que nos calmemos todos–Mónica se metió en medio–¿Mike? ¿Por qué no hablas con Charlie en privado?
—Mi oficina.
—No hasta que las saques de aquí.
—Charlie, mi oficina.
—Me parece que lo que tienes es miedo de que te quitemos la atención.-Nerea habló con el mismo tono de superioridad de Mike.
—¿Por qué no cierras el pico?
Amenacé con dar un paso al frente.
—Oficina de Mike–me movió–Charlie–me hizo verla–ahora.
—Que la seguridad las saque de aquí o las voy a sacar yo.-amenacé antes de irme.
