Después de decirle a Aaron que Iván estaba en Cincinnati y que me dijera que todo se había acabado, nos quedamos en un silencio sepulcral que adornaba la oscuridad de la que nunca habíamos salido.
El sonido del telefonillo anunciando la llamada de Michael nos hizo reaccionar de inmediato.
—¿Qué?–contestó–¿Y por qué lo dejas subir imbécil?
—Aaron.
—Joe está subiendo–azotó el teléfono en la base–tuvo una discusión con Andrei y Jones.
—¿Charlie está abajo?
Antes de que pudiera contestarme, la puerta comenzó a ser aporreada desde el pasillo.
—Lo voy a calcinar vivo–me hizo a un lado para abrirle–¿Qué demonios quieres aquí?
Instintivamente fuí tras él porque sabía de lo que era capaz.
—Sal de mi camino, Aaron–su mirada oscurecida erizó mi nuca–tengo que hablar con ella.
—¿Para que? ¿Para atormentarla de nuevo?
—Aaron, por favor.-apreté su brazo.
—Ocúpate de tu novia y tus asuntos, Aaron–volvió a amenazar–yo me encargaré de los míos y de mi novia. Solo así estaremos en paz.
—Ve con Rossie–lo hice que me mirara–pídele a Charlie que te deje llevarla a su departamento. Es el lugar más seguro ahora mismo, muchas mujeres tienen la dirección de Andrei y van a empezar a buscarte por ahí.
—No te voy a dejar sola con este desgraciado y el otro ahí fuera.
—Maldita sea.
Sorbiendo la nariz como un niño pequeño, vacíe mi mochila en la mesa del comedor y saqué la pistola que me habían dado en San Diego.
—¿De dónde sacaste esto?
—Los muchachos en San Diego–aún con los ojos empañados podía ver a Joe detrás de nosotros–llévala contigo y pon a salvo a Rosalie, te lo suplico.
—Déjala contigo.-la sostuvo entre mis manos.
—Aaron...
—¿Me conoces lo suficiente?–asentí–déjala aquí y cuídate. Pondré a Rosalie a salvo y volveré.
Me quité el rosario que me había dado cuando salí de San Diego y se lo puse en el cuello.
—Ve con Dios... Por favor.
Me abrazó pero conocía esa cara, se estaba haciendo el fuerte para no demostrar que estaba igual de asustado que yo.
Lo hacía siempre.
—Te veré a la vuelta.-dejó un beso en mi cabello.
Antes de salir se topó con Joe, se miraron como dos perros rabiosos.
Eran las personas que más me importaban y sentía que los estaba perdiendo como agua entre los dedos.
—Aaron–lo llamé–ve con Rosalie.
Lo observé salir sintiendo que necesitaba ir con él pero frente a mí tenía a Joe.
Me observaba apaciblemente, como calculando cualquier movimiento milimétrico que hacía. Me sentía desprotegida frente a él, como si estuviera desnuda frente a él pero está vez no había sensaciones que no fueran miedo y tristeza.
—¿Cómo pasaste un arma por la seguridad del aeropuerto?
Rompió el silencio.
—Así.-encogí los hombros.
—Entiendo–asintió–no estoy aquí para cuestionarte, mucho menos para señalarte por... Lo que sea que haya pasado–apretó los puños–no supe cómo reaccionar allá afuera.
—No importa.
—Sí importa, Charlie–el azul de sus ojos de repente era oscuro como la noche afuera–sí importa porque lo voy a matar con mis propias manos.
—Joe.-sentí que el aire se me escapó de los pulmones.
—Voy a traerlo de rodillas ante ti–su respiración era pesada como una roca–voy a hacer que suplique por su vida.
—No–mi cuerpo temblaba sin consideración–no, Joe. Tú no eres así... Tú no eres como él.
—Si tengo que quemar la ciudad para demostrarle al mundo que no se pueden meter con mi mujer, lo haré. No me importa si me cuesta la vida.
Jaló mi brazo y me abrazó con desesperación, me enredé a su cuerpo tratando de sentirlo. Que su calor me hiciera dejar de temblar pero no había, estaba frío como el hielo.
No podía quedarme quieta pero tampoco podía hacer nada, Joe no iba a dejar que pusiera un pie fuera del edificio si él no venía conmigo y yo no lo quería arriesgar.
Un dolor de cabeza comenzó a dejarme cegada, sentía que en cualquier momento me iba a explotar el cerebro.
Mientras Joe atendía una llamada, me metí en mi cama restregando mi cabeza intentando quitarme aquel dolor.
—Charlie–se sentó a mi lado–ya está, ven aquí.-me jaló con cuidado y me abrazó.
—Odio esto–sollocé–lo odio... Me jodió la vida y viene por más.
—Es lo que quiere–me apretó entre sus brazos–meterse en tu cabeza y acabarte desde dentro. No le des el gusto, eres más inteligente que eso.
Aaron volvió en mitad de la madrugada haciendo que Joe saliera de mi habitación de inmediato.
—Me quedaré con ella–le informó a Joe–el equipo se concentrará temprano en la mañana.
—¿Y tú?
—Yo no atiendo los partidos, la cuidaré mientras estás ocupado.
—Estoy aquí–salí de la habitación–¿Dónde está Rosalie?
—En casa de Mike.
—¿En casa de Mike?
—Con todos esos guardaespaldas nadie se le acercará. Prefiero que esté ahí.
—Tienes que ir a casa.
—No.
—Sí, tienes que preparar tus cosas y cumplir con el equipo. Nosotros estaremos bien.
—Vas a cometer una estupidez apenas salga por esa puerta.
—Charlie ha estado sola toda su vida–habló con serenidad–no hará nada mientras yo esté aquí, sabe cuidarse sola.
Joe soltó un suspiro de frustración al escucharlo.
—Ve... Por favor, me quedaré aquí.
—Por favor...
—Joe, dame tu voto de confianza–lo miré directo a los ojos–estaré bien.
Miró detrás de mi para después escuchar la puerta de la habitación de Aaron cerrarse.
—Dime que está no es la última vez que nos vemos.
—Joe.
—Se siente como una despedida, Charlie.
—No lo es, dijiste que me cuidarías de él, ¿No?–asintió–entonces ve con el equipo, yo te esperaré aquí.
Jaló mi cabeza con la mano en mi nuca y con la otra apretó mi espalda a la vez que exigía un beso de mis labios.
—Confío en ti.-me dijo apenas nos separamos.
Antes de irse, volvió a besarme.
Si hubiera sabido que aquella sería la última vez, lo hubiera hecho toda la noche.
Lex.
ig: @notlexiezzl
