XXIV

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—¿Quieres venir conmigo?–negué despacio–¿Por qué?
—Porque es tu momento, te veré más tarde.
—¿Segura?
—Sí, Joe.

   Antes de partir a Nueva Orleans, Joe tenía que firmar oficialmente su nuevo contrato con el equipo.

   Un bastante adecuado nueve del nueve, como él.

   Aunque apenas había abierto los ojos me había preguntado sino quería ir con él le dije que no, era un momento significativo para él en el cuál no sentía que pertenecía.

    Estaba parada frente a la maleta que me había entregado Barbie stylist una noche antes.

—Yoshi me regaló un rompecabezas y este libro–lo miré de reojo–¿Qué? Me mantendré ocupado mientras no estás.
—Eso es bueno.
—¿Qué tienes?
—Nada, estoy abrumada es todo, ¿Necesitas algo antes de que me vaya?
—Hmmm no, ¿Podré usar el gimnasio del edificio?
—Sí, la tarjeta de acceso está allá–señalé una estantería–nada de excursiones raras, ¿Entendiste?
—Que no, que me voy a portar bien.
—Bueno, me voy a cambiar.
   Para mi poca paciencia, me siguió a la habitación.
—Oye–se tiró a mi cama–¿Vas a caminar de la mano de Joe?
—No, Aaron, no voy a caminar de la mano de Joe.
—¿Va a venir por ti?
—Tampoco.
—¿Por qué? Hoy firma su nuevo contrato, ¿No vas a estar con él?
—No.
—Es muy guapo, ¿Por qué te resistes tanto?
—Voy a empezar a creer que esas salidas con Andrei a altas horas de la noche son sospechosas.
—No vuelvas a poner en duda mi heterosexualidad de esa manera.
—Entonces no digas tonterías, vete que es tarde y quiero cambiarme.
—Ni que nunca te hubiera visto en ropa interior.
—Fue en sexto grado, idiota.
—Esta bien, está bien–se levantó y salió pero asomó la cabeza otra vez–¿Le vas a dar un beso a mitad del campo?
—¡Fuera!
   Le aventé un cojín.

   Una vez lista me miré por última vez en el espejo, el outfit parecía sacado del clóset de Mónica.
   Una camisa blanca de botones fajada por dentro del pantalón negro de tiro alto que se ceñía a mi cintura con un cinturón delgado, se iba haciendo más acampanado conforme llegaba a mis pies que se posaban sobre unos tacones stiletto negros.
   Los accesorios y el maquillaje me parecían un poco innecesarios pero todo venía con instrucciones claras por parte de Barbie.
   Me despedí de mi amigo no sin antes amenazarlo cincuenta veces más con que no debía salir mientras yo no estuviera.

—Señorita Brown.-saltó de su silla.
—Señorito Michael, te dejo a cargo de mi inquilino por favor.
—Claro, con gusto.
—Te veré luego entonces.
—Mucha suerte allá afuera, señorita Brown, demuestre quien manda.
—Gracias, Michael, lo intentaré.

   Conduje al club justo a tiempo, veía a algunos jugadores despedirse de sus pequeños en el estacionamiento.

—Bueno, bueno, bueno–abrió la puerta–maldito seas, Burrow, te odio.
—Trenton, ya basta–lo hice a un lado–¿Ya llegó Mónica?
   Le pregunté a la secretaria.
—Esta arriba con el señor Brown, bajarán en un momento.
—Oye, ¿Mónica te dió permiso de publicar esos tweets?
—Evidentemente no, Tee.-me reí.
—Te prometo que voy a atrapar todos los balones para ganar.
—Eso espero.
   Seguimos platicando hasta que un chico del staff nos pidió pasar al comedor para recibir la galletita de la suerte del patrocinador.
   Andrei y Ja'Marr se pararon a mi lado para platicar de cualquier cosa aunque dejé de prestarles atención cuando miré a Joe caminar por el pasillo acompañado de Mike.
   Llevaba un traje blanco bastante despreocupado con zapatillas deportivas.
   Era injusto como parecía haber puesto muy poco esfuerzo en un atuendo que lo hacía lucir tan bien.
—Buenas tardes–saludó a los chicos–buenas tardes.
—Hola, Mike.-acepté su pequeño apretón de manos.
—Chicos.
—¿Qué hay, Joey? ¿Como luce la mano más cara de la liga?
—Lista para ganar.-le contestó a Trenton.
—¿Ya llegó Zac?
—Sí, está allá.-señalé dentro con la cabeza.
—Vamos, ya es hora de irnos.
   Puso su mano en mi espalda y se esperó a que todos entrarán al comedor.
—Luces espectacular hoy.
—Tú también, aunque me cueste aceptarlo.
—¿Te cuesta aceptarlo?
—Bastante.-la sonrisa me traicionó.
—¿Sabes con qué mano firmé?–me mostró la mano derecha–la misma que usé anoche.
—Joe.-todo mi interior se estremeció.
—Oigan, ¿Pueden venir?
   El entrenador captó nuestra atención.

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