Puse las balas que tenía sobre la mesa, no había más.
—Uno de los muchachos me dijo que la gente del casino es gente suya.
—No te vas a comprar favores con esa gente.
—No es momento de escoger.
Moviendo la pierna arriba y abajo, me observó con la boca recargada sobre sus manos cruzadas.
—Si no salgo de esta... Asegúrate que esta vez mi familia reciba mi cuerpo.
—Y tú asegúrate de que me sepulten con mi mamá.
Asintió varias veces con la cabeza tratando de ocultar sus lágrimas.
—Vamos a acabar con ese hijo de puta.
Joe dejaba mensajes cada cinco minutos, tuve que tomar varias fotos haciendo diferentes cosas para poder ocultar lo que realmente iba a hacer.
El frío en Cincinnati era congelante, la nieve cubría las calles y el río comenzaba a cristalizarse.
—Michael.-hablé saliendo del ascensor.
—Señorita Brown.
—Voy a salir–asintió–si alguien viene y pregunta por mi, no me importa si es Mónica o quien sea...
—¿No está?
—No vivo más aquí, me fuí. Nadie más vivió conmigo, ¿De acuerdo? Tú no sabes nada.
—Sí, señorita Brown.
—¿Cuento con tu discreción?
—Siempre, señorita Brown.
—Me llevaré a Aaron, volveremos antes de la media noche.
—¿Señorita Brown?
—¿Sí?
—¿Y si es el señor Burrow?
—Esta con el equipo.
—Entendido.
Subí al Audi tiritando como perrito chihuahua.
—¿Hablaste con él?
—Sí.-contesté soplando mis manos buscando calentarlas.
—¿Segura que no dirá nada si vienen?
—No–encendí el coche–de alguna manera confío en él.
—Si tú dices. Vamos, no hay tiempo que perder.
Conduje por las frías calles de Cincinnati hasta llegar al casino clandestino de dónde habíamos sacado a Charlie Jones semanas atrás.
—¿Segura que son buenos?
—Buenos–moví la cabeza–al menos nos conocen.
Bajamos del coche y cruzamos la calle, trataba de ver alrededor buscando alguna señal de Iván pero no había.
—¿Sí?
Una anciana abrió la puerta.
—Charlie–me señaló–Dragón, vinimos...–se hizo a un lado para dejarnos entrar–¿Gracias?
Nos hizo una señal para que la siguieramos. Caminamos detrás de ella escaleras arriba hasta llegar a una puerta blanca doble.
—Los atenderán en un momento.-abrió la puerta.
La sala era roja, como de terciopelo y estaba casi igual de decorada que el salón donde había dejado mi cadena y mi dinero.
Pasó un buen rato hasta que la puerta se abrió haciendo que los dos viéramos quien había entrado.
—Jóvenes, que sorpresa.-nos sonrió.
Pero su sonrisa inspiraba todo menos confianza.
—Señor...
—Llámame Christopher o Christo, como lo hacen mis amigos.
—¿Somos sus amigos?
Regañé a mi amigo con una discreta mirada ante su pregunta torpe.
—Dragón–soltó una risa–si mi gente en San Diego no me hubiera dicho quién eras desde el primer día que viniste a mi casino, serías hombre muerto de verdad y no solo en papeles.
—Christo... Pher–carraspeé–vine porque uno de los muchachos en California me dijo que podía venir a buscarte si necesitaba un favor.
Al compás de mis palabras caminó hasta la silla detrás de un gran escritorio de madera.
—¿Y hoy es ese día?–señaló las sillas también rojas aterciopeladas para que nos sentaramos–¿Cuál sería el problema para que semejante belleza necesite de mi? Y tu amigo, claro.
Veía a Aaron apretar los músculos de su rostro ante los halagos del señor calvo y musculoso.
—Iván Medina está en la ciudad, vino por el Dragón pero estoy segura que va a querer pasar por encima de mi primero.
—¿Y ustedes no pueden sólos contra él?–arrugó el entrecejo–esas pistolas en la cintura deberían ser suficiente, ¿No?–recompuse discretamente la postura al escucharlo–¿O es por lo que le robaste?
—Yo no le robé nada.-se defendió.
—Solo devuelvelo.
—No...
—No puede porque yo lo perdí–los dos me miraron–cuando traje al dragón hasta aquí, me deshice de la mercancía para poder asumir el problema.
Guardó silencio unos segundos observandome detenidamente.
—Necesitamos de su ayuda para poder neutralizarlo antes de que intente algo contra las personas de nuestro alrededor.
Christopher seguía viéndome a pesar de que Aaron le hablaba.
—Necesitamos su ayuda porque quiero acabar con él por lo que le hizo al dragón y por lo que me hizo–hablé viéndolo a los ojos–quiero acabar con Iván Medina desde la raíz, luego pagar a la gente de la mercancía para que el dragón salga libre de todo esto pero no puedo hacerlo sin el respaldo de un pez grande como usted.
—Charlie.-me miró con alarma.
—Quiero entregarle al Dragón hasta que yo me deshaga de Medina.
—Charlie.-ahora no solo su mirada estaba alarmada, también el tono en su voz.
—Luego, pagaré cualquier precio... Monetario o el que usted disponga.
Christopher tronó los dedos haciendo que varios hombres entraran.
Los dos saltamos de la silla, solo Aaron intentó sacar el arma haciendo que lo neutralizaran de inmediato.
—¡Charlie!–forcejeó–¡Esto es una estupidez! ¡Esto es un suicidio!–miré al piso intentando desaparecer–¡Dijimos que lo haríamos juntos!
—Llevenselo.-volvió a tronar los dedos.
—¡Charlie! ¡Maldita sea!–lo sacaron a rastras–¡Charlie!
Los gritos se ahogaron detrás de las puertas mientras yo sentía mi cuerpo temblando.
—Iván Medina tiene mucho poder...
—Y también me tiene miedo.-lo miré.
—Eres una mujer preciosa, Charlie. Tienes unos ojos que pondrían de rodillas a cualquiera–tragué fuerte pensando lo peor–sería incapaz de ser un poco hombre contigo como Medina pero, ¿Estás dispuesta a tirar tu vida por él?
—Iván Medina me humilló de la peor manera en la que puedes humillar a alguien. Iván Medina arruinó mi vida aquella noche y no hay día en el que no sueñe con ser yo la última persona que mire antes de morir como un perro lleno de sarna. Quiero ser yo la última persona a la que le suplique tanto como supliqué yo.
El gran hombre pareció suavizar su dura expresión un momento pero de inmediato la retomó.
—Lo traeremos a tierra firme.-asintió.
—Sobre el dragón...
—Me encargaré personalmente de que cuiden de él.
—Señor... Christo–tragué fuerte–si algo sale mal y yo... Que me lleven con mi madre.
—¿Dónde está ella?
—Sepultada en el cementerio de la Santa Cruz y esto–saqué un fajo de billetes–ella siempre me dijo que quería un ángel sobre su tumba.
—Por supuesto–tomó el dinero–lo guardaré para que se lo pongas cuando hayamos terminado el trabajo.
—Gracias.
—Agradeceme cuando todo esté bajo control.
