XXII

403 26 7
                                        

    Desperté aprisionada por su pierna y su brazo, la fuerza con la que recaía en mi cuerpo me hacía pensar que estaba despierto. Lo miré por encima de mi hombro y no, estaba profundamente dormido.
   Lo aparté con cuidado, en respuesta solo obtuve un suspiro pesado, se acomodó en la cama plácidamente, ¿Cómo podía alguien dormir así de profundo?
   Encontré mi ropa interior en algún rincón de la habitación junto a su playera, me puse ambas prendas y salí de la habitación despacio para no despertarlo.
   Me descubrí sonriendo como tonta mientras ponía la cafetera.
   Solo de recordar la noche anterior todo dentro de mi se estremecía, me sentía como una niña que acaba de hacer la mejor de sus travesuras.
  
—Buenos días.-salió todavía medio dormido.
—Buenos días, ¿Café?
—Por favor–arrastró los pies hasta el sofá y se dejó caer–me siento increíble, ¿Tú no?
—Sí, también yo.-sentí mi cara arder.
   Serví café en dos tazas, aceptó la suya y antes de que me sentara en otro lugar, me sentó en sus piernas.
—Te queda muy bien mi ropa–sonrió–me gusta.
—¿Te parece?–asintió–es muy cómoda.
—¿Sigue en pie eso de quedarnos aquí todo el día?
—Por supuesto, solo te recuerdo que en la noche tenemos que ir con los chicos a la feria.
—¿Tenemos?
—Tú apoyaste esta idea, yo no.
—Hmm, está bien.
   Dejó su taza y la mía en la mesita del frente para poder besarnos con más comodidad.
   Metió su mano debajo de la playera para tocarme, de inmediato me senté a horcajadas sobre él. Apretaba mi trasero para que nuestra cercanía fuera todavía más.
   El telefonillo comenzó a sonar.
—Tengo... Tengo que contestar...
—No–besó mi cuello–que se esperen.
—Joe, por favor puede ser importante–me liberó sin muchas ganas de dejarme ir–Michael.-contesté.
—Señorita Brown, Rosalie Brown subió sin permiso.
—¿Cómo?
   La puerta se abrió haciendo que mirara alarmada.
—¿Sabías que papá tiene una llave de nuestros departamentos...
   Se quedó de pie viéndome y luego viendo a Joe en calzoncillos sentado en mi sofá.
—Rosalie.
—Qué... Qué... ¿Te acuestas con Joe?
—Rosalie, por favor.
—¿Estas enredada con él sabiendo lo mucho que me interesa?
—Creo que hay un punto ahí que no encaja–habló–yo nunca estuve interesado en ti, Rossie, siempre lo supiste.
   La frialdad en sus palabras me dejó un poco descolocada.
—Por favor, ¿Por qué no me acompañas?
—No me toques–dió un paso atrás cuando intenté alcanzarla–Bruno tenía razón, eres un ser humano despreciable.
—Si lo piensas adelante pero tienes que tranquilizarte.
—Tú no me dices que hacer.
—Rosalie–lo miró–es mejor que te vayas.
   Hacía varios días que no veía a ese Joe con aires de superioridad y me ponía nerviosa.
   La chica salió furiosa estampando la puerta.
—Tengo que hablar con Mike.
   Me metí en la habitación para buscar ropa decente.
—¿Crees que le diga que estamos saliendo?
—No me preocupa que le diga en las condiciones en las que nos encontró.
—¿No?
   Arrugó el entrecejo.
—Me preocupa que haga una estupidez, está demasiado susceptible.
—Charlie, no es tu obligación.
—Es mejor que te vayas.
—Char.
—Joe–me detuve un segundo–por favor, llamaré después.

   Conduje a casa de Mike.

—Ya vino a hacer su drama–me informó apenas entré–no te preocupes que Mike no le prestó atención.
—Mónica no es solo no prestarle atención, Rosalie necesita ayuda profesional.
—Y la tendrá.
—¿Dónde está?
—Salió.
—Puede ir a buscar a ese infeliz...
—Hey–me tomó de los hombros–tranquila, la seguridad está con ella y apenas puedan la van a poner a salvo.
—Charlie.-salió de su despacho.
—Mike, oye...
—Ya me dijo lo que me tenía que decir, respeto tu vida privada así que no tienes que darme explicaciones.
—¿Gracias?
—La voy a poner en un centro psiquiátrico aquí en Cincinnati para tenerla más cerca.
—¿Te dijo algo?
—Sí, que Bruno tenía razón y que soy un ser despreciable.
—Habló cegada por un coraje injustificado, Joe jamás se mostró interesado en ella.
—No sé, Mike–rasqué mi frente–lo mejor es poner mi distancia con él.
—Charlie.
—No, Mónica. Rosalie es mi familia y si alejarme de Joe ayuda a que su proceso sea más fácil, lo haré.
—No tienes que sacrificar tu felicidad por la de nadie más, Charlie, eso quedó en el pasado.
—Es mejor que pienses con cabeza fría, ahora mismo no vas a resolver nada que no tienes en tus manos.
   Lo miré, me molestaba que tuviera razón.
—Como sea.

Better.Donde viven las historias. Descúbrelo ahora