Había planeado no bajar a cenar con el equipo pero tenía que hacerme presente.
—¿Charlie?–detuvo la puerta del ascensor–buenas noches.-entró también.
—Charlie, hola.
—¿Cómo estás?–encogí los hombros–lo que hiciste hace rato...
—Ahorrate los sermones, Jones.
—No te iba a dar un sermón–lo miré–me pareció increíble que alguien la pusiera en su lugar y me más que hayas sido tú. Se la pasan estorbando todo el tiempo.
—Ya–le mostré la mano–tuve consecuencias.
—Tienen que revisarte–la tomó entre sus manos para revisarla–le diré al doctor que te ayude con esto.
Las puertas se abrieron en el lobby.
—Estaré bien.
—No, vamos serán cinco minutos.
Los doctores estaban atendiendo a los jugadores con pequeñas molestias. Uno de ellos se puso a trabajar en mi mano, no era nada grave, solo la palma lastimada por la fuerza del agarre como con pequeños cortes por las uñas.
—Listo–terminó de enredar la venda–un par de días y estarás como si nada, igual toma estos analgésicos.
—Gracias, doqui.-acepté las pastillas.
—Gracias, doc.
—No hay de que, muchachos.
Caminamos juntos de nuevo a la salida del salón que servía como pequeño hospital.
—Supongo que ahora tienes una mano menos.
—Afortunadamente la derecha no la uso, ventajas de ser zurda.
—Pues conectaste muy bien con la derecha, deberías considerarte ambidiestra.
Sostuvo la puerta para que saliera.
—¿Me viste?
—Por supuesto–se rió–le acomodaste muy bien las ideas, al que no le pareció tanto fue a Joe.
—Me reclamó cosas.
—¿Sí?
—Sí pero bueno, nada que me quite el sueño.
—Lo veo distante con Yoshi.
—Me dijo que no le parece la forma en que somos... Cercanos.
—No le veo nada de malo, Yoshi es una persona que demuestra mucho cariño por sus amigos. Me parece que Joe quiere ser territorial, no lo juzgo porque lo sería igual tomando en cuenta donde estamos pero no con uno de tus mejores amigos.
—Se nos fue todo de las manos.
—¿Dónde está por cierto?
—Ni idea, después de que discutimos se fue de mi habitación y no lo he visto, no sé si vaya a bajar a cenar.-un suspiro involuntario se me escapó.
—No le prestes tanta energía, mejor–abrió la puerta del comedor–cena bien y toma los analgésicos.
—Lo haré.
—Te veré luego.
—Claro, provecho.
—Igual.-me sonrió.
Darren me cuestionó desde la mesa de entrenadores con señas por la mano vendada.
Me sirvieron la cena y un café, en mi camino a la mesa me encontré la mirada molesta de Joe al final del salón. Estaba sentado con Ja'Marr y otros jugadores.
Me había visto entrar con Charlie Jones no había dudas.
Andrei estaba sentado con Trenton del otro lado del salón, a su lado llegó Charlie también.
—¿Marcas de la batalla?
Preguntó cuando me dejé caer al lado de Simmons.
—Así es, entrenador.
—¿Grave?
—No, solo rasguños.
—Tuyos me imagino–lo miré mal–es que no le diste tiempo ni de reaccionar.
—Zac Taylor, basta.
—Déjala cenar, Zac, no necesita más estrés–mi amigo Darren me defendió–suficiente tiene con que Burrow la esté asesinando con la mirada desde su lugar.
Levanté la mirada de mi cena para buscar si eso era cierto y sí, sí lo era.
—Poco me importa.
—Yo estaría igual si Mónica entrara con mi peor enemigo...
—No me menciones a Mónica y Jones no es el peor enemigo de nadie–dije con molestia–Joe no es mi dueño y tampoco me mantiene como para estar en el derecho de molestarse si entro o no con alguien de mi equipo al comedor.
—Piugh.-uno de los entrenadores contestó.
Levantó la servilleta en señal de paz.
—Gracias.-rodé los ojos.
—Mejor hablemos de estrategias.
Platicamos cosas del partido lo cual agradecía porque mi cabeza era un mar de pensamientos revueltos.
Casi al final de la cena y después de miradas de enojo cruzadas, Mike entró al comedor seguido de Mónica y Nerea.
—¿Quién pidió mariachis?
Darren preguntó echando su brazo sobre el respaldo de mi silla.
—Muchachos–se paró frente a todo el mundo–y muchacha–observé con seriedad–solo vengo a desearles suerte para mañana, no dejemos que caiga el honor que hemos construido estas semanas.
—¿Hemos? Pff.-dije por lo bajito.
—Buenas noches–un ligero buenas noches se escuchó en coro–¿Charlie?–me llamó frente a todo el mundo acorralandome–por favor.
—Maldita sea.-me levanté molesta.
Salí del comedor con ganas de salir pero corriendo de ahí.
—Charlie.
—Evitame la pena, Mónica.-le respondí apenas intentó acercarse a mi.
—Sé que estas molesta...
—Lo que sea que me vayas a decir, Mike. No será frente a este par de arpías.
—No me pienso ir.-Nerea sonrió con desfachatez.
—Charlie, por favor.
—Es mi última palabra, Mike–lo reté con la mirada–no soy tu hija, soy una entrenadora y si tú no la sacas del equipo la voy a reportar por espionaje.
—No serías capaz.
—Sabes que a la liga no le gusta eso.-me encogí de hombros.
—Escucha una cosa...
—Escucha tú, cabeza hueca–di un paso adelante–fuera de mi camino, es mi última advertencia.
