Thomas Spencer.
¿Sabes para qué sirve este medicamento?
El celular vibró apenas unos minutos después con una respuesta.
Es un antidepresivo. ¿Por qué lo preguntas?
Me llevé dos dedos a los labios, no sintiéndome conforme con esa respuesta. Solté una exhalación antes de teclear.
¿Hay algún otro uso que se le pueda dar?
Otra respuesta.
Puedo investigarlo. ¿Pero por qué te interesa tanto saberlo?
Volví a dejar el celular sobre la barra de la cocina sin siquiera molestarme en contestar el último mensaje.
―Antidepresivo ―deletreé cada sílaba de la palabra.
Los ojos azules de Robert me observaron atentamente incluso después de que terminé de hablar.
―¿Pasa algo, Robert?
―¿Cómo viste a Bella? ―preguntó de repente.
Bueno, eso se desviaba por completo del tema. Le hablé todo este rato sobre los terrenos, ¿y él me preguntaba que cómo vi a su hija?
―¿A qué te refieres? ¿Cómo que cómo la vi?
―Es decir, me refiero a que pasaste mucho tiempo a solas con ella, algo debiste haber notado, ¿no? ―inquirió.
Mis cejas se arquearon ligeramente.
―No estoy entendiendo a qué te refieres ―No me esforcé en ocultar la confusión.
Él suspiró y se recargó en su silla.
―Últimamente...Derek y yo la hemos notado algo distinta.
―¿Distinta?
―Ha bajado considerablemente de peso.
Ladeé la cabeza.
―¿No se les ocurre que a lo mejor está haciendo alguna dieta?
Negó lentamente.
―Siempre parece perdida en sus pensamientos ―siguió.
―Bueno, ella es muy distraída ―Le resté importancia.
―No estás entendiendo ―Se inclinó sobre su asiento―. Me preocupa que no se esté alimentando bien y lamentablemente ya no vive aquí, no puedo vigilarla día y noche para asegurarme de que está bien. Sabes que desde la muerte de su madre, ella la ha pasado mal y aunque estos últimos años todo ha ido mejor, me preocupa que ahora esté sufriendo alguna recaída.
―¿Alguna recaída? ―repetí―. Robert, ¿hay algo sobre Isabella que me esté perdiendo?
Un golpe en mi rostro me obligó a salir de mis pensamientos solo para quejarme.
―Tierra llamando a Tom ―habló Samuel sosteniendo otra uva y pareciendo listo para lanzarla.
―¿Te caíste de niño o qué te pasa?
―No me caí, solo tuve cáncer. Debe ser peor seguramente.
Rodé los ojos.
―¿En qué tanto pensabas?
Carraspeé.
―Nada importante. Me preparaba para ir a trabajar ―dije al mismo tiempo que me levantaba y tomaba mi portafolio de la silla a mi lado―. Llegaré temprano. ¿Vas a estar ocupado?
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Dime que te quedarás.
RomanceIsabella Castle aprendió hace mucho tiempo que Thomas Spencer era la última persona con la que podría llevarse bien. Sus personalidades eran opuestas, sus diferencias insalvables y un secreto enterrado en su pasado, solo alimentaba la distancia y la...
