Había despertado tan solo hace unos segundos.
La luz y el techo blanco me calaban en los ojos y el pecho...me dolía.
Pero seguía respirando.
Aun respiraba.
―¡Isabella! ―Escuché la voz de mi padre, esta vez más clara―. ¡Voy por un médico, no cierres los ojos, mi vida!
Lo próximo que supe es que la puerta se abrió y pronto mi médico estuvo examinándome para asegurarse de que estaba mejor. Al parecer, era así porque yo pude articular palabras, pude sentirme con normalidad, solo un tanto débil y aturdida.
Y asustada.
―¿Thomas...? ―le pregunté a mi padre―. ¿Dónde está Thomas? ¿Cómo está él, papá?
Había recibido dos puñaladas.
Lo último que recordaba antes de cerrar los ojos es que él se estaba desangrando y que había perdido la consciencia.
Me levanté y pretendí bajar de la cama.
―No, no puedes levantarte. Aun estás débil ―me dijo―. Estuviste inconsciente por tres días.
―¿Tres días? ―susurré.
La puerta se abrió de golpe y por ella, ingresó mi hermano, pareciendo alterado. Cuando sus ojos me enfocaron, pareció respirar de nuevo.
―¡Niña tonta! ―exclamó, acercándose para para rodearme con sus brazos―. ¡¿Cuándo pararás de asustar a tu hermano mayor de esta manera?! ¡Se supone que soy yo quien tiene que asustarte!
Él me abrazó con más fuerza.
―Derek...
―Tuve miedo de que no despertaras, Bellita ladroncita ―murmuró sin apartarse―. Jamás, jamás vuelvas a asustarme de esta manera. Por favor jamás vuelvas a hacernos esto a papá y a mí.
Él se separó para verme a la cara.
―¿Por qué no nos dijiste nada, eh? Somos tu familia, ¿entonces por qué no nos dijiste nada sobre tu enfermedad, hija? ―Cerré los ojos al escuchar el tono desarmado de papá―. Estás tan enferma y ni siquiera pudiste decírnoslo.
―Tenía miedo de preocuparlos. Después de la muerte de mamá...―susurré―, las cosas no volvieron a ser las mismas. Y ahora con mi enfermedad...no podía preocuparlos de esa manera.
―Pero somos nosotros; tu padre y yo, tu hermano ―habló Derek―. Lo habríamos enfrentado juntos y de esa manera no habrías estado tan sola mientras atravesabas esa horrible enfermedad. Somos una familia, hermana, ¿qué más apoyo se podría tener si no es el de tu familia?
Sollocé bajo.
―Lo siento, lo siento ―susurré con la voz desarmada―. Tenía tanto miedo porque no quería que sufrieran por mí. Y tengo...tengo mucho miedo.
Mi hermano me estrechó entre sus brazos. Y acto seguido, mi padre nos estrechó a ambos entre los suyos.
―Mi tratamiento no está funcionando. ―Volví a sollozar―. Y hay pocas probabilidades de que sea candidata para un trasplante. Si no lo soy...―Me detuve―. Realmente no me quiero morir...
Mi hermano me soltó con lentitud para darle espacio a mi padre. Se levantó y pronto, mi papá llevó sus manos a mi rostro para limpiar mis lágrimas.
―Mi niña...―musitó, entregándome una pequeña sonrisa tranquilizadora―. Eres candidata.
Apenas pude procesar sus palabras.
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Dime que te quedarás.
RomansaIsabella Castle aprendió hace mucho tiempo que Thomas Spencer era la última persona con la que podría llevarse bien. Sus personalidades eran opuestas, sus diferencias insalvables y un secreto enterrado en su pasado, solo alimentaba la distancia y la...
