"Déjame mostrarte lo orgullosa que estoy de ser tuya".
–Selena Gomez.
Isabella.
Durante todo el trayecto, él apretó sus manos sobre el volante tan fuerte que sus nudillos se pusieron blan...bueno, al menos lo que se alcanzaba ver debido a la sangre que tenía en ellos producto de los golpes que le dio a mi ahora exjefe.
―Tu labio está sangrando. ―Me atreví a hablar cuando llegamos a la casa y bajamos del coche―. Ven.
Tomé su mano, por lo que ingresamos a la casa. Lo llevé hasta la mesa y lo obligué a sentarse en una de las sillas para yo después ir al baño a buscar un kit de primeros auxilios.
Cuando regresé, él me observó sacar todo lo necesario para limpiar las heriditas que le quedaron.
―No tienes que hacerlo. Estás cansada, deja que me encargue yo.
―Ni hablar ―Lo detuve mientras me metía entre sus piernas para estar más cerca―. Esto te va a arder.
Soltó un siseo cuando presioné el algodón sobre la comisura de su boca.
―Gracias por defenderme.
―No iba a dejar que te tratara de esa manera. Ese tipo es un imbécil.
―Me duele tener que darte la razón porque no me gusta darte la razón ―me burlé―. Pero es cierto, siempre tuviste razón respecto a él; es un imbécil.
Frunció un poco los labios.
―Yo siempre la tengo.
Sonreí mientras negaba.
―Afortunadamente no te causó tanto daño. Tú sí lo dejaste muy mal ―me reí―. Es increíble cómo terminó la noche después de tan bien que iba.
―Ah, a mí me parece que terminó perfecta ―Se encogió de hombros―. Ahora una bella mujer me está cuidando y además, no tendrás que volver a soportar a ese tipo.
Mi sonrisa creció.
Tomé su mano y un nuevo algodón para limpiarla.
―Sí, pero me quedé sin empleo ―suspiré―. ¿O qué tan cierto es eso de que tendré mi propio laboratorio?
―Tan cierto como se escuchó ―dijo, llevando sus manos detrás de mi espalda para atraerme más a él―. Puedo diseñarte y mandar a construir el laboratorio de tus sueños, como tú lo desees.
Reí y llevé mis manos a su mejilla, teniendo cuidado de no presionar de más el golpe.
―Claro que no lo harías.
―¿Lo dudas?
Sus labios encontraron los míos, pero yo me separé rápidamente.
―Tienes una herida. Te dolerá si te sigo besando.
―Y me matarás si no lo haces.
Él me besó de nuevo, pero esta vez de una forma más exigente que no me permitió separarme por nada del mundo. Me derretí sobre su boca y su delicioso sabor a menta, malditamente ya sin preocuparme de estarlo lastimando. El hambre que sentía de él me nublaba el juicio, me dejaba incapaz de pensar en otra cosa que no fuera el deseo que despertaba en mí, el fuego caótico que despertaba en mi interior.
Jadeé sobre su boca.
Él estaba herido.
Su ropa tenía manchas de sangre y polvo.
Y estaba molesto por culpa de ese idiota.
Y aun así...nunca lo había deseado tanto como ahora.
Lo deseaba antes, claro, de una manera sobrehumana.
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Dime que te quedarás.
RomanceIsabella Castle aprendió hace mucho tiempo que Thomas Spencer era la última persona con la que podría llevarse bien. Sus personalidades eran opuestas, sus diferencias insalvables y un secreto enterrado en su pasado, solo alimentaba la distancia y la...
