Capítulo 16.

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Había llamado a mi trabajo para avisar que no podría ir hoy.

En primer lugar por lo que pasó ayer después de salir.

Y en segundo porque Thomas no me había dejado salir de la cama. Me acorraló y me besó mientras me follaba.

Aunque bueno, tampoco es que yo haya puesto resistencia o me haya quejado...

Expliqué la primera parte en mi trabajo, que no iría por los eventos de ayer y ellos entendieron. Esperaban que todo se solucionara y enviaron sus mejores deseos.

―¿Tú no planeas ir a trabajar? ―pregunté.

Lo escuché soltar un suave suspiro detrás de mí. Me mantenía abrazada contra su cuerpo mientras que mi espalda descansaba en su pecho.

Habíamos dormido un rato más y apenas íbamos despertando.

―Decidí tomarme el día libre.

―Que desobligado.

Soltó una risa suave y baja.

―Prefiero quedarme en la cama contigo todo el día ―Besó mi espalda desnuda―. Este plan me gusta más.

―No quiero arruinarte el plan, pero tengo que ir a ver a mi padre hoy ―suspiré―. Y tú tienes que hacerme el grandísimo favor de ir por mi auto a la fiscalía. Sé que no lo usaré, pero me gustaría tenerlo en la casa.

Se quejó y recargó su frente contra mi espalda.

―Definitivamente acabas de arruinarme el plan. ―Sonreí por sus palabras―. Quedémonos un rato más así, Isabella. Solo un rato más.

―¿Me lo pides como amigo, como roomie o me lo ordenas como jefe? ―me reí.

Y él hizo lo mismo.

―Te lo suplico como el tipo que quiere quedarse en la cama contigo ―dijo mientras me apretaba más contra su cuerpo―, sentirte cerca y sentir tu cuerpo contra el suyo.

―¿No me has tenido así desde anoche? ―pregunté. Deslizando mi dedo por la mano que mantiene en mi pecho―. ¿No te cansas de tenerme cerca?

―¿Después de haberlo deseado por tanto tiempo? ―inquirió―. Definitivamente no.

―¿Desde cuándo lo has deseado?

Me giré para verlo a los ojos.

Trazó caricias suaves en mi nariz.

―Hmm ―Fingió pensárselo―. Es un secreto. Tal vez te lo diga después.

―¿Me dejarás con la duda?

Se acercó para besar mis labios fugazmente.

―Hagamos un trato.

Alcé una ceja.

―¿Qué trato? ―pregunté.

―Si retomas la terapia, entonces yo te diré el momento exacto en el que caí por ti.

―¿Caíste por mí?

―Como un imbécil.

No pude evitar sonreír.

―¿Cómo es que tienes las agallas de ver a mi padre y a mi hermano en la constructora sabiendo que compartes la cama conmigo?

―Tuve la fortuna de que ayer no miré a tu padre y bueno, hoy ya encontraré la manera de disimular ―Hizo una mueca―. ¿Pero qué hay de ti? ¿Cómo mirarás a mi hermana a los ojos sabiendo que robaste la inocencia del pobre chiquillo que crio con tanto esfuerzo?

Dime que te quedarás.Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora