Capítulo 05.

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Thomas Spencer abrió la puerta de su apartamento, por lo que pronto nos encontramos a Samuel vistiendo su traje de agente especial y comiendo una manzana. Con la otra mano sostenía uno de los juguetes de un Einstein ansioso por él.

―Pero miren quiénes se dignaron a aparecer ―dijo el hombre después de tragar un trozo de la fruta―, anoche me quedé esperando mi pizza, por lo tanto, no comí nada ―Se cruzó de brazos y alzó una ceja―. Pero por la hora en la que llegaron, supongo que al menos alguien sí comió...

Thomas rodó los ojos.

―No molestes ―bufó―. Nos quedamos varados en la carretera y caminamos hasta la casa de Neal y Lara. Pasamos ahí la noche.

Sam sonrió divertido.

―Y creí que yo era el de la mala suerte.

―Afortunadamente estamos de regreso y justo a tiempo porque debo ir a trabajar hoy ―mencioné yo―. Fue agradable saludarte, Samuel.

Me dio un asentimiento de cabeza.

―Capaz es la última vez porque en un rato tengo una misión y veo difícil que sobreviva a ella.

―Igualito a tu hermano ―bufó Thomas―. Ya va siendo hora de que te dejes de juntar con él.

―Lamentablemente es mi capitán ―Hizo una mueca―. Estoy atado a él de por vida de una u otra manera.

Suspiró con pesadez antes de lanzarle el juguete a Einstein, quien inmediatamente salió corriendo para alcanzarlo.

―Me encantaría escuchar las quejas de Samuel, pero debo marcharme ―carraspeé.

Thomas me miró.

―Pasaré por ti después de tu trabajo, ¿de acuerdo? ―me dijo―. Seguiremos viendo terrenos para la construcción.

―De acuerdo ―Asentí―. Nos vemos, chicos. Cuídense.

Ambos me dieron un asentimiento de cabeza antes de que yo saliera de su apartamento. Pronto me dirigí a mi auto para llegar a mi apartamento y darme una ducha. Para entonces ya había hablado con papá, le conté lo ocurrido anoche y le pedí que cuidara a Mustang hasta que terminara de recorrer la ciudad con Thomas Spencer.

Una vez que llegué a mi apartamento, comí algo rápido y me aseé para poder llegar antes de que sea más tarde al laboratorio. Una vez lista, salí de casa y fui directo allá.

Al llegar, me encontré con Grettel; la recepcionista y mi amiga dándome una mueca antes de observar el reloj en su muñeca.

―Veinte minutos tarde. Él te va a matar.

Cerré los ojos momentáneamente.

―Ya ni me digas. Ni siquiera pude pasar por un café o me retrasaría más.

―Te subiré uno en un rato, ¿te parece?

―Te amaré por siempre si lo haces ―suspiré.

Ella rio.

―Anda, apresúrate antes de que se haga más tarde.

Le lancé un beso para después disponerme a correr hacia el elevador. Pronto estuve llegando a mi piso y en cuanto llegué a mi oficina y estuve a punto de entrar, mi jefe salió de la suya y me miró.

―Ah, ya llegó ―me dijo―. Apresúrese y póngase la bata. Llegaron unas muestras y me va a ayudar a analizarlas.

Asentí con rapidez.

―Sí, señor Jovovich.

Él se retiró para ir al laboratorio, así que yo me adentré a mi oficina para colocarme mi bata. Al estar lista, fui detrás de él sosteniendo mi tableta de apuntes.

Dime que te quedarás.Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora