Capítulo 08.

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Él hizo una mueca de asco en cuanto le dio un trago al café.

―¿Qué carajo le pusiste a esto?

―Sal.

Me miró mal

―Pues tráeme otro ―mascullo.

Forcé una sonrisa.

―Enseguida, jefe.

Con los puños apretados, me di media vuelta para salir de la oficina.

―Ah, y procura hacerlo bien esta vez porque no me importan cuántos tragos tendré que darle a un café salado hasta que uno me guste ―Me detuvo―. Al final, la que hará doble trabajo serás tú porque tendrás que ir por uno nuevo cada vez que alguno me desagrade. Y ya lo viste, la cafetera no está cerca.

Apreté más los puños.

―Claro.

Salí de su oficina dando un portazo y me dirigí hasta la cafetería de la constructora.

―Es increíble ―mascullé―. ¿Cuándo voy a tener un descanso? Salgo del laboratorio, cumplo mi jornada laboral y después tengo que venir a atender a este idiota.

Debería ponerle cianuro a su café en lugar de azúcar o sal.

Vacié café de la cafetera en la taza y después lo preparé de la manera correcta. No quería aguantármelo más tiempo con más quejas.

―¿Debería escupirle? ―susurré cuando levanté la taza lista―. ¿Se dará cuenta si lo hago?

―Ni se te ocurra.

Me giré al escuchar la voz de mi padre. Él estaba de pie en la entrada de la cafetería, pero pronto comenzó a caminar en esta dirección.

―Será mejor que no me hables, papá ―Lo detuve―. Sigo bastante molesta contigo.

―Era un castigo justo.

―¡Me traicionaste! ―Le reclamé.

―¡Te salvé de ir a prisión!

―No lo habrías permitido, lo sabes muy bien ―señalé―. Pero decidiste venderme.

―Si Thomas fuera un mal tipo, te aseguro que sí te habría denunciado. Robar el trabajo de alguien, entregarlo a la competencia y hacerte pasar por él, es un delito muy grave. Él te dio una salida y hasta donde yo sé, es algo justo comparado con lo que tú hiciste ―me dijo―. Vendiste el sueño de tu madre y traicionaste la confianza de Thomas. Él realmente no merecía que le hicieras eso.

Dejé la taza sobre la barra para no permitir que se derramara debido al temblor en mis manos.

―Tú traicionaste mi confianza solo para beneficiarlo a él justo de la manera que llevas haciéndolo desde hace tiempo ―mascullé―. ¿De verdad? ¿Conspiraste con él para tenderle una trampa a tu propia hija? ¿Cómo pudiste?

―No conspiré. Hice lo justo porque de lo contrario no te habrías detenido.

―¡Es tu culpa por haberlo hecho socio y por permitir que aun forme parte de nuestras vidas!

―¡Lo hice socio porque se lo merece! ¡Y quieras o no formará parte de nuestras vidas siempre!

―¿Y por qué? ¿Se lo merece solo por ser el hermano de la esposa de Neal? ¡No merece un trato diferente solo por eso!

―¡Lo hice socio porque se lo ganó! ―Alzó la voz―. ¡Porque ha tenido que esforzarse más que cualquiera, se ha esforzado el doble para llegar a donde está! ―exclamó―. Él no viene de una familia privilegiada como tú, como tu hermano e incluso como yo. Fue nombrado uno de los cinco mejores arquitectos no solo de la ciudad, sino de todo el Estado y lo logró sin ayuda de nadie. Toda su carrera universitaria la sacó adelante con una beca completa que nadie más que sus méritos le dieron. Trabajó, estudió y mantuvo esa beca al mismo tiempo mientras que sus compañeros ricos al igual que tú, jamás tuvieron que preocuparse por el dinero. Y no me malentiendas, no te estoy menospreciando por nacer en una familia que te lo dio todo, sé que también te has esforzado por estar donde estás, pero tú jamás tuviste que esforzarte más de lo que podías solo para lograr sobresalir. Él sí lo hizo y por eso es socio de nuestra constructora, porque vino desde abajo y aun así logró posicionarse en la cima él solo.

Dime que te quedarás.Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora