Capítulo 13.

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Mientras esperaba a que bajara, aproveché para tomar mis pastillas diarias, esas que llevaba siempre en mi bolso en una cajita para no cargar tanto. Las pasé con agua y después dejé el vaso en el fregadero para lavarlo cuando llegue.

Me giré para verlo cuando bajó las escaleras.

―¿Estás lista?

Sonreí y asentí. Al cabo de un rato, yo ya me estaba despidiendo de él al bajarme de su auto para entrar al laboratorio.

Ayer que salimos de la casa de Neal y Lara, las cosas estuvieron más tranquilas entre nosotros, por lo que al llegar a la casa no se sentía la tan incomoda tensión después de medio discutir en el auto. Todo estaba más tranquilo y eso se notó esta mañana que me trajo al trabajo.

Compartimos una charla bastante cómoda de camino.

Creo que era eso lo que me tenía de buen humor, lo supe porque le sonreía a cada persona que me encontraba de camino a mi piso y muchos señalaron esto; que estaba muy sonriente.

El día estuvo bastante tranquilo en el laboratorio. Desde ayer estuvimos estudiando el desarrollo de un nuevo medicamento para el mal de Alzheimer, una enfermedad progresiva que deteriora la memoria.

Los resultados estaban siendo bastantes favorables.

También estuvimos trabajando en algunas otras investigaciones médicas y biológicas, así que tuvimos un día bastante ocupado.

Me desconcentré cuando Ismael soltó un suspiro pesado al mismo tiempo que se estiraba en su silla. Seguido de eso se levantó y se quitó los guantes.

―Estoy hambriento ―se quejó y después miró el reloj del laboratorio―. Veinte para las cinco. No creo poder aguantar más tiempo.

Sonreí y me quité las gafas.

―Lo entiendo, también muero de hambre.

―Vamos, la invito a cenar ―señaló la puerta―. Recién recuerdo que le debo los almuerzos. Aprovechemos que tengo una deuda para ir a comer algo.

―¿Ahora?

―Claro, no pasa nada si salimos minutos antes ―Se encogió de hombros―. ¿Qué dice?

―No tiene que invitarme, no es su responsabilidad.

―Oh, vamos. Le hice una promesa por mensaje cuando estaba incapacitada, no pretendo romperla, así que le pido que no rechace mi invitación.

Sonreí tímidamente.

―Está bien, lo aceptaré.

Me dio un asentimiento de cabeza.

―Deje todo ahí y vaya a dejar su bata. La veré en el elevador en un par de minutos.

―De acuerdo.

Me quité los guantes, los tiré y después salí del laboratorio para dejar mi bata en el perchero. Una vez lista, me encontré con mi jefe fuera del elevador, él presionó el botón y cuando las puertas se abrieron, me invitó a subir primero.

Pasados unos segundos llegamos a la recepción y salimos para subir a su auto.

Mientras él rodeaba el coche para subir, yo recibí un mensaje de Thomas.

Voy en camino.

Tecleé con rapidez.

No vengas, ya me estoy retirando de la oficina porque saldré a comer. Me invitaron.

Ismael subió y encendió el coche. Me miró y me sonrió.

―¿Y bien? ¿Qué le apetece comer? ―me preguntó―. Usted decida, lo que sea está bien para mí.

Dime que te quedarás.Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora