Thomas Spencer.
Los flashes me aturdieron por completo, así que todo lo que atiné a hacer, fue bajar de la plataforma para salir por el mismo lugar por el que salieron Robert y Derek.
Escuché las miles de preguntas detrás de mí, los periodistas tratando de ir detrás, solo que fueron detenidos por los guardias y policías del lugar para que no consiguieran alcanzarme.
Sin pedir permiso, me adentré a la oficina de Robert y ahí, lo pude encontrar al borde del colapso mientras Derek buscaba tranquilizarlo a pesar de que este último también se miraba deshecho.
Robert me miró rápidamente y me señaló con su mano.
―Tú...dime que todo lo que dijiste allá afuera es mentira ―me suplicó―. Dime que solo lo hiciste para que ese enfermo tuviera compasión por mi hija. Por favor, por favor...dime que es mentira que mi niña está muriendo.
Miré el suelo y al hacerlo, una lágrima se escapó de mis ojos. Negué con lentitud en ese momento.
―Es cierto ―susurré―. Todo lo que dije...es cierto.
Él volvió a jadear como si le faltara el aire.
―¿Desde cuándo lo sabes? ¿Por qué no dijiste nada? ―me cuestionó mi cuñado.
Lo miré.
―Lo sé desde un día antes de que fuera dada de alta tras lo del incendio y si no dije nada, fue porque Isabella me lo pidió. ―Tragué saliva―. Quería ser ella quien se los dijera, lo haría cuando...
―¿Cuándo qué? ―insistió Derek, luciendo completamente deshecho.
―Cuando le dieran los resultados de sus estudios. Los estudios que le hicieron el día que la secuestraron ―me costó hablar―. Los estudios eran para saber si es candidata para un trasplante de pulmón ya que es la última oportunidad que tiene para recuperarse.
―¿Y qué hay del medicamento? ¡Dijiste que hay un medicamento que la mantiene con vida! ―Robert sollozó.
Dejé las pastillas sobre el escritorio.
―La mantienen estable por el momento, pero no están funcionando del todo ―susurré.
Los ojos de Robert recayeron en el frasco.
―¿Esos son...?
Sabía qué pastillas eran.
Esa vez que iba en el auto con Isabella, me grabé el nombre en la cabeza.
Investigué sobre ellas gracias a un amigo que es médico y él me notificó que es un tratamiento para personas que padecen de depresión. Por eso el miedo que tuvimos antes de saber su enfermedad; creíamos que ella estaba enfrentando la depresión sola y que no lo estaba haciendo de la mejor manera.
La pérdida de peso.
El frasco casi lleno.
Evitar cada contacto con el mundo.
Mentir sobre cómo se encontraba.
Dejar de ir a terapia.
―No era depresión ―respondí a sus palabras―. Este medicamento...es para la enfermedad pulmonar porque ningún otro le estaba funcionando. Era su única alternativa a pesar de que no fue creado para eso. Todo este tiempo estuvimos buscando en el lugar equivocado cuando la realidad es que, ella...está muriendo.
Robert se llevó una mano al pecho y volvió a negar varias veces.
―Mi niña...―sollozó―. Mi pobre bebé...
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Dime que te quedarás.
RomanceIsabella Castle aprendió hace mucho tiempo que Thomas Spencer era la última persona con la que podría llevarse bien. Sus personalidades eran opuestas, sus diferencias insalvables y un secreto enterrado en su pasado, solo alimentaba la distancia y la...
