Vi a Thomas caminar de un lado a otro como un león enjaulado.
Parecía nervioso.
Jamás lo había visto tan nervioso.
―¿Puedes detenerte? ―le pedí en un tono ahogado―. Verte de esa manera solo me hace sentir peor.
Me quejé de dolor cuando otra contracción invadió mi cuerpo.
Dios.
Como dolía.
Él se acercó de inmediato.
―Esto no está bien, no está nada bien, nena. Debo llevarte a un hospital ya.
Negué lentamente.
―Es normal, amor. Solo son contracciones ―Apreté los dientes. Unas contracciones muy dolorosas―. No podemos salir de casa, los caminos están...bloqueados por la lluvia y si salimos nos exponemos a que algo nos pase. No podemos arriesgar al bebé.
―Los estoy arriesgando si un médico no los atiende de inmediato. ¿Qué tal si se complica? ¿O si algo se sale de control? ―masculló, recargando sus manos en el borde de la cama―. Necesito que tú y el bebé estén bien.
Cerré los ojos con fuerza antes de volver a abrirlos.
Llevé mi mano a su mejilla y traté de sonreírle.
―No tengas miedo. Sé que te pones nervioso con los partos, pero mírame, mi amor ―le pedí―. Todo estará bien, los dos estaremos bien. Todo saldrá bien, ¿de acuerdo?
Recargó su mejilla contra mi palma y después, se movió un poco para darle un beso.
―Pero tienes fiebre, estás sintiendo mucho dolor. Eso no es normal.
Me sobresalté un poco al escuchar el sonido del timbre. Él suspiró aliviado antes de levantarse.
―Yuna y su madre deben estar aquí. Seguramente lograron encontrar al médico en su casa.
Se apresuró a salir de nuestra habitación y mientras me encontraba sola, hice otra mueca de dolor, llevándome una mano al vientre y otra a la frente; esta última se encontraba hirviendo.
Entré en labor de parto hace una hora y desde entonces...no lo estaba pasando bien. Enfermé la noche anterior debido al cambio de clima, pero estar por dar a luz al parecer lo empeoró y la fiebre me subió.
La cabeza me dolía y mi cuerpo se sentía débil.
No podíamos trasladarnos a un hospital debido al clima. Había tormenta, los caminos estaban cerrados y resbaladizos, por lo que era peligroso conducir a un hospital.
Tenía miedo.
Joder que tenía miedo de que se complicara más y...
No.
No quería dejar que esos miedos me invadieran.
Saldría bien. Tenía que salir bien.
Thomas volvió a la habitación con Yuna y su madre detrás. Se acercó a la cama y llevó su mano a mi cabello.
―¿Y el doctor? ―pregunté en un susurro.
―No logramos encontrarlo en su casa, niña. Su esposa dijo que salió a atender a una niña en una casa cercana, pero que en cuanto llegue le avisará que venga a atenderte a ti ―contestó la madre de Yuna―. Por el momento me encargaré yo, ¿de acuerdo?
Asentí a sus palabras.
Le dijo algo a su hija en su idioma natal, por lo que mi amiga comenzó a movilizarse para preparar lo que ocupaba: paños, una vasija con agua tibia, sabanas y demás. La madre sabía al respecto debido a que mencionó que había sido partera antes de venir a Estados Unidos e incluso estando aquí ayudó a asistir varios partos en casa.
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Dime que te quedarás.
RomansaIsabella Castle aprendió hace mucho tiempo que Thomas Spencer era la última persona con la que podría llevarse bien. Sus personalidades eran opuestas, sus diferencias insalvables y un secreto enterrado en su pasado, solo alimentaba la distancia y la...
