Capítulo 07.

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Me dejé caer de rodillas frente a la camilla de mamá. Un sollozo me desgarró la garganta, uno que se quedó atrapado en la fría habitación del hospital.

Me aferré a la sabana que la cubría de pies a cabeza y continué sollozando tanto que cada vez me fue más difícil respirar. El pecho me ardía, el cuerpo entero me dolía.

―Mamá...mamá no...―La voz me tembló―. Mamá, tú no...tú no por favor...

Y me rompió el alma saber que no iba a tener una respuesta.

―¡Mamá! ¡Mamá por favor despierta! ―sollocé con más fuerza―. ¡Lamento haberte hecho enojar esta mañana! ¡Prometo que no lo haré más! ¡Perdóname! ―Mi voz salió desgarrada―. Despierta, mamá por favor despierta.

―Bella, hija...―dijo mi padre mientras me abrazaba por detrás―. Ven aquí...

―¡No, no! ¡Mi mamá! ―sollocé―. Por favor haz algo, papá. Por favor haz algo para que mamá despierte. Te lo suplico, te lo suplico, papá...

Él me abrazó con más fuerza.

Tal vez...era su manera de decirme que por más que lo quisiera, ya no había nada que hacer...

Le di un asentimiento de cabeza al cajero cuando me entregó mi bolsa con mis compras. Salí de la tienda de conveniencia y suspiré mientras esperaba sobre la acera.

Miré la bolsa y aplané los labios.

Pronto me dispuse a cruzar la calle para acercarme al muelle en el que ya había estado varias veces. Miré sobre mi hombro la casa bonita y grande, esa que tenía todas las luces apagadas en este momento.

Se había mudado hace unos días, pero...él no estaba ahí ahora.

Bajé la cabeza.

Carraspeé y bajé por unas escaleritas hasta llegar a las rocas. Me quité los zapatos y me senté en una para estirar mis pies y que estos pudieran tocar las olas que lograban golpear cerca.

Saqué una lata de cerveza de la bolsa, la abrí y le di un trago largo. Alejé la lata de mis labios y me pasé el dorso de la mano por encima para limpiar los rastros de líquido.

Y pronto, mi boca comenzó a temblar y el llanto que me sacudió con fuerza, no lo pude frenar.

―Lo lamento, mamá...―Cerré los ojos―. Cometí un grave error. Hice algo terrible y...¿todo para qué? ―sollocé―. Decepcioné a papá, seguro a Derek también y...a ti te fallé.

Traté de limpiar las lágrimas, pero era inútil porque estas seguían bajando.

Quería perjudicar a Thomas Spencer al hacer lo que hice.

Pero salí perdiendo más yo.

Pasé por alto que había entregado el sueño de mi madre a otras personas, a otra maldita constructora. Ahora ellos tenían lo que mi madre tanto quiso y todo fue gracias a mí.

Todo fue por mi culpa.

―Perdóname, mamá...―susurré―. Lo siento tanto, lo siento de verdad. Te juro que estoy tan arrepentida.

Me abracé a mí misma y continué llorando, solo que esta vez escondiendo mi rostro en mis rodillas.

―¡Oh, señorita! ―Una voz femenina detrás de mí consiguió que me sobresaltara y que en consecuencia, me limpiara las lágrimas con rapidez―. ¿Es usted?

Sentí a esa misma persona moverse hasta que llegó frente a mí. Pronto alcé la cabeza, por lo que me encontré a la misma chica del restaurante asiático.

Dime que te quedarás.Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora