Capítulo 21.

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Hace cinco años.





Me encantaba escribir.

Y me gustaba leer.

Había escrito y leído infinidad de veces sobre el amor y los corazones rotos, pero jamás habían roto el mío. Nunca me habían roto el corazón y pensé que cuando lo hicieran, sería tal cual lo describen en los libros.

Pero no.

Era peor.

Era mucho peor. No se sentía como si estuviera roto, se sentía como si lo hubieran arrancado de mi pecho y lo hubieran desgarrado y tirado en el suelo como si no fuera nada.

Thomas desgarró mi corazón.

Lo amé por tanto tiempo, lo amé desde que lo conocí, lo amé antes de que Liv; su difunta novia llegara a su vida, lo amé cuando no podíamos llevarnos bien, lo amé cuando tuvo su accidente y dejó de ser el tipo sarcástico que disfrutaba molestarme, lo amé cuando estaba destrozado por la muerte de su novia, lo amé cuando estaba en silla de ruedas, cuando su vida quedó destruida. Lo amé cuando estuvo lejos en otro país recuperándose de lo mal que lo pasó, lo amé cuando regresó y siguió sin ser el mismo de antes e incluso, lo seguía amando ahora. Lo seguía amando ahora a pesar de todo el dolor que me estaba haciendo sentir.

Me aferré a mi blusa, viéndolo a él llevarse las manos al rostro, a los ojos.

―Pero...te amo...―susurré―. ―¿Cómo puedes decir eso si nosotros...? Nosotros...

Señalé la cama en la que hace tan solo un rato, había perdido la virginidad con el chico al que amaba. El chico que creí que sentía lo mismo después de la ternura con la que me había besado y me había hecho suya.

Pero ahora él acababa de decir que había sido un error. Que esto no debió pasar.

Dijo que había sido una distracción, que necesitaba olvidar a Olivia por un rato, que la amaba y que solo...quería distraerse.

―Esto...esto no está bien ―murmuró sin alejar sus manos de su rostro. Se talló los ojos y la frente justo de la manera que lo había hecho cuando entré a la cabaña y lo encontré tirado boca arriba en la cama. Creí que estaba desmayado, pero el simplemente abrió los ojos y me miró fijamente.

Ahora no me miraba.

Se tambaleó un poco, pero logró mantenerse de pie después de unos intentos.

Alejó una de sus manos de su rostro y se apoyó de uno de los muebles.

―Pero...creí que sentías lo mismo ―Mi voz pendía de un hilo.

Apretó los dientes.

―Eres la hermanita de Derek, ¿no lo ves? ―se quejó ligeramente―. Esto fue un error, Bella. Lo siento, lo siento de verdad, pero esto no debió pasar. Me dejé llevar, pero fue un error. Yo solo...esto no está bien.

Otro sollozo escapó de mí.

―¿Y tuviste que esperar a que me acostara contigo para decirme esto? ―Ahogué el llanto―. ¿Tuviste que esperar a que tuviera sexo contigo para poder romperme el corazón?

―Bella...

―Eres un imbécil.

Me coloqué la blusa con rapidez, tomé mis zapatos y salí de la cabaña con ellos en las manos. Me alejé con rapidez, rogando e implorando que nadie me viera, que nadie preguntara.

―¡Bella!

Me detuve en seco cuando escuché su voz detrás de mí. Cerré los ojos y me giré para verlo.

Dime que te quedarás.Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora