Capítulo 29.

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Thomas Spencer.

Los próximos dos días fueron bastante intensos.

Samuel llegó ayer por la tarde a Chicago y tan pronto estuvo aquí, se movilizó para conseguir encontrar a Isabella. Pidió apoyo de personas de confianza en su trabajo y pronto lograron infiltrarse en la computadora de la detective.

No lograron entrar a la mayoría de los archivos debido a que estaban encriptados, pero Samuel dijo que lo poco que había, nos podía servir de algo.

Llevaba un día aquí y ya se había encontrado con que el hombre fue captado por una cámara de seguridad en un negocio comprando un conjunto de lencería y un vestido.

Las entrañas se me retorcieron de solo pensar en para qué los quería.

Habían intentado seguir su rastro después de que salió de esa tienda, Samuel estaba seguro de que debía ser por la zona, no podía ser tan lejos.

El problema es que la zona no era solo lejana y a las afueras de Chicago, sino que era una zona enorme.

Habíamos comenzado a movilizarnos para buscar, pero nos llevaría tiempo. Incluso cuando llevaba horas y horas recorriendo el lugar.

Por la noche llegué a casa para alimentar a Einstein y Mustang. Mientras ellos comían, yo me senté en la sala en completo silencio, con todas las luces apagadas.

Casi ocho días sin verla, sin saber si está bien.

No puedo ni imaginar el infierno que debe estar sufriendo.

Daría lo que fuera por tomar su lugar, así estaría a salvo e intacta.

Mustang se me acercó y se restregó en mis pies como si tratara de darme consuelo.

Bajé la cabeza y enfoqué mis ojos en el suelo.

Suspiré y me llevé las manos al rostro.

No había mucho.

Y yo no podía dejar de pensar en Isabella.

Isabella. Isabella. Isabella. Isabella.

Mi mente estaba consumida por ella.

Desde hace cinco años, sabía que lo que siento por ella no es completamente sano.

Es tan intenso y profundo que no podía ser netamente sano. Vivía constantemente en mi cabeza, mi cuerpo ardía con solo verla incluso cuando no podía tocarla. Dios, me moría por tocarla en ese entonces, por tenerla solo para mí y alejarla de cualquier otro que quisiera robar lo que es mío.

Casi justo como ahora.

Moría por tocarla, pero esta vez para asegurarme de que estuviera bien.

Porque mi vida entera giraba en torno a esa mujer.

Los últimos cinco años toda mi vida giró en torno a ella. Mi amor por ella me consumía, me tenía atrapado y sabía completamente, estaba seguro de que, si Isabella me lo pedía, era capaz de hacer lo inhumano por ella.

Dios, ni siquiera hacía falta que me lo pidiera.

Era capaz de sacrificarme incluso a mí.

Era capaz de cualquier cosa con tal de verla a salvo.

Era capaz de matar con mis propias manos a ese monstruo una vez que lo tuviera enfrente.

Me sobresalté ligeramente cuando la puerta se abrió de la nada.

Me levanté de inmediato porque sabía que no era Yuna viniendo a alimentar a las mascotas porque le había comentado que yo vendría a hacerlo.

Mis ojos pronto enfocaron al hombre que había entrado por esa puerta.

Dime que te quedarás.Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora