Capítulo 27.

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Fecha desconocida.

Isabella Castle.


Un olor putrefacto y nauseabundo inundó mi nariz.

El chillido de metal siendo afilado me taladró los oídos.

Eso junto con voces de fondo como si fuera una...¿radio? ¿Televisión?

No estaba segura de qué era esta vez.

Respiré agitadamente mientras intentaba desprenderme de las cuerdas con las que me tenían atada a la cama. Estaba acostada sobre ella; un colchón viejo y desgastado.

Sollocé bajo, tirando con más fuerza de ellas.

―Shh, shh, princesita. ―El sonido de los cuchillos afilándose se detuvo y fue reemplazada por su voz―. Te vas a lastimar.

Sollocé con más fuerza cuando lo vi acercándose.

Llevaba su cubrebocas, pero era claro que era él. Su voz y sus ojos eran inconfundibles.

―Debes tener hambre.

―Por favor, por favor déjame ir ―le supliqué al borde del colapso―. Por favor, por favor...

―Shh, shh. ―Se llevó el dedo al cubrebocas―. Ya hablamos de esto.

―Por favor, déjame ir. Te lo suplico ―sollocé―. No quiero estar aquí.

Me removí inquieta en la cama, tratando de quitarme esas cuerdas. La fricción me quemaba, me lastimaba horrible.

―No, no, no. Tú ya eres mi princesita, te vas a quedar conmigo ―aspiró con fuerza cuando se inclinó para olerme. Solté un grito de horror al sentirlo tan cerca, sobre todo cuando llevó su mano a mi cabello para acariciarlo―. Te daré de comer.

Pude respirar de nuevo cuando se alejó de mí para volver a lo suyo. No volvió a afilar cuchillos, lo siguiente que estuvo haciendo fue cortar algo con golpes fuertes y toscos.

Me sobresalté con cada uno.

Él pronto se acercó con un plato un tanto sucio y con trozos de carne apenas cocidas. Sabía que no estaba del todo cocidas porque aun tenían sangre y me asustó preguntar de dónde sacó esa carne.

Aplané los labios y me negué a abrirlos cuando él quiso darme de comer en la boca. El pedazo de carne chocó contra mis labios mientras él me forzaba a separarlos y pronto, con movimientos bruscos me hizo abrirla para meterlo.

Me movió la mandíbula, obligándome a masticar.

Sollocé con fuerza antes de escupir la carne. Una arcada me invadió, pero me contuve de vomitar.

Él siseó enojado.

―Malagradecida.

Se levantó del lugar y tiró el plato al suelo con fuerza. La cerámica se rompió en muchos pedazos y la comida quedó regada en algún lugar.

Seguí sollozando cuando él se retiró del lugar. Cada vez que él se iba, yo gritaba esperando que alguien me escuchara, que alguien viniera a sacarme del lugar.

Parecía una casa, pero todas las paredes estaban quemadas como si hubiera ocurrido un incendio.

Estaba sucio y había pocos muebles.

Y los que había, estaban en mal estado.

No había despertado hace mucho y desde entonces, él había estado mirándome, acercándose, tratando de darme de comer. Limpiando mi rostro, cepillando mi cabello con un cepillo viejo y desgastado que parecía el de una niña.

Dime que te quedarás.Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora