Capítulo 11.

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Me removí suavemente mientras abría los ojos. Pronto parpadeé varias veces para intentar adaptarme a la luz.

Me incorporé sobre el sillón y miré la manta que ni siquiera estaba aquí cuando me quedé dormida.

¿Él me la había puesto?

Eso significaba que había vuelto.

Me levanté rápidamente y mi vista pronto recayó en la cocina al escuchar ruido proveniente del lugar. Thomas me daba la espalda ya que al parecer se encontraba cocinando.

―Ven a desayunar ―dijo sin siquiera girarse.

¿Cómo supo que estaba despierta?

Me acerqué con cautela y me senté casi al mismo tiempo que dejó un plato frente a mí. Después dejó el suyo y se sentó.

Llevaba ropa diferente.

¿A qué hora había llegado?

―Come ―Me señaló mi platillo.

En silencio tomé mi tenedor y comencé a comer.

Cuando iba a la mitad del plato, él dejó mi celular a un lado. Mis ojos recayeron en él.

―Llevé tu celular a la fiscalía.

Parpadeé.

―¿Entonces es ahí a donde fuiste? ¿Por eso saliste por la noche?

Asintió.

―Quería ver si podían rastrear la llamada, pero al parecer el número es desechable.

―¿Desechable?

―Después de llamarte debió deshacerse del teléfono o del número. La detective dice que debemos esperar a que llame de nuevo desde otro número para tratar de rastrearlo antes de que se deshaga de él ―me dijo―. Descargaron un programa para intervenir tu celular. De esa manera estarán atentos cuando él vuelva a llamar.

―¿Podrán escuchar todas mis llamadas?

―¿Acaso hay algo que no quieres que escuchen?

―Bueno...hay llamadas que son personales.

―¿Las llamadas con tu jefe?

Le fruncí el ceño.

―¿Tienes algún problema con él? ―inquirí―. Ni siquiera lo conoces y desde ayer sueltas comentarios fuera de lugar respecto a él.

―No he soltado ningún comentario fuera de lugar respecto a él ―Se defendió―. Y no voy a hablar sobre tu jefe, estábamos hablando de tu agresor.

Solté un suspiro.

―¿Qué más te dijeron en la fiscalía?

―Que debíamos ser pacientes y tener mucho cuidado. Están haciendo todo lo posible para encontrarlo, pero hasta que no lo hagan, debes tener precaución.

Asentí con lentitud.

―Entiendo.

Ráfagas de recuerdos de lo que me dijo la noche anterior, llegaron a mi mente.

«No puedes ni imaginar todo lo que estoy dispuesto a hacer con tal de que nadie te lastime».

Carraspeé y dejé caer el tenedor sobre mi plato accidentalmente. Este hizo un sonido al caer.

Thomas me miró a los ojos.

―¿Te pasa algo?

Ladeó la cabeza.

―No ―Me aclaré la garganta―. Ayer que salí noté que habían empezado la construcción del centro.

―Ah, sí. Empezó la semana pasada y aunque avanzan rápido, el centro no estará listo hasta dentro de un año ―me dijo―. Son bastantes cosas las que se deben hacer, pero vamos por buen camino.

Dime que te quedarás.Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora