Capítulo 12.

55.6K 3K 1.3K
                                        

Salí apresurada de mi habitación con mi bolso colgado del brazo y los tacones en la otra mano. Iba bastante tarde, demasiado tarde.

Bajé las escaleras con rapidez.

―¿A dónde vas?

Me detuve cuando escuché su voz proviniendo de la cocina. Giré y lo que me encontré fue a Thomas Spencer recargado contra un mueble mientras bebía una botella de agua.

Su torso estaba descubierto.

No había camiseta, solo unos pantalones de dormir color gris.

Tragué saliva mientras dejaba que mis ojos viajaran por toda la piel visible. Tenía un torso bastante trabajado, en él habían algunos tatuajes que bueno, tengo vagos recuerdos de haberlos visto hace años, aunque en ese entonces...estaba más enfocada en otras cosas. Había una serpiente en su costado, una brújula en su pecho bastante notoria y unos garabatos y una palabra bajando desde su hombro hasta su codo. Era letra por letra en mayúscula de forma vertical.

DESTINO.

―A trabajar.

Me miró mal y después se giró para dejar su botella de agua vacía en el cesto de basura.

Bueno.

Si su torso era impresionante.

Esa espalda resultaba un espectáculo.

―¿A trabajar? ―repitió cuando se giró nuevamente para verme―. ¿Te volviste loca?

―La incapacidad se venció. Mi brazo está mejor, ya no hay fractura y yo debo volver a trabajar. No puedo ausentarme más tiempo.

Habían pasado poco más de cuatro semanas después de que se sinceró ese día que comimos pizza. Es decir, siete semanas en total desde el ataque, por lo que hace un par de días me quitaron el cabestrillo y el yeso. Podía mover mi brazo con normalidad y por eso, podía volver a trabajar.

―No es una opción.

Estas últimas cuatro semanas las cosas habían ido tranquilas. Convivíamos más y había aprendido a llevarme mucho mejor con él, así que ya no me la pasaba encerrada en mi habitación. A veces discutíamos, claro, pero en general las peleas habían casi disminuido por completo.

Pero al parecer, él pretendía empezar una nueva justo ahora.

―Iré a trabajar.

―Que no.

Se acercó a mí, por lo que levanté mi mano.

―¿Te puedes al menos vestir antes de bajar? Está bien si en tu habitación quieres estar semidesnudo, pero yo también vivo aquí y me gustaría que en las áreas comunes no ande por ahí un tipo sin camisa y con la espalda al aire.

―¿Te molesta mi espalda?

―Sí, me molesta ―le dije.

Se cruzó de brazos.

―Pues por el reflejo de la ventana puedo apostar a que parecías bastante interesada en cómo se ve mi espalda.

Negué con la cabeza frenéticamente.

―¡No me cambies el tema! ―le exigí―. Estábamos hablando de mi trabajo. Volveré hoy porque ya es hora de que regrese.

―Un asesino te está acechando.

―Han pasado cuatro semanas sin contacto. No ha llamado, la policía no lo encuentra y no ha hecho acto de presencia. No puedo detener mi vida por él, quedarme aquí encerrada creyendo que con esto estoy a salvo ―suspiré con pesadez―. ¿Por qué no ha hecho nada? Porque quiere volverme una paranoica que no puede poner ni un pie fuera de casa.

Dime que te quedarás.Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora