Capítulo 20.

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Estaba resultando frustrante el no trabajar.

Apenas había aguantado ese tiempo que estuve con la incapacidad, para ahora volver a lo mismo, solo que sin la seguridad de volver a mi trabajo una vez que el tiempo de descanso terminara.

Era desempleada oficialmente.

Y para ser mi primer día, me estaba aburriendo demasiado.

Thomas no estaba, se había ido a trabajar por la mañana, así que me había quedado yo sola, bueno, no completamente porque estaban nuestras mascotas. Mustang era más grande ahora, ya era capaz de subir a su arenero y a la cama solo y sin ayuda de nadie.

Se llevaba muy bien con Einstein.

No sé quién traía más loco a quién. Einstein era un adulto, pero era desastroso y activo. Mustang era un gato cachorro que apenas comenzaba a explorar el mundo y estaba extasiado con todo lo que conocía.

Se la pasaba dándole manotazos al perro y lanzándose encima de él como si fuera luchador en un cuadrilátero.

Era divertido verlos jugar.

Y me quitaba el aburrimiento.

Suspiré, dejando mi libro sobre la mesita de noche.

Moría de hambre, pero no me apetecía cocinar. En realidad se me antojaban tanto ordenar comida coreana del restaurante de Yuna.

Tomé mi celular y me dispuse a buscar su contacto para llamarla. Después de un par de timbrazos finalmente contestó. Primero escuché voces de fondo, ruidos de platos y cacerolas, al igual que a ella un tanto lejana contestándole en su idioma a una mujer. Eso antes de que al parecer se llevara el celular a la oreja.

―¿Bueno?

―¡Hola, Yuna!

―¡Oh, Bella! ―chilló de emoción―. ¡Hola!

―Hola, ¿cómo estás? ―le respondí―. Llamaba para preguntar si de casualidad tenías servicio a domicilio.

―En realidad no, pero me queda de pasada su casa. Si desea ordenar algo con gusto se lo llevaré ya que saldré temprano porque debo estudiar para mi examen de química ―dijo―. Salgo en una hora.

―Estaría perfecto, te adoraría si pudieras hacerlo. ―Me senté en una de las sillas de la barra―. Y por cierto, ¿un examen de química? ¿Qué tal lo llevas?

Bufó.

―Muy mal. Muy, muy mal ―se quejó―. No se me pega nada.

―¿Qué tal si te ayudo a modo de devolverte el favor por venir a traerme comida? ―le propuse―. Soy bioquímica, así que seguramente puedo ayudarte.

―¿¡De verdad!? ―chilló emocionada―. ¡Sería increíble!

―Claro que sí, yo encantada.

―¡Muchas gracias!

―Nada que agradecer. Entonces ordenaré, Thomas seguramente no tardará en llegar y como no soy tan buena en la cocina como él, prefiero que cuando llegue cene algo rico.

Ella rio.

―Por supuesto, tomo su orden.

Ordené varios platillos y guarniciones y al terminar, procedí a transferirle el total a la cuenta que ella me indicó. Una vez que colgamos, yo me dispuse a ordenar un poco la casa para distraer a mi estómago.

Para las siete de la tarde, ella ya había llegado pero Thomas no.

Se suponía que llegaría a las cinco.

Dime que te quedarás.Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora