10
Estaba furioso. No tenía que ser una genio para llegar a esa conclusión, aunque la vena furiosa de su cuello me dio una pista bastante notoria. Si las miradas realmente matasen, posiblemente estaría hecha cenizas en estos momentos, aunque se sentía exactamente si lo hubiese hecho. Por un momento creí que estaba soñando, o estaba presenciando una de mis ensoñaciones frecuentes: Ashton estaba aquí, justo frente a mí, luego de tres semanas sin saber siquiera de su paradero, estaba aquí.
Y completamente histérico.
Sacudo mis pensamientos para centrarme en la situación y enmascaro mi sorpresa para llamarle:
— ¿Ashton?
Como un rayo entra a mi departamento, sin siquiera verme pero cuidando de no llevarme en su camino. Frunzo mi ceño, preguntándome nuevamente qué carajos está pasando antes de cerrar la puerta y encaminarme hacia la sala, en donde el Huracán Irwin me aguardaba en todo su esplendor.
— ¿Qué estás...?
— Ahórratelo, Clawson. Quiero saber qué mierda es esto— señala los papeles y folletos atrapados en su mano, con un filo contenido en cada palabra. No se atreve a mirarme.
— Mi correo— escupo, y doy un paso adelante. Él da otro para alejarse y pretendo que eso no me duele tanto.
— No hagas esto— por fin me da la cara y me descoloca el verlo propiamente luego de tanto tiempo. Físicamente estaba normal, pero había algo en sus ojos. Un eco de terror que solo podía denotar al verlo con recelo y detenimiento ¿Cuál era su problema?—. Por favor, solo responde la pregunta.
Me permito reaccionar. Permito que las grandes hormonas revolucionarias en mi interior hagan su mejor trabajo. Relajo mi ceño, perfeccionando un semblante impasible, y siento como mis mejillas cosquillean y mi cuello se tensa ¿En serio?
La primera semana luego de haberle revelado la verdad fue la más dura. Reprimía mi apetito, y pasé toda la semana odiando mi cuerpo, llevando la culpa desde que me despertaba cada mañana. Me cerré en mi rutina, yendo al trabajo cada tarde y luego buscando refugio en mi habitación. Escondí mi descuido de los ojos de Mo, excusándome con parte de la verdad. Estaba harta de los secretos, pero las palabras habían desaparecido de mi cuerpo.
La segunda semana entré en una toma de consciencia y decidí buscarle. Si algo había adoptado de mi madre era la responsabilidad: no iba a esconderme de mis errores. Le debía una explicación al rizado, merecía darle al menos un cierre. Pero al parecer el sentido de responsabilidad no iba muy bien con el chico, quien parecía que se lo había tragado la tierra. Toqué todas las mañanas y cada tarde, antes y después de ir al trabajo. Mi corazón se marchitaba cada día, decepcionada de la cobardía del rizado y a la vez por su ausencia. Empecé a ocultar mi panza con doble suéter.
En la tercera y última semana, anulé mi cerebro y me volví un ser de acción: movilicé mi encuentro con los servicios sociales y me enfrasqué dentro de la monotonía en la rutina. La culpa y la tristeza se disiparon dejando el resentimiento, y prefería el ardor de aquel sentimiento en mi estómago que el vacío que había experimentado las últimas semanas.
Todo por él. Todo por nada.
Así que no siento ni una pizca de culpa al escupirle:
— Lo que haga o deje de hacer no te incumbe en lo más mínimo, Irwin.
Eso le ha dolido. Lo noto en sus ojos, que pierden ligeramente la fiereza y se reflejan dolidos antes de centrarse de nuevo en su rabia. Conozco esa actitud demasiado bien porque justamente la estoy adaptando: era más fácil ser llevado la rabia que el dolor. Somos más parecidos de lo que queremos admitir.
— Lo que hagas o dejes de hacer sí incumbe en lo más mínimo, Clawson— gruñe, y ahora es mí turno de apretar mis puños. ¿Qué se cree ahora? Relaja un poco su expresión y se acerca hacia mí—. Jude, yo...
— No... ¡No! ¡Simplemente no puedes desaparecer y aparecer en mi vida cuando se te pegue en gana, Ashton!— exclamo, las lágrimas atrapadas en las comisuras de mis ojos pero mi malhumor es más fuerte—; Te busqué por semanas, y vienes a mi puerta de la puta nada.
— Yo...— por primera vez, se queda sin palabras. Es una actitud tan extraña en él, tanto como la escena en si. Se pasa las manos por el cabello una vez más, pero sin rehuir nuestras miradas— Tuve que hacerlo.
— No, no tenías. Solo lo hiciste.
— ¿Qué esperabas de mi, la reacción a esa noticia?— espeta, y es mi turno de cerrar la boca. Por un momento, no puedo evitar pensar en todas las mañanas que estuvimos compartiendo en esta misma sala, riendo sobre estupideces y sentir, por breves instantes, su protección. Se apresura a continuar— No ha sido fácil, Jude. Ni te imaginas lo que ha sido digerir todo esto.
— Puedo hacerme una idea, yo estoy cargando con el bebé— su expresión es entre perpleja y adolorida, pero no me inmuto. Ni siquiera por el súbito cansancio que pesa en mi pecho. Había aprendido de la mejor para mantener el temple y no volver atrás
— ¿En serio vas a sacar eso?— suelta una carcajada, pero no es nada de lo que había recibido antes. Esta es seca y sin nada de brillo, como el crujir malévolo de un cuervo— ¡Me mentiste por casi un mes, Jude! ¡Creí que podías confiar en mí, eso era lo único que quería de ti! ¡Por eso vine todos los días a desayunar contigo, e inventaba estúpidas excusas para verte! ¡Hice de todo porque...!
Se ahoga por un instante, y puedo ver las fisuras en él. Sus manos ocultando por un momento su rostro, pero sé que también contiene las ganas de llorar. Sus rayos son los mismos que destellan antes de un día lluvioso: picosos y fuertes; y a pesar de lo mucho que duele, no puedo forzarme a dejar de mirarlo.
— Tengo diecinueve— musito, demasiado cansada para volver a levantar la voz—. Apenas tenía idea de lo que quería hacer para mi futuro, y la verdad es que tengo miedo. Todo el tiempo. Ocultarlo era una manera de ignorarlo, de pretender que nada estaba ocurriendo. Lo siento, en serio lo siento y no estoy pidiendo que lo entiendas o te quedes... Pero, muy dentro de mi, esperaba que lo hicieras. Al menos un poco.
Su rostro se contrae y dejo que las pocas lágrimas salgan de su escondite, pero las quito en un movimiento exasperado, esperando alguna reacción por su parte. Sus ojos avellanas se ven confundidos, furiosos, tristes...
Hasta que de repente se convierte en horror puro.
Sigo su mirada hasta mis piernas antes de que un fuerte mareo golpee mis sentidos. Unos brazos musculosos me rodean antes de llegar al suelo, y contemplo cómo un hilillo de sangre recorre mis piernas y se esparce por el suelo. Aterrorizada, miro a Ashton y me pierdo en sus ojos almendrados antes de caer en la cruda inconsciencia.
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The Great and Beautiful Mistake ♂ Ashton Irwin ♀[EN EDICIÓN]
RandomMi primer hermoso error fue que Chibi entrara a mi vida Y mi segundo hermoso error fue enamorarme de Ashton Irwin. Book #1: The CALM Chronicles