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    Acomodo de nuevo la falda, alisando las arrugas inexistentes con las manos y acariciando con las yemas de los dedos las líneas de tinta marcadas en mis muslos. El malhumor pesaba en mí como una segunda capa de sudor, y una parte de mí simplemente quería terminar con esto de una buena vez para regresar a la comodidad de mi cama. Observo por lo que parece la enésima vez el reloj en la recepción, en vano; apenas habían pasado diez minutos. Muerdo mis uñas y Mo, en un arranque de sensibilidad, me toma la mano para darle un corto apretón.

     Hoy será el primer ecograma de Chibs, y Ashton no estaba a la vista. 

    Y era la única culpable de ello.

    Ni siquiera podía explicar muy bien mi razonamiento cuando tomé esa decisión, pero podía aproximarme a la línea de mis pensamientos. El pobre había estado todo el tiempo a mi lado, aguantando mis cambios de humor y mis antojos en plena madrugada. Había faltado a los ensayos de la banda y reuniones con su mánager solo para quedarse a mi lado. 

     Por eso le había dado el día de descanso que, aunque lo negara, sé que necesitaba. Sin embargo, al decirle aquello se puso como una fiera, argumentando que él tenía derecho de ver el primer ecograma de Chibs tanto como yo. Al final, llegamos a un acuerdo: él tendría el la mañana para la entrevista que tenía pautada junto a la banda y, si salían temprano, llegaría a la cita como fuera.

     Decir que estaba nerviosa era poco, estaba aterrada. Según lo que había prometido la doctora Hobbs, hoy se podría saber el sexo de Chibs, y con un poco de suerte, la fechas de su nacimiento. Todo pasaba tan rápido que no podía evitar sentirme impotente.

     Y, aunque le había dicho a Ashton que estaría bien, lo único que deseaba era que él me estuviera dándome la mano en vez de Mónica; aferrándome a la pequeña esperanza de que en serio llegara a tiempo.

     Yo y mi estúpida bocota. 

     — ¿Clawson, Jude?— una voz llama desde el pasillo y mi corazón se para unos milisegundos.

     Era hora.

     Me levanto torpemente con ayuda de Món y avanzamos por el pasillo. Empujo la puerta con mi cadera, y somos recibidas por los ojos amables de la doctora.

     — ¡Jude! ¿Cómo te sientes, linda?

     Juro por Dios...

     — Flipando— mascullo, tomando asiento en la camilla—: Mis pies me están matando, vomito todo lo que como y mis pechos parecen que van a explotar. No he podido conservar una comida en mi estómago por más de media hora en meses.

     La doctora suelta una carcajada, mientras monitorea la máquina junto a la cama.

     — Eso es normal. Te acostumbrarás con la marcha— su vista se posa en Mónica, quien se encuentra sentada en una de las sillas de plástico y le da una seca cabeza como saludo. Encarna una ceja antes de inquirir—: Creí que el chico te acompañaría. El gritón.

     —No... No, yo, le di el día libre— suena más como una pregunta que afirmación, y vuelvo a recriminar por lo estúpida que fui.

     — ¿Día libre?— pregunta la doctora con el ceño fruncido. 

     — Si. Él siempre me está vigilando, cuidando de mí y eso. Quise que tuviera un día para que pudiera hacer sus cosas. Creo que es lo más justo.

     Da una cabeza, sin comprenderlo del todo. Si doc, soy imbécil.

     — Bien... ¿Lista para conocer a tu bebé?

The Great and Beautiful Mistake ♂ Ashton Irwin ♀[EN EDICIÓN]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora