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     —Positivo

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     —Positivo.

    Pronto, mi mundo se torna en un torbellino grisáceo y trazos furiosos que rasguñan mi piel. Mi respiración se corta por unos segundos mientras escucho la palabra haciendo eco en cada espacio de mi cabeza, taladrando en mi subconsciente; y todo se ha detenido, pero no del todo. ¿Cómo s posible que con sólo una palabra todo mi mundo se haya derrumbado por completo? No, no, no, no. Creo que voy a vomitar y con cada minuto que pasa se convierte en una certeza. Voy a vomitar. Puedo estar todo el día encontrando mis nuevos síntomas, pero eso no suavizará la realidad.

     Estoy embarazada.

     La doctora Hobbs coloca una mano en mi hombro, probablemente en señal de apoyo o disimulando un desliz de mal pisar. La mujer está constituida por tonos rojizos: en sus mejillas sonrojadas y llenas, el brillo de su cabello lustroso como hojas otoñales en su figura estrecha, las castañas trigueñas de sus ojos imposiblemente grandes. Todo en ella es cálido e incitante, como una taza de café luego de un largo día, pero hay algo claro en su mirada. Comprensión. Compañerismo. Una vitrina de gran nada. Esta tipa es buena

    Alivio ajeno quizás era lo que veía, total alivio de no ser ella la que estaba embarazada a los diecinueve.

    La maldita palabra no deja de sonar en mi cabeza.

     —Sé que es difícil esto, Jude. Pero...— se detiene por varios segundos de más y no me queda opción que mirarle.

     Veo claramente las palabras que quiere pronunciar. Las reconozco. "Ve el lado positivo", o alguna mierda motivacional. Nos evaluamos en silencio— ella, una hoja blanca empañada y patética; yo, cabreada y en ayunas— y no sé cual es la nueva emoción en la cara de mi doctora. Quizás le estoy dando demasiado crédito en término de emociones. Después de todo, el rango de emociones que había demostrado en las últimas dos consultas era tan variada como una fábrica de hojas de papel. 

    La doctora me mira por otros segundos más, reanudando la idea anterior con lo que aparenta la sabiduría de mil vidas: 

    — Podría ser peor ¿No?

    Su súbita inseguridad hace que mi desgracia eche raíces. 

     — Quiero que vengas dentro de ocho semanas para ver cómo va todo ¿de acuerdo?— concluye, percatándose que ciertamente ha arruinado su posición redentora a mis ojos. 

    Asiento y me levanto de la silla sin despedirme, mi código moral perdido en algún rincón del lío en mi cabeza. Necesito aire. Troto por los pasillos del hospital y bajo las escaleras saltando en los peldaños, lo que hace que me tropiece de vez en cuando. Vagamente, y en mi clara torpeza, pienso nuevamente en lo que llevo dentro de mi vientre. Es extraño tener la súbita consciencia de tu estómago, más allá de la grasa o cólicos. Lo que me faltaba, ahora estaba pensando en mi estómago y las preguntas salpicando en mi mente en infinidades de figuras ¿Es un qué o un quién? ¿Esto era el peso de un karma o el fruto de lo que había cosechado en mi descuidada vida?

The Great and Beautiful Mistake ♂ Ashton Irwin ♀[EN EDICIÓN]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora