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    —¡Muy bien, querubines! Hoy haremos una dinámica un poco diferente

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    —¡Muy bien, querubines! Hoy haremos una dinámica un poco diferente

    Matenme.

    Brianne nos había hecho sentarnos en tres filas verticales, y se paseaba entre ellas con una barriga falsa. Y a pesar de haberse puesto la almohada mucho más arriba de lo que se suponía, y que las costuras se estaban deshaciendo, se veía despampanante ¿Cómo lograba que el embarazo se viese como el último grito de la moda? 

    —El día de hoy, haremos una práctica de confianza entre ustedes— prosiguió en voz clara, gesticulando ampliamente con las manos—. Por lo que puedo observar, la mayoría de ustedes ya han pasado de los cuatro meses o cinco de embarazo, sus bebés ya son capaces de escucharles y empezar a reconocer sus voces, algunos dicen que pueden percibir. Así que hoy nos centraremos en que nuestra pareja interactúen con el bebé ¿de acuerdo?

    Todos asentimos de acuerdo y puedo ver cómo Jamie y Lucy dan saltitos de emoción desde su lugar. Ashton y yo cruzamos miradas cómplices ante la reacción, y mi corazón da un vuelco ante nuestra complicidad. Parecían unos niños el primer día de escuela, listos para aprender.

     —Necesitaré un voluntario para la demostración— varios de los presentes levantan la mano, incluido Jamie, todos siendo olímpicamente ignorados luego de unos segundos.

     Estaba segura que iba a escoger al hombre de la pareja del fondo, o quizás los que estaban al frente...

     — Ashton ¿quieres pasar al frente?

    Hija de...

    El bueno de mi chico pasa al frente, a lo que yo entrecierro los ojos. Cuento hasta cien y pienso en mi lugar feliz para evitar ir hacia allí y tomar a la rubia y golpear su cabeza contra el suelo.

     Seré sincera, lo más sincera que puedo serles: No odio a Brianne. Fuimos juntas toda la secundaria y no era de aquellas chicas huecas que buscaban al equipo de rugby (bueno, en esa parte no es del todo culpable) y que su coeficiente intelectual era del tamaño de una nuez. Brianne era la presidenta estudiantil, la que se encargaba de los grandes bailes y actividades  extracurriculares. Era el modelo a seguir, la que daba grandes discursos y hacía desfiles de modas, dando todo el dinero para causas benéficas. Y yo era una del montón, quien votaba por ella y la admiraba por el poder que lograba ejercer con una sonrisa y dulces palabras. Me atrevo a pensar que esa fue la razón por la que mi rizado se sintió atraído a ella en primer lugar. La verdad no lo culpo.

     Pero en este momento, con la revolución de humores por mil y luego de enterarme que es la ex novia de mi pareja actual, lo único que podía pensar era secuestrarla y mandarla en un paquete a África.

    La posición consiste que el hombre se arrodille enfrente del vientre y que haga contacto con el bebé, probando que reconozca su voz. Todos asentimos en señal de entendimiento y las demás parejas empiezan con la actividad, todos menos yo. Me siento como la chiquilla en clases que no trae los materiales necesarios al contrario de sus otros compañeros. Brianne y Ashton se quedan hablando por unos minutos, sonriéndose uno al otro y no puedo evitar pasar de la rabia a las irremediables ganas de llorar. 

    Malditas hormonas. Para esta situación me permito la exquisitez de maldecir. 

     Coloco mi dedo a la altura de mi ombligo y siento de inmediato a Chibs golpear mi piel. Sonrío, y sabe completamente agridulce.

    Ash regresa con una sonrisa plasmada y cuando nuestros ojos se encuentran, su semblante cambia de inmediato.

    — Hey ¿pasa algo?— se arrodilla frente a mí y acuna mi rostro con una mano.

    Niego con la cabeza y trato de cambiar mi semblante a uno alegre. Pongo mis celos al borde, no tratando de arruinar el preciado tiempo entre nosotros por mis estúpidos arranques. No voy a arruinar esto para él.

    Era de esas semanas en que Ashton podía escapar del apretado itinerario de la banda para poder venir a casa. Empezábamos a sentir el peso temprano del éxito, donde cada momento que podíamos compartir en la presencia del otro era vital, a pesar de que él se encontraría cansado la mayor parte del tiempo. Pero no me importaba en absoluto: me consolaba sentir su cuerpo contra el mío, abrazándome en su sueño y ocultando su cabeza en el hueco de mi cuello. Para mí era más que suficiente.

    — Todo está bien— le aseguro, aunque se siente como una pregunta.

    El rizado parece chequearme una vez más, titubeante, para luego inclinarse a mi protuberancia, ladear la cabeza y apoyar su cabeza contra mi piel. Una pequeña sonrisa se plasma en nuestros rostro al ver, contrastando la tela de mi camiseta, cómo algo se mueve.

    — Hola, peque— saluda Ash con emoción, esperando a que Chibs se mueva de nuevo— ¿No estarás molesta como lo está tu mami, verdad?

   Allí va mi fachada de niña grande. Su mirada chispea cuando vuelve a mi rostro, inocentemente pícara.

    — ¡No estoy molesta!

    — Tu madre también es pésima mintiendo. La peor— replica y le doy un golpe en la cabeza, a lo que él responde pellizcando mi muslo. Varias parejas nos miran y yo alzo las cejas. Se voltean casi de inmediato. Mi mano reposa en su cabeza y acaricio sus desordenados rizos con precaución. Él cierra los ojos unos mili segundos en satisfacción y mi caricia cobra más confianza, apartando las hebras de su frente y disfrutando de la textura.

    Esto pone las oleadas de mal humor en un alto, y es mi turno de revisarle. Hay un temblor en la mano que procura su muslo, la cuidado inmenso de sus dedos contra el vientre hinchado. Hay un vago arrebol en la curva de su mejilla izquierda, el inicio de otro signo de acné; pero los rasgos afilados de la madurez estaban abriéndose paso en su semblante. Era muy fácil pasar por alto el hecho de que apenas había cumplido los veintiún años este verano; demasiado fácil pasar el hecho que apenas había llegado a la temprana adultez y parecía cargar con el peso del mundo. Era demasiado fácil perderse en los rayos del Sol. 

    No distingo las palabras que musita contra mi estómago, solo el tierno roce de sus labios contra la piel cubierta, el patrón de los círculos que dibuja con sus largos dedos tan íntimos que se siento como amor. Puro y brillante, el color impoluto del blanco impenetrable. 

    La realización es inmediata, un minuto de emoción casi inmensurable que atraviesa mi pecho como un rayo. Estoy cayendo, rápido y profundo por él; y es una sensación tan impotente que no puedo dejar de ver al vacío que entro, preguntándome en qué momento tocaré fondo. 

    Sin embargo, no puedo evitar sentirme en una nueva burbuja. Ashton, Chibs y yo, juntos en nuestro pequeño mundo.

The Great and Beautiful Mistake ♂ Ashton Irwin ♀[EN EDICIÓN]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora